Copa Argentina. Camisetas lavadas de apuro y faltar al trabajo para jugar: la historia de Victoriano Arenas

Una escena del partido que ayer completaron Huracán y Victoriano Arenas, por la Copa Argentina Fuente: FotoBAIRES
27 de julio de 2018  • 09:13

La suspensión del partido con Huracán del miércoles por la noche fue un gran problema para Victoriano Arenas, una modesta institución del sur del Gran Buenos Aires; o, mejor dicho, un encadenamiento de distintos problemas. Inconvenientes del fútbol a escala real, donde escasean billetes pero sobra ingenio, donde lo que falta se consigue y lo que no se consigue tampoco se lamenta. Algunos futbolistas tuvieron que pedir permiso para no ir al trabajo, otros faltaron a la facultad y varios tuvieron que reacomodar su logística familiar. Los jugadores son profesionales desde hace pocos días: tras el ascenso de la D a la C, recientemente firmaron por primera vez un contrato; por cifras mínimas, claro. El fútbol es una parte más de sus vidas, que se complementa con otras obligaciones.

Consiguieron que una lavandería de Valentín Alsina abriera antes del horario habitual para de esa forma poder tener la ropa lista para el mediodía.

Dejar incompleto el encuentro para cuando se había fijado originalmente alteró la rutina de Victoriano. El plantel se juntó en la sede el jueves por la mañana para hacer algunos movimientos y alguien debió salir rápido a buscar algo para el almuerzo. La olla se llenó con fideos y esa fue la comida antes de que llegase el micro para llevarlos al estadio de Temperley. Si la organización de la Copa Argentina no hubiese puesto el traslado, el club no hubiera tenido cómo afrontar ese gasto.

Más temprano habían logrado resolver el mayor contratiempo: el de la indumentaria. Les habían advertido que debían jugar con las mismas camisetas que lo habían hecho antes de la suspensión, de las que solo había un juego, embarrado y empapado. La pequeña fábrica de Lanús que las confeccionó especialmente para este cruce ante un equipo de primera división no podía proveer otro conjunto de un día para el otro. Entonces consiguieron que una lavandería de Valentín Alsina abriera antes del horario habitual para de esa forma poder tener la ropa lista para el mediodía.

Sin tensiones, el viaje hasta Temperley fue de descanso para la mayoría de los futbolistas; eran más los que dormían que los que charlaban o escuchaban música. Esa tranquilidad fue pura enjundia adentro de la cancha, para jugarle de igual a un equipo de la elite del fútbol nacional.

Para los futbolistas de Victorianos Arenas el partido con Huracán representaba un premio. Pero para nada un pasatiempo. Lo querían ganar. Por se fueron enojados el miércoles cuando entendieron que la suspensión era por presión del equipo más poderoso en el momento que más incomodaban. En la reanudación otra vez lograron borrar las tres categorías de diferencia y arrinconar a los de Gustavo Alfaro. No les alcanzó para revertir el 1-0 con el que se habían ido a dormir el miércoles, pero sí para volver a ganarle a los contratiempos y golear a los problemas.

Huracán, ganador de un duelo desigual Fuente: FotoBAIRES

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