Adentro de la grabación del nuevo disco del Indio Solari

El Indio en Olavarría, su último show en vivo, en marzo de 2017
El Indio en Olavarría, su último show en vivo, en marzo de 2017 Fuente: LA NACION - Crédito: Agustín Marcarian
Problemas de salud, las muertes en Olavarría, Garage Band y cambios en su círculo de confianza; qué pasó durante los más de dos años en los que el ex líder de Los Redondos trabajó en ‘El ruiseñor, el amor y la muerte’
Juan Barberis
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27 de julio de 2018  • 11:38

La salida de El ruiseñor, el amor y la muerte, el quinto trabajo solista del Indio Solari , pone fin a la vigilia sostenida en torno a uno de los discos nacionales más esperados de los últimos tiempos. Atrás queda un largo historial de movimientos y especulaciones alrededor del sucesor de Pajaritos bravos muchachitos, de 2013, entre filtraciones de material, contratiempos por el estado de salud del cantante y su productor, desencuentros y cambios dentro de su círculo de confianza; un clásico tratándose de la siempre hermética figura del ex Patricio Rey y sus Rendonditos de Ricota.

Las quince canciones del nuevo disco -que ayer por la noche fueron presentadas de forma exclusiva y por iniciativa del mismo Solari en el programa Big Bang de FM La Patriada, conducido por su biógrafo personal, el periodista Marcelo Figueras- son las piezas que decantaron de más de cien demos que el Indio fue acumulando en su iPad durante el último lustro. Reproduciendo un procedimiento compositivo con sentido de collage que arrastra desde tiempos de los Redonditos, Solari utilizó los samplers e instrumentaciones de la aplicación Garage Band para construir maquetas electrónicas con letras balbuceadas en inglés, hasta dar con el corpus general del disco, antes de empezar el trabajo en el estudio codo a codo junto al baterista, productor e ingeniero de sonido, Martín Carrizo. "Me parece que este va a ser el mejor disco mío", vaticinaba el Indio en su última entrevista con Rolling Stone, en diciembre de 2016.

Las sesiones de grabación en Luzbola, el estudio montado en la residencia de Solari en Parque Leloir, arrancaron hace más de dos años, cuando el cantante fue convocando por separado a cada uno de los integrantes de su banda, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado (en su última versión, con Baltasar Comotto y Gaspar Benegas en guitarras, Fernando Nalé en bajo y Carrizo en batería; más la participación de Sergio "Nattycombo" Colombo en saxo, Miguel Tallarita en trompeta y Déborah Dixon, Luciana Palacios y Marcelo Figueras en coros), para empezar a darle forma a las nuevas canciones. Hasta esa instancia, los músicos llegaron al estudio casi sin conocer los temas, listos para grabar bajo el control del Indio y Carrizo.

"No tratamos de inventar la pólvora, sino ir a lo seguro", dice a Rolling Stone Gaspar Benegas, que a diferencia de los discos anteriores esta vez grabó una gran cantidad de guitarras acústicas. Dentro del clásico entramado guitarrero de Los Fundamentalistas, una marca a fuego sellada por el tándem Comotto-Banegas, las nuevas canciones parecen haber requerido un planteo menos explosivo de lo habitual. "Las guitarras están más tranquilas, apaciguadas. Hay un par de solos épicos que metí que me gustan mucho, pero no siento que sea tanto un disco de violas", dice Benegas, que durante el resto del disco utilizó su Gibson Standard del 92', conectada a equipos Marshall, Fender y Vox, casi sin pedales, a excepción de un Line 6 digital. La intención dentro de Luzbola fue dar con un sonido menos experimental y más clásico, sin demasiada sobrecarga de efectos. "Tiene un porcentaje más alto de guitarras que son más ortodoxas en algún punto, no tanto buscando la novedad sino más bien un sonido rockero bueno de ampli, como puede ser el de Tom Petty", detalla.

Otra de las novedades del disco resulta la incorporación de Fernando Nalé como elemento rítmico, que desde su debut en el show de Tandil de 2016 se convirtió en un dispositivo renovador para Los Fundamentalistas. "Le dio otro protagonismo al bajo", dice Benegas, que hace algunas semanas fue convocado por el Indio para escuchar la versiones finales del disco en el mismo estudio en que fue grabado. La base rítmica conformada por Nalé y Carrizo -la misma utilizada por Cerati en su disco Bocanada- pareció allanar un terreno para un trabajo de producción sensiblemente más austero que los discos anteriores. "En muchas canciones sentí mucha frescura, no está tan cargado de producción como por ahí estaba acostumbrado", dice Benegas. "Hay una claridad de sonido y también cierta simpleza que lo hacen muy atractivo."

Mientras en Luzbola avanzaba el disco, el universo Solari estaba ofreciendo una buena cantidad de condimentos extra musicales. Ya había pasado su recordado show de Tandil del 3 de marzo del 2016, en donde había salido al escenario minutos antes de comenzar el show para confirmar el rumor acerca de su enfermedad, el mal de Parkinson; y vendría su última presentación de Olavarría, de marzo de 2017, el show que terminaría en catástrofe, con la muerte de dos personas y varios heridos. Un año después de aquella tragedia, su manager Julio Sáez fue entrevistado por La Nación y aseguró que no habría más shows en vivo, algo que el cantante rápidamente salió a desmentir. "Ante la repercusión obtenida por una nota aparecida en el día de hoy, quiero aclarar que la declaración de no tocar más en vivo fue prematura no contando con mi conocimiento", dijo en un comunicado. Meses más tarde, el manager abandonó el círculo de confianza del ex Redondos. Consultado por Rolling Stone, Sáez prefirió no dar declaraciones y confirmó que actualmente todos los asuntos administrativos del Indio corren por cuenta de su secretaria, Roxana Dejardín, y de su mujer, Virginia.

"Cuando ya abandone mi nombre a merced de miserables, ¡ay! / Tal será mi vergüenza que enviaré mis fantasmas a liberarme de ellos", es la frase que abre "Pinturas de guerra", el primer track de un disco que Solari parece haber escrito frente a la certidumbre del final. Tal vez por eso es que decidió presentarlo a modo de homenaje para todas esas personas que lo influenciaron a lo largo de su vida (de hecho, tal como explicó Marcelo Figueras, inicialmente el disco se iba a llamar Ellos). Aquella portada con la foto de José y Celina, los padres del Indio ( filtrada en las redes en febrero de este año, sumando una nueva corriente de especulaciones en torno a una posible estrategia de marketing, algo que fue descartado por su círculo íntimo), era tan sólo la puerta de entrada a un arte gráfico sin dibujos ni ilustraciones, como en casi todo sus trabajos anteriores. En cambio, está cargado de fotos de personajes que él admira "por su rebeldía", entre cineastas, historietistas, escritores, poetas, artistas plásticos, músicos y personalidades de la política, entre los que sobresalen Leonard Cohen, John Lennon, Xul Solar, Robert Crumb, Jean Cocteau, Norman Mailer, William Burroughs, Jack Kerouac, Allen Ginsberg, Kurt Vonnegut y Eva Perón. Dentro del listado, el track 7, "El tío Alberto en el día de la bicicleta", dedicado a la memoria de Albert Hoffman, el científico que descubrió el LSD, resulta otro de los homenajes explícitos para uno de los padres de la psicodelia, cultura que definió la cosmogonía del Indio.

Aunque la edición de El ruiseñor, el amor y la muerte, estaba planeada para antes del mundial de fútbol de Rusia, es sabido que Solari no deja aspecto sin revisar. "La salida del disco se demoró porque el Indio es muy detallista", dice Luciano Areal, responsable del departamento de marketing de DBN, la empresa encargada de su distribución. Sin embargo, la última fase del disco también se vio dilatada por el progresivo deterioro en la salud de Martín Carrizo, que desde hace más de dos años les diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica. Tal como contó él mismo en octubre pasado en una entrevista televisiva con el periodista Hoby De Fino, después del show de Tandil tuvo que dejar de tocar la batería porque su cuerpo se encontraba demasiado debilitado por la enfermedad y ni siquiera podía agarrar los palillos. Durante los momentos en que él debía abocarse al tratamiento de su enfermedad, Solari también contó con el aporte del ingeniero y productor de Abbey Road, Axel Lang. "Tuvieron que interrumpir muchas veces el trabajo por distintos motivos y eso lo fue demorando todo", dice Benegas. "Pero también el Indio nunca tuvo un gran apuro por sacarlo. La prioridad siempre fue que el disco se termine bien y no que termine a tiempo."

Con la salida de El ruiseñor, el amor y la muerte, ahora todas las incógnitas giran en torno a si finalmente habrá oportunidad de escuchar en vivo algunas de estas nuevas canciones, ya sea en un gran predio o vía streaming (una posibilidad que resuena firme y hasta fue comentada por el cantante a sus músicos). "Me parece un disco que puede ser presentado entero porque tiene una variedad grande, se podría hacer un show entero", se entusiasma Benegas. "Pero hasta ahora no nos dijeron nada."

"Hay voluntad del Indio de retirarse para que nada interfiera en el poder esencial de la canción", deslizó por su lado Figueras al aire de La Patriada, cuando El ruiseñor, el amor y la muerte sobrecargaba el servidor de la señal alternativa. Por lo pronto, Solari ya almacena canciones para empezar a darle forma a un nuevo disco y se prepara para editar vía Penguin Random House su esperada autobiografía, que se titularía Los recuerdos mienten un poco.

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