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Por qué es importante para la salud cambiar la ropa de cama con frecuencia

Crédito: Latinstock
Jimena Barrionuevo
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29 de julio de 2018  • 00:07

No hay sensación más placentera que acostarse en una cama con sábanas limpias después de una ducha tibia y reparadora. Pero todas sabemos que la rutina a veces te juega una mala pasada y, cuando llega la noche, muchas veces caés desplomada en la cama sin siquiera haberte cambiado la ropa de un largo día de trabajo. Además del lugar donde dormimos -en ella pasamos unas 49 horas por semana si dormimos 7 horas cada noche-, la cama a veces se vuelve oficina, sala de té, mesa para la cena y hasta el lugar que eligen las mascotas para descansar. Ni hablar si tenés chicos y todavía duermen con vos. Si repasamos todo lo que hacemos en la cama, es lógico pensar en la acumulación de gérmenes y bacterias.

La cama es caldo de cultivo para la reproducción de hongos y bacterias: tengamos en cuenta la humedad que se genera cuando dormimos, la saliva que a veces queda en las almohadas, los fluidos corporales que despedimos, las células de la piel que recambiamos y el resto de las cosas que "entran" en la cama. ¿Sabías que la piel humana es alimento para los ácaros del polvo y que una persona puede transpirar hasta un litro de sudor en una noche e incluso más si duerme muy abrigada?

"Las problemáticas que se encuentran con mayor frecuencia en la ropa de cama y colchones son la pediculosis y la escabiosis (o sarna). Ambas, se transmiten a través de parásitos que pueden mantenerse con vida alrededor de 48 horas", asegura el Dr. Diego Montes de Oca, especialista médico, asesor de Espadol Dettol. "Hay otras razones que propagan la transmisión de gérmenes: no ventilar ambientes, no lavar la ropa, toser o estornudar sin cubrirse la boca con el pliegue del codo... Pero la razón fundamental es la falta de higiene en las manos", agrega el experto.

Por eso es hora de que revises la frecuencia con la que cambiás y lavás tu ropa de cama. Después de todo, tu salud y la de tu familia pueden estar en riesgo. Te damos alguna pautas de higiene para que pongas manos a la obra:

  • Sábanas: una vez por semana. Lo ideal es cambiar de sábanas todas las semanas y lavarlas, al menos, a 60 grados para eliminar eficazmente las bacterias. También es recomendable secarlas al sol, ya que esto pemite también combatir microorganismos. En los meses de verano, lo recomendable es cambiarlas dos veces a la semana. Otro consejo: si tenés chicos, es bueno que elijas para ellos sábanas de punto. Además de que se agarran mejor al colchón y no se mueven, son una buena opción para el invierno porque este tipo de tela tiene la capacidad de conservar el calor y no enfriarse. "Son suaves al tacto, de algodón 100% y se recomiendan para evitar alergias. Hay algunas que vienen con estampas hechas con tintas al agua, que también previenen irritaciones en la piel", explica Laura Michieli, diseñadora de indumentaria y creadora de la marca Cool n'Cotton.

  • Pijama: cada dos días. Igual que con el resto de las prendas que usamos para el día a día, lo ideal es cambiarlo y lavarlo cada dos días.
  • Fundas de almohadas: cada dos días. La piel del rostro y el pelo están en contacto directo con ellas. Restos de maquillaje o cosméticos, células muertas y suciedad del día pueden acumularse fácilmente en las fundas. Mantenerlas limpias también ayuda a tener una piel saludable y a que el pelo se mantenga en buenas condiciones por más tiempo.
  • Almohadas: cada tres meses. ¿Sabías que al cabo de dos años, el 10% del peso de una almohada que no pasó por el lavarropas corresponde a ácaros muertos ? Pero esa no es la única suciedad que acumula la almohada: bacterias, piel muerta y hasta 16 especies de hongos se pueden alojar en ella. Por eso, las almohadas deben lavarse cada tres meses. Las de plumas tenés que llevarlas a la tintorería, las sintéticas se pueden meter en el lavarropas. También es importantísimo secarlas bien porque, de lo contrario, se forma humedad y moho.
  • Colchón: cada seis meses. Al igual que las sábanas y las almohadas, el colchón acumula polvo, bacterias y moho que pueden producir infecciones y reacciones alérgicas. Para limpiar un colchón, podés pasar la aspiradora y ventilarlo al sol cada medio año. Si tiene alguna mancha, frotá la superficie con un paño humedecido en agua fría y jabón para tapicería.

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