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Hambre de futuro

Una aldea escolar hizo crecer el número de habitantes en Laguna Blanca

Micaela Urdinez
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30 de julio de 2018  • 01:25

Luis Catrimar entra a la Comisión de Fomento de Laguna Blanca y se sienta en la oficina que Anses habilitó hoy ahí para atender las consultas de los vecinos. Está pidiendo un salario complementario porque no le alcanza para mantenerse durante todo el año, con lo que saca con sus 100 animales.

Él vive en el campo, pero además se acaba de terminar de construir una casa en el pueblo para que el año que viene su hija pueda empezar en la Escuela Nro 100 Carlos Pellegrini.

"A mí me gustaría poder estar en el campo con mi familia pero la quiero hacer estudiar a mi hija para que ella después pueda manejarse sola. Además, hoy es una obligación.

En donde yo vivo, a 35 kilómetros, es un infierno. Cuando viene el temporal de nieve no se puede salir. Si te llegás a enfermar hay que salir a caballo", dice Catrimar.

Rio Negro Laguna Blanca

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A diferencia de lo que pasa en otros pueblos que deciden construir escuelas albergues para tener internados a los chicos de las zonas rurales, en Laguna Blanca tomaron la decisión de hacer una aldea escolar.

¿Qué quiere decir eso? "Los padres y las autoridades no querían dejar a los chicos albergados y que se cortara el vínculo con sus familias. Por eso se creó la institución con un régimen tradicional pero con la idea de que fueran las familias las que se instalaran a vivir en el pueblo", cuenta Cristian Domínguez, director de la escuela.

Eso hizo que el número de hogares llegue hoy a 45 en Laguna Blanca, con un total de 120 habitantes. La gran mayoría son pequeños productores ganaderos, la gente mayor es jubilada y las madres cobran la AUH. "En el año 1984 había solo 10 casas, una escuelita y una tafeta postal. Hoy eso se ha multiplicado por cuatro. Son familias que antes tenían sus casas en el campo y ahora también tienen una en el pueblo. Un poco para que los chicos puedan ir a la escuela y también porque con las cenizas del 2011 se quedaron sin animales", cuenta Enrique Meli, técnico de la Secretaría de Agricultura Familiar de Bariloche.

Laguna Blanca está ubicada a 70 kilómetros de Comallo y a 180 kilómetros de Bariloche. Se accede por un camino de tierra, y como se encuentra a 1200 metros sobre el nivel del mar, el invierno se hace sentir con crudeza. Tiene un sistema de garrafón a gas en cada hogar y el resto de la leña les llega por el Plan Calor o tiene que comprarla. El único teléfono de línea funciona en la Comisión de Fomento que también tiene señal de Internet, pero es muy pobre.

"A partir de la escolarización se ha ido concentrando la población en los parajes y se van despoblando los campos. Laguna Blanca se transformó en una aldea escolar, y quedaron los hombres grandes solos en el campo", explica Franca Bidinost, extensionista rural de INTA Bariloche.

Son las 11 de la mañana y el pueblo parece un gran hormiguero de gente. Como los caminos estuvieron intransitables la semana pasada por la nevada, hoy llegaron juntas todas las áreas del Estado que brindan asistencia. El médico está atendiendo en la posta sanitaria, es "día de pago" para cobrar las asignaciones y pensiones y el personal de Anses se instaló para escuchar consultas.

"Hoy es un día diferente porque toda la gente del campo se acerca al pueblo a usar alguno de estos servicios. Además, algunos de los que viven acá, aprovechan este aluvión de gente para hacer feria de ropa o vender comida", agrega Bidinost.

Pero la vida de Laguna Blanca está en la escuela. Ahí, un grupo de seis alumnos hacen un "picadito" de fútbol durante el recreo. Los demás se quedan adentro para resguardarse del frío. Son 10 los chicos que asisten al Nivel Inicial y 22 a la escuela primaria. También tienen unos pocos chicos que asisten al secundario virtual Nro20 y a la escuela para adultos. "Abrimos las puertas a las 7 de la mañana y las cerramos a las 22:30. La escuela está todo el día abierta recibiendo gente", agrega Domínguez.

El año pasado, sólo se egresaron dos chicos y las opciones para seguir estudiando solo están en las grandes ciudades como Jacobacci o Bariloche. Sin embargo, Domínguez cuenta orgullos que han logrado tener docentes nativos de Laguna Blanca, otros están estudiando carreras administrativas y algunas tecnicaturas vinculadas con el campo. "Me preocupa que se tengan que ir porque no hay actividades productivas para vivir dignamente. Y ese es un problema de los gobiernos, que tienen que tomar medidas para todos. Quizás ahí habría que poner más el torque para que se puedan mejorar las pequeñas economías de las familias", reflexiona.

Por su parte, Bidiniost agrega que algunos jóvenes están apostando al campo, porque saben que sus padres están grandes y la quieren seguir luchando. Las condiciones que hay en el pueblo son muy distintas de las que hay en el campo. "El invierno es muy largo y están geográficamente aislados", dice.

Al mediodía todos los alumnos almuerzan en la escuela. El menú de hoy es pollo con ensalada y flan de postre. Cada uno ocupa su lugar en las mesas rectangulares y esperan su turno. "Necesidades de hambre no hay. No tenemos chicos con desnutrición infantil, eso es vital. Porque eso quiere decir que no tienen problemas de aprendizaje", expresa Domínguez.

Margarita Varnes, la actual Comisionada del pueblo, es egresada del colegio. Cuando ella era chica, no había gas ni luz, y la leña no alcanzaba. "Años atrás era mucho más difícil. Ahora las familias tienen gas durante todo el año, y les vienen a cargar todos los meses. Se pudo mejorar el sistema de luz, de agua e Internet", cuenta.

Domínguez reconoce que la situación de la calefacción ha mejorado pero cree que no está del todo resuelta. "Una garrafa chica les dura 15 días y no les alcanza para toda la casa. Tendría que ampliarse el programa para darles más litros de gas, y que no solo les alcance para la cocina y el comedor sino también para los cuartos", comenta.

Sobre la atención médica existente para los vecinos, Varnes cuenta que tienen agentes sanitarios y que todos los meses va un médico de Comallo. Ante situaciones de emergencia, hay que rezar para que los caminos estén en condiciones. "Lo que más tenemos son demandas de mejoramiento de vivienda y de construcción de baños", confiesa Varnes.

A pesar de algunas carencias en los accesos a servicios, Domínguez está convencido de que los niños son felices en Laguna Blanca. "Acá los chicos transitan libremente, no hay peligros. Creo que la pasan muy lindo. Los varones juegan a la pelota, los chicas también, a los aros. Hacen juegos mixtos", dice.

Atención en el territorio

Claudia Kisinovsky, administrativa de Anses, le explica a una mamá que no cobró la AUH ese mes, que eso sucedió porque su marido acaba de conseguir un trabajo en blanco. Se toma todo el tiempo del mundo, le muestra los papeles, le anota cosas.

Está sentada en una oficina de la Comisión de Fomento de Laguna Blanca, con un gorro rosa, una campera fucsia y unos anteojos haciendo juego.

"Acá recibimos todo tipo de consultas. Desde cómo pueden tener un apoderado los jubilados para poder cobrar si no se pueden trasladar hasta dudas con la AUH", dice entre pregunta y pregunta.

Antes las personas se tenían que movilizar hasta Jacobacci para hacer cualquier trámite. Ahora, una vez por mes, los representantes de la entidad se acercan a los diferentes pueblos de la zona, para acortar distancias.

"El trabajo social que se hace acá es preciosísimo porque la mayoría de la gente es del campo y no tiene como llegar. A muchos se les rompen los autos y otros ni siquiera llegan. Está bueno porque les facilitás que no se tengan que trasladar. Ellos solo tienen un colectivo que pasa una vez a la semana", dice.

La única limitación que tienen es que no les funciona Internet como para tener el sistema online operando, por lo que tienen que manejarse con papel y birome. "Nos llevamos toda la documentación y después la cargamos. Lo malo es que no les podemos dejar el problema resuelto desde acá", se queja Kisinovsky.

Sobre el vínculo que generan con las personas de los parajes, Kisinovsky cuenta que es habitual que le traigan regalos, cosas para comer y se genere un ida y vuelta muy cariñoso. "Acá es más ameno, más familiar. Te convidan con mate, con tortas fritas. Somos siempre las mismas personas así que ellos ya te conocen. Yo siempre rescato que con tan poquito sean tan felices", concluye.

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