Gaudio y Coria, al nivel de un eclipse lunar

Coria y Gaudio, en la final de Roland Garros 2004 Fuente: Archivo
27 de julio de 2018  • 19:36

Curados de espanto ante un país en el que los mayores disparates terminan siendo realidad, los argentinos amantes del tenis fueron sometidos a una prueba ya en el umbral de lo extremo, casi al nivel del eclipse lunar del viernes: les dicen que Guillermo Coria y Gastón Gaudio , los protagonistas de la final a diván abierto en Roland Garros 2004, son capaces de sumar fuerzas y tirar para el mismo lado.

Parece mentira, pero es verdad: Coria, Gaudio y Guillermo Cañas son los nuevos capitanes del equipo de Copa Davis , acompañados de Gustavo Marcaccio , uno de los hombres más apasionadamente serios que hay en el tenis argentino. La noticia-bomba, que por parte de la AAT combina autoridad y audacia con heterodoxia, deja tres conclusiones y una advertencia.

La primera es casi obvia: la Legión está a cargo. Con Agustín Calleri en la presidencia de la AAT y Mariano Zabaleta en la vicepresidencia, la aparición del tridente Coria/Gaudio/Cañas al frente de la Davis termina de confirmar que toda la responsabilidad está en manos de aquella gran generación de jugadores que brilló en la primera década de este siglo.

La segunda es también bastante evidente: Daniel Orsanic , hasta el viernes capitán, no debió irse así, despedido de un día para el otro, aunque así sean todos los despidos. Él fue el hombre que llevó dos años atrás a la Argentina a lo que históricamente fue un imposible -ganar la Copa Davis-, impulsado por un Juan Martín del Potro imperial. Pero la salida era inevitable desde el momento en que Orsanic hizo público su enfático apoyo en las elecciones de mayo a la lista oficialista de José Luis Clerc , rival de la de Calleri. Cuando Clerc perdió, el capitán se quedó. Debió irse en aquel momento para evitarse trabajar a disgusto y un adiós como el de hoy. Ahora sólo le queda acordar las condiciones de la salida. El excapitán pretende una indemnización, dice la AAT , que argumenta que sus arcas están vacías.

La tercera conclusión, seguramente la más importante, es que todos podemos mejorar. Pocos jugadores se detestaron tanto como Coria y Gaudio, pero, como dice Calleri, "ya tienen 40 años". O, dicho de otra manera, los dos fueron capaces de madurar.

El cambio más radical es el de Coria. El hombre que parecía peleado con todo y con todos no deja de sonreír. Todas las malas vibraciones que generaba aquel talentosísimo tenista desparecieron hoy. Un golpe de la vida -su hijo casi muere en un accidente- convenció a Coria de que nada está garantizado y de que servir a los demás llena el alma. Hay en él un docente y un líder que nadie imaginaba en aquellos años en los que llegó a ser el número 3 del mundo.

Gaudio sigue siendo, en cambio, mucho más Gaudio de lo que Coria es Coria. El personaje que se lo devoró en el tramo final de su carrera -"qué mal la estoy pasando"-, sigue siendo parte de él. Los que están cerca suyo lo definen como brillante para los negocios, pero el perfil público del campeón de Roland Garros 2004 sigue siendo más o menos el de siempre.

Advertencia: ni Coria, ni Gaudio, ni Cañas cobrarán por su trabajo y donarán el honorario habitual del capitán al área de Desarrollo. Nunca es bueno trabajar gratis, una situación que deberá cambiar para la Davis 2019.

Calleri consultará dentro de unas semanas a los jugadores para saber si el tridente sigue al frente el año próximo, aunque en septiembre en San Juan el morbo estará puesto en otro aspecto que el presidente de la AAT desestima: "Se va a demostrar que los dos se llevan bien".

Cosas más raras se han visto, sí, pero lo de Coria y Gaudio juntos es casi un eclipse lunar.