Esteban Andrada, ante el mayor desafío de su vida: cerrar el arco de Boca

La plasticidad de Esteban Andrada, un arquero ágil pese a medir 1,93m
La plasticidad de Esteban Andrada, un arquero ágil pese a medir 1,93m Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima
Patricio Insua
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28 de julio de 2018  • 21:54

Consolidado en Lanús y destacado también en las competencias internacionales de la Conmebol, a los 27 años Esteban Andrada se sumará a Boca en el mayor desafío de su carrera. El mendocino de 1,93 metros llega al conjunto dirigido por Guillermo y Gustavo Barros Schelotto para disputarle el puesto a Agustín Rossi , quien pasó del respaldo a los cuestionamientos. Una cifra cercana a los 5.000.000 de dólares y el pase de Guillermo Sara representan el desembolso xeneize por el arquero que ya sabe lo que es atajar en una final de Copa Libertadores .

Los Mellizos y Andrada ya se conocen, convivieron en Lanús cuando unos empezaban el camino de la dirección técnica y el otro daba sus primeros pasos en el fútbol profesional. Pese a que debutó con Gabriel Schurrer en un partido de Copa Argentina ante Barracas Central en febrero de 2012 (ese día la pareja central la integraron Paolo Goltz y Carlos Izquierdoz , a quienes ahora volverá a tener como compañeros), fueron los Barros Schelotto los que marcaron su estreno en Primera, al año siguiente frente a Estudiantes.

Después de iniciarse en San Martín de Mendoza, la trayectoria de Andrada se concentró en la zona Sur. Primero se probó en Banfield, después se estableció en Lanús (vivió en la pensión del club) y también tuvo un paréntesis en Arsenal. Es que los Barros Schelotto pidieron ahora por el mismo jugador al que cuatro años atrás habían dejado ir. Aquella decisión tenía su lógica en la inamovible titularidad de Agustín Marchesín en Lanús y al contexto de un arquero que a los 23 años solo tenía dos partidos completos en primera y necesitaba jugar.

El paso por el conjunto de Sarandí le sirvió para tener continuidad, pero sus actuaciones no convencieron: recibió 68 goles en los 48 encuentros que disputó. Entonces regresó a Lanús, donde ya no estaban Guillermo y Gustavo ni tampoco Marchesín. Ahora el técnico era Jorge Almirón y el arquero Fernando Monetti. Andrada tuvo que acomodarse otra vez en el banco de suplentes, hasta que una rotura de ligamentos del exGimnasia le dio una oportunidad que no desperdició. Y la carrera que parecía estancada aceleró a fondo en un año y medio: comenzó 2017 como titular, mantuvo su arco en cero en la obtención de la Supercopa Argentina ante River , encadenó actuaciones destacadas en el plano local, fue clave para que Lanús llegue a la final de la Copa Libertadores y logró que Boca invierta una cifra millonaria para comprarlo.

Las mejores atajadas de Andrada

Pese a su gran contextura, Andrada mueve sus casi dos metros con mucha agilidad. Es un arquero que se destaca por sus reflejos y plasticidad, algo que volvió a demostrar hace pocos días en Barranquilla ante Junior por la Copa Sudamericana, con varias atajadas muy destacadas.

Pese a que el mes pasado había firmado la extensión de su vínculo con Lanús por tres años, la renovación del contrato también incluía una promesa por parte de la comisión directiva que encabeza Nicolás Russo : ante una oferta de su interés y beneficiosa para el club, le facilitarían la salida. Boca hizo el resto. El acuerdo entre los dos clubes se hizo total ayer (aún deben definir la forma de pago) por lo que Andrada se despedirá del Granate mañana ante Douglas Haig, por la Copa Argentina, y el martes se someterá a la revisión médica para iniciar tu etapa xeneize.

Afianzarse en el club de la Ribera puede ser también el impulso que le permita entrar en la órbita del seleccionado nacional. En la transición del fútbol formativo al profesional, Andrada participó en los seleccionados juveniles, época en la que incluso Barcelona se fijó en sus condiciones y estuvo cerca de incorporarlo. Aquella gran proyección, el futuro de éxito que le auguraban, se esfumó al dar el salto al fútbol mayor. Sin embargo, fue en esa circunstancia que demostró templanza, un carácter que le dio el convencimiento para seguir adelante. No se frustró cuando le faltaba lugar en Lanús ni tampoco cuando en Arsenal las cosas no le salieron. Confiaba en que llegaría su momento. Y no se equivocó. Ahora afrontará el desafío de ratificar su presente en un club de exposición mundial.

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