Mucho público y menos ventas en el cierre de la Feria del Libro Infantil

Medio millón de personas visitaron alguna de sus tres sedes; la venta de ejemplares cayó un 15% en promedio
Medio millón de personas visitaron alguna de sus tres sedes; la venta de ejemplares cayó un 15% en promedio Crédito: Santiago Filipuzzi
Daniel Gigena
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30 de julio de 2018  

Con el final de las vacaciones de invierno en el área metropolitana de Buenos Aires se terminó también la 28a. edición de la Feria del Libro Infantil y Juvenil, que se desarrolló en tres sedes en forma simultánea: en el CCK , Tecnópolis y el Centro Cultural Pasaje Dardo Rocha, en La Plata. La Feria convocó a más de doscientos expositores y medio millón de visitantes. En dos de las tres sedes creció en metros cuadrados.

Más allá de la amplia "bibliodiversidad" y de la tarea de promoción del libro y de la lectura, el balance no arroja un saldo positivo en ventas. La mayoría de los expositores comunicó una baja de 15% respecto de 2017. Por otro lado, los organizadores atribuyeron al mal clima y al difícil acceso al CCK durante varios días por distintos cortes de tránsito un estancamiento en la concurrencia, que igualó la cifra del año anterior: 300.000 personas. Desde La Plata, la Secretaría de Cultura y Educación informó que habían visitado la Feria 180.000 personas. Tecnópolis fue la sede con menor afluencia de público, que al parecer prefirió evitar un predio poco apto para días de mal tiempo.

"La Feria como acontecimiento cultural y recreativo durante las vacaciones fue exitosa -dijo Oche Califa, director cultural e institucional de la Fundación El Libro-. El resultado comercial está atado a la situación actual del país". Varios expositores consultados coincidieron en que la venta de libros decayó respecto de 2017. "Este año vendimos tres ejemplares menos por día que en 2017", contó la encargada del puesto de Pípala y Niño en el CCK. En el de Fondo de Cultura Económica se habían vendido 400 ejemplares menos que en 2017. En Colihue, que ofreció promociones de tres libros al precio de dos, el ajuste también se hizo sentir. Gerbera, que publica los Canticuénticos de Estrellita Caracol y Ruth Hillar, además de libros en braille con historias protagonizadas por chicos de distintas regiones del país, estuvo un 10% abajo en ventas, y lo mismo ocurrió en los stands de Pictus, Comunicarte y Calibroscopio.

Uno de los grandes grupos editoriales, Penguin Random House, informó una caída en las ventas del 15%. "La Feria nos permite acercar nuestros libros y autores a los niños, que son grandes lectores en potencia. Aunque no resulte un negocio, nos parece importante mantener este tipo de espacios, porque fomentan la lectura y humanizan los libros por medio del encuentro", dijo Manuela Frers, jefa de prensa del área infantil y juvenil de PRH. Los títulos más vendidos en ese stand fueron Caos, de Magalí Tajes, y El infinito, de Pablo Bernasconi.

Circularon dos cifras de la compra promedio realizada en 2018. La Fundación El Libro estimó que habían sido de $350, mientras que los expositores informaron un valor más bajo: $250.

El segmento de libros infantiles y juveniles resulta estratégico para muchas editoriales, pero en la Feria predominó el público infantil. Los adolescentes aún prefieren la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires como escenario de sus iniciativas. Laura Leibiker, directora de literatura infantil y juvenil en Norma/Kapelusz, comentó que habían cumplido con las metas fijadas. "Sabemos que el contexto es difícil, por eso propusimos promociones. Nuestros libros estrella fueron Feroz... ¡feroz!, de Liliana Cinetto y Poly Bernatene; Elisa, la rosa inesperada, de Liliana Bodoc, y El pirata y la bailarina, de Norma Huidobro". El Grupo Planeta informó un "empate técnico" en facturación respecto de 2017. Los títulos que impulsaron las ventas fueron los de la serie Gravity Falls y la trilogía de Pamela Stupia. "Se llegó a este número porque en 2018 la Feria agregó dos días más", dijo el gerente de ventas de Planeta, Raúl Robledo. También para el Grupo Claridad esta edición fue satisfactoria.

Si bien en La Plata hubo una gran concurrencia, las ventas no crecieron. No obstante, para las librerías que participaron por primera vez, la experiencia fue útil. Jorge García, cuarta generación de libreros de La Normal, confió que, pese a las quejas de colegas, para él el encuentro había resultado mejor de lo que se esperaba.

"Esta edición superó los mejores pronósticos; no solo hubo un enorme caudal de visitantes, sino también un buen nivel de ventas", dijo Gustavo Silva, secretario de Cultura y Educación de La Plata.

Tal vez en 2019 los organizadores porteños y platenses puedan imitar al municipio de Merlo, que prepara para septiembre la segunda edición de la Feria del Libro de esa ciudad. A cada estudiante de escuelas del municipio se le otorgará un "chequelibro" por valor de $60. Con ese aporte (y unos pesos más) cada estudiante podrá volver con un libro a casa.

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