Hamburgo, un sitio que energiza a Leonardo Mayer hasta en las derrotas

Fuente: Reuters
El argentino perdió ante Basilashvili la final del Abierto de Alemania, donde ganó sus dos títulos; las pelotas pesadas, una ayuda
Sebastián Torok
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30 de julio de 2018  

"Es difícil saber exactamente qué es. Es complicado encontrar una explicación. Muchas veces los jugadores llegan a un torneo y sienten una energía distinta. En Hamburgo hay algo, un aura especial. El primer año que Leo llegó a la final y ganó, en 2014, él estaba en un muy buen nivel. El año pasado no, pero estaba con su hijo recién nacido y le dio una energía de locos. Ahora volvió, tenía algunas dudas con su tenis, pero arrancó y se sintió bien. No sé, habrá algo en el aire, porque las canchas son de polvo como en todos lados". El testimonio le pertenece a Mariano Hood, uno de los entrenadores de Leonardo Mayer . Y lo que relata el ex Nº 20 del mundo en dobles es lo mismo que se pregunta la mayoría. Antes de la final de ayer frente al georgiano Nikoloz Basilashvili, el correntino registraba un récord de 15 victorias y dos derrotas en el Abierto alemán, con dos títulos incluidos (los únicos de su carrera).

Esta vez llegó a definición con pocos triunfos en la temporada , pero se energizó en la ciudad portuaria y construyó una semana positiva en la que, incluso, venció a Diego Schwartzman y Gael Monfils. No fue bueno el cierre, claro: Mayer cayó frente a Basilashvili por 6-4, 0-6 y 7-5. Pero el argentino superó la frustración de la derrota y lució una gran sonrisa durante la premiación, encabezada por Michael Stich, Nº 2 de ATP en 1993 y recién incorporado al Salón de la Fama, en Newport.

La ansiedad, probablemente, le jugó en contra a Mayer ante un rival que acarreaba el peso de no haber ganado trofeos (el georgiano acumulaba finales en Memphis 2017 y Kitzbühel 2016), pero que tuvo mayor lucidez en el tramo definitorio. Desde el inicio, Basilashvili se mostró más conectado y así fue como concretó, en el tercer game, la única opción de break que dispuso en el parcial. Al igual que en las semifinales frente al chileno Nicolás Jarry, Basilashvili se derrumbó en el segundo parcial y ni siquiera ganó un game (Mayer logró tres breaks en cinco intentos y un 80% de puntos con el primer servicio). El set final fue ajustado, con errores y nervios en ambas raquetas. El quiebre recién se produjo en el undécimo game y Basilashvili, que entró en el cuadro principal al superar la clasificación, se adelantó 6-5. Luego del descanso, el jugador nacido en 1992 (la misma camada de Schwartzman), cerró el partido con su servicio, pese a quedar 30-40. Tres puntos consecutivos le entregaron su primer título ATP y le impidieron al tenis nacional sumar el 221º trofeo individual (son 206 las finales de single perdidas por argentinos; Guillermo Vilas, con 62 y 42, es el que más ganó y perdió).

"He jugado los mejores partidos de mi vida en esta cancha", dijo, pese a la caída, Mayer. Y, al margen de las buenas sensaciones que logra en Hamburgo, hay un detalle que lo impulsa. Las pelotas de origen sueco que se utilizan allí, de marca Tretorn, son mucho más duras que las que se usan en los otros torneos, pican más y se convierten en verdaderos escopetazos cuando salen despedidas de raquetas explosivas como la de Mayer. "Generalmente estas pelotas le ayudan a Leo a tomar la iniciativa. Además, su segundo saque, que suele hacerlo con kick, le pica muy alto al rival", aporta Leonardo Alonso, otro de los entrenadores de Mayer. La pelota, que se suele comercializar en países escandinavos y, en el tour, también se utiliza en Estocolmo, prácticamente no pierde la presión. De hecho se publicitaba con un clavo atravesado y, pese a eso, no se dañaba. Incluso, la leyenda indica que en 1976 el italiano Adriano Panatta logró vencer a Bjorn Borg en los cuartos de final de Roland Garros porque se jugó con esa marca de pelotas y el sueco no pudo lograr sus clásicos efectos.

Luego de cuatro meses de residencia en Europa, Mayer regresará a Buenos Aires esta semana para empezar a prepararse para la gira sobre canchas duras en los Estados Unidos. En marzo pasado, el Yacaré tomó la decisión de instalarse junto con su mujer (Milagros Aventín) y su hijo (Valentino, de un año y medio) en Estepona, España, donde posee familiares, con el objetivo de viajar menos y que su mujer y su hijo vivan en una casa y no en un hotel mientras él compite. Incluso, hasta lo acompañaron a algunos torneos, como a Hamburgo. "La experiencia fue positiva", dijo Alonso, independientemente de los resultados. Luego del Masters 1000 de Miami, en marzo pasado, Mayer jugó diez torneos en el Viejo Continente. El final, en Alemania, no fue como soñó, pero así y todo sacó conclusiones positivas. Cincinnati, Winston-Salem y el US Open serán las próximas estaciones del correntino.

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