Dos primos reinventaron el negocio familiar y hoy venden carne por Internet y en barrios privados

Pablo Hernández, responsable de Comercio Exterior de Frigorífico Frigolar, junto a los primos Mengani: Fiorella y Lorenzo
Pablo Hernández, responsable de Comercio Exterior de Frigorífico Frigolar, junto a los primos Mengani: Fiorella y Lorenzo
Mariana Reinke
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31 de julio de 2018  • 17:35

Los Mengani hicieron historia en la última Exposición Rural de Palermo. Gustavo y Marcelo Mengani, del Frigorífico Frigolar, instalaron una carnicería para vender directamente carne al público en la muestra. Fue un boom inesperado para una empresa que, además, ahora está incursionando con la venta en countries, con app y página web incluida.

La relación de los Mengani con la carne viene de familia. Hace más de 50 años, Gino y su hermano menor, Pedro, decidieron poner una carnicería en el pueblo bonaerense de Olmos. Allí vendían a los vecinos de la cuadra. Gino, que había llegado muy chico de Italia, junto a su padre se instaló en La Plata.

Poco a poco, los hermanos, con esfuerzo y dedicación, crecieron y de carniceros se convirtieron en matarifes. Sus vidas se concentraban en el trabajo. Largas jornadas que empezaban muy temprano, antes del amanecer, se terminaban con la "faena liquidada".

Y ese negocio y la pasión les transmitieron a sus hijos Marcelo y Gustavo, que son primos. Desde los 11, ambos partían rumbo a las ferias de remates en camiones para comprar la hacienda. "Disfrutaban y amaban el trabajo que hacían y eso fue lo que sus hijos después mamaron", dijo Lorenzo, hijo de Gustavo.

Entre primos, el complemento se hizo perfecto. Marcelo se encargaba de las compras de hacienda, y Gustavo de la venta de carne. Desde siempre se llevaron muy bien. Fue entonces cuando los Mengani se hicieron conocidos e importantes en el sector de la industria de la carne.

En una primera etapa, como matarifes, utilizaban otros frigoríficos para sus servicios de faena. Luego decidieron dar un paso más: con un socio entraron en Frigolar y luego compraron el 100% de la empresa. Hoy es uno de los diez frigoríficos de consumo más importantes del país.

Para la empresa, la venta de carne durante Palermo fue un boom. En exhibidores refrigerados, empleados impolutos mostraban al público los cortes de carne premium envasados al vacío para evitar la oxidación y putrefacción de la carne.

Según el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva), estos productos así tienen múltiples beneficios. No se utilizan conservantes, su vida útil es de hasta 120 días (cuando se mantiene una temperatura media que va de -1° centígrados a + 4°centígrados), se estabiliza el sabor y la frescura de la carne (no hay mermas por pérdidas de líquidos o grasas) y madura y mejora su calidad gracias a las enzimas naturales que posee durante el almacenamiento, entre otras ventajas.

La tercera generación y un negocio para barrios cerrados

Desde los seis años, Fiorella acompañaba a Pedro, su abuelo, a las ferias a comprar los animales para faena. Pedro, un apasionado de su trabajo, le transmitió a su nieta todo el amor por el oficio. "Era chica y mi abuelo me pasaba a buscar por la escuela y de ahí partíamos a comprar las vacas en los remates", recordó Fiorella, hoy con 30 años.

La unidad de negocios Quiero Carne!, en busca de nuevos mercados
La unidad de negocios Quiero Carne!, en busca de nuevos mercados

La aparición de la tercera y cuarta generación de los Mengani en la empresa le dio una vuelta de tuerca al negocio.

Lorenzo, el hijo de Gustavo, explicó que se desarrolló una unidad de negocios, Quiero Carne!, para llegar al público en forma directa.

En cajas de cartón preparadas para el traslado, Quiero Carne! ofrece al público diferentes alternativas de consumo. El pack gourmet/cocina trae seis cortes: colita de cuadril, lomo, peceto, ojo de bife ancho, bife angosto (porcionado) y cuadrada feteada para milanesas. El pack parrilla contiene asado, vacío, matambre y entraña. Otros packs tienen distintas opciones: ojo de bife ancho, lomo, mollejas, entraña, riñón, chinchulines.

Las cajas, que van hasta los 11 kilogramos, cuestan entre $60 y $230 por kilo de carne, según el tipo de pack. Actualmente, el reparto es de alrededor de 600 cajas al mes.

Mediante una aplicación y una página web, venden carne envasada al vacío con delivery en los barrios cerrados. "Queríamos mostrar esta unidad de negocio, terminando la cadena de valor del campo a la mesa. Esa logística la hacemos nosotros: producir los novillos, engordarlos, faenar y entregar los cortes de primera calidad envasados al vacío", agregó, por su parte, Fiorella.

La unidad de negocios Quiero Carne! está próxima a cumplir un año. Hoy, con 556 clientes, entrega en 40 barrios cerrados (Nordelta, Santa Bárbara, entre otros) y busca ampliar el mercado. Los primos Lorenzo, Fiorella, Román y Nerina son los que llevan adelante el proyecto.

"Era algo muy nuestro, de los primos. Siete años atrás le comenté a papá (Marcelo) sobre esta idea, pero se nos hacía difícil salir de un mercado macro", indicó Fiorella. Y agregó: "Luego mejoramos, desde la gerencia de producción, los procesos productivos internos (desposte, empaque y despacho) y eso hizo que se pudiera llevar a cabo".

En cuanto a la logística, Frigolar cuenta con una flota de 50 camiones refrigerados. Quiero Carne! distribuye los packs con dos camiones con distintos días de entregas.

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