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Atractiva muestra de la narrativa rioplatense

¡BERBABÉ, BERNABÉ! Por Tomás de Matto-Alfaguara-330 páginas-($17)
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24 de enero de 2001  

En 1885, a pedido de un amigo que dirige la revista El indiscreto, la uruguaya Josefina Péguy, viuda de buena cuna nacida en 1835, relata en una carta hechos históricos ocurridos en su país antes de su llegada al mundo. Esa misiva, cuyas convenciones de género "son violadas sin escrúpulos, comenzando por la de su extensión", según apunta el prólogo de un tal M.M.R. fechado en 1946, constituye el cuerpo de esta novela del uruguayo Tomás de Mattos (Montevideo, 1947), autor también de otras dos novelas y tres libros de cuentos que han cosechado varias distinciones.

Sobre el trasfondo de "la gesta artiguista, la sucesiva sujeción de la Banda Oriental a los imperios lusitano y brasileño y la Cruzada Libertadora encabezada por Juan Antonio Lavalleja", la primera parte de esta carta-novela narra el meteórico ascenso de Bernabé Rivera, a partir de su unión a la milicia en plena niñez. La última parte se ocupa de la muerte del ya entonces Coronel Rivera en una escaramuza contra un grupo de charrúas. La parte central, más extensa, desarrolla hechos en los que el personaje que da título al libro tuvo, al menos al principio, menor protagonismo: una suerte de "campaña al desierto" en versión uruguaya, que él continuó luego persiguiendo a grupos aislados de aborígenes.

Es en esa parte central donde Josefina Péguy pone en evidencia su mayor amplitud de miras, ante hechos complejos que podrían prestarse a fervores facilistas: sin perder nunca un matiz condenatorio de la matanza de charrúas a traición y la posterior adaptación compulsiva de los sobrevivientes, ella deja hablar a distintos protagonistas, interroga sus móviles, imagina alternativas y sus eventuales consecuencias. Ese cruce de voces constituye uno de los mayores atractivos literarios de este libro. Josefina "narradora de otra carta-novela de Tomás de Mattos, La fragata de las máscaras" cambia permanentemente los niveles de la narración, evocando charlas y discusiones con su difunto marido (abogado interesado en la investigación histórica), con su padre y con un peón de éste que había sido sargento a las órdenes de Bernabé Rivera; contrastando testimonios contradictorios; arriesgando hipótesis y reconstruyendo o imaginando vívidas escenas. Así, aunque ella no ha sido testigo de los acontecimientos, filtra en su relato voces de testigos directos (recreando la situación en que las escuchó) y citas de cartas o partes de guerra cuyas copias ha acumulado durante años su marido. Y hace todo eso con una prosa vivaz, encantadora, inteligente y sensible.

Una primera versión de ¡Bernabé, Bernabé!, publicada en Uruguay hace doce años, logró premios, un reconocimiento generalizado y numerosas reimpresiones (más de veinte mil ejemplares vendidos, en un país mucho menos poblado que la Argentina). La novela se conoce ahora en nuestro país en una "versión definitiva", cuyos cambios y agregados se deben a nuevos datos históricos salidos a la luz con posterioridad a aquella edición inicial.

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