Ataque lúdico: los grandes también quieren jugar

Desde el revival de los históricos "fichines" en formato bar hasta propuestas más sofisticadas como las salas de escape, en el último tiempo se multiplicó la oferta de entretenimiento dirigido a los adultos que buscan divertirse
Desde el revival de los históricos "fichines" en formato bar hasta propuestas más sofisticadas como las salas de escape, en el último tiempo se multiplicó la oferta de entretenimiento dirigido a los adultos que buscan divertirse
Sofía Terrile
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1 de agosto de 2018  

En una habitación de Buenos Aires, un grupo de cuatro mujeres mira con atención la disposición de los cuadros en la pared para buscar pistas. Están acusadas de un asesinato y tienen que escaparse contra reloj antes de que llegue la policía. Debaten, dibujan estrategias, se parten la cabeza. Unos minutos después, cuando encuentran la llave para salir, se ríen con algo de alivio. No pasa nada, es solo un juego, se repiten entre ellas. Las "encerradas" en realidad pagaron para estar ahí: contrataron, por un tiempo determinado, una sala de escape. Se trata de otra de las formas en las que los adultos ahora se divierten.

En las cervecerías se multiplican las piezas de jenga, el juego en el que tienen que retirarse bloques de una torre sin que se desmorone.

Entre las novedades más recientes de la noche porteña resurgieron los "fichines", ahora en formato "bar con maquinitas de Pacman". Además, en las despedidas de solteros ahora se rompe todo: en The Break Club, hacer pedazos un monitor y 20 botellas sale $833.

Los combos del espacio creado por el expublicista Guido Dodero van desde los $500 hasta los $1500 y el objetivo del lugar, explica el emprendedor, que invirtió $9000 en abrir su negocio, es "captar la gota que siempre está por rebasar el vaso del argentino". Comenzó su actividad en 2012 y tardó dos años y medio en encontrar el equilibrio financiero y dejar de querer romper los balances, asegura.

Los "jugadores" se preparan: eligen la música con la que vivirán el ritual, se ponen sus guantes y toman los palos que usarán para hacer volar botellas. "La idea es que todos hagan una entrada en calor para que, cuando uno llega un poco más frío, vaya construyendo el personaje que termina queriendo romper todo", detalla.

Propuesta en alza

Los juegos de rol suman cada vez más adeptos entre adultos. Cristian Buono creó la sala de escape Eureka hace cuatro años junto a dos amigos. La pyme empezó con una sede en Palermo y ya tiene un segundo local propio y un tercero en modalidad de franquicia, donde hoy está el foco puesto para crecer, señala el creador.

"La tendencia de las salas de escape comenzó en Japón y luego se extendió a Europa y Estados Unidos, donde se convirtió en un boom", apunta. "Nosotros fuimos los pioneros en la región, y hoy tenemos más de 10 competidores solamente en Buenos Aires", dice, sobre el crecimiento del sector. Hoy, Buono y sus socios alquilan sus salas a grupos de amigos y amigas, pero también a las áreas de recursos humanos de las compañías, que piensan en la experiencia como otra oportunidad de team building o construcción de equipos. En el catálogo de opciones hay juegos inspirados en series como Breaking Bad y Stranger Things.

Eureka comenzó con $10.000 para acondicionar temporalmente el salón de usos múltiples de un edificio donde iniciaron su actividad a puertas cerradas, y en 2018 proyecta facturar $18 millones.

"En una época en que todo gira en torno a la tecnología, esto es una alternativa para adultos que juegan como si fueran chicos, que resuelven enigmas a través del trabajo en equipo", explica Buono sobre las razones por las que el negocio se sostiene hace cuatro años y piensa, en el mediano plazo, en expandirse hacia ciudades del interior del país.

Los grandes que quieren divertirse no agotan sus opciones en el role playing. También hay un resurgimiento de los juegos de mesa. El ingeniero Pedro Visintin, que vive la mitad del año en Berlín, vio que en Alemania había una gran cultura lúdica: es muy común juntarse alrededor de un tablero, asevera, y hay un abanico de opciones mucho más allá de los típicos TEG y Estanciero.

Investigó qué sucedía en la Argentina y descubrió varias comunidades privadas en Facebook de personas que se juntan por los juegos de mesa. Hace dos años creó Conexión Berlín. Para eso, importó más de 500 juegos por alrededor de US$25.000, tradujo los que no estaban en español, sumó cuatro socios más y abrió su primer espacio en Recoleta, donde por $279 se puede reservar un lugar los sábados a la noche.

En el catálogo hay juegos de distinto nivel de dificultad inspirados en gatos, espías y hasta la corrupción empresarial que llegaron desde Estados Unidos, Alemania e Italia, entre otros destinos de origen. "La gente viene a conectarse de otro modo y a desarrollar habilidades, a ponerse en otro contexto que hace bien", aclara Visintin.

Si bien no está tan extendida como en Alemania, la "cultura lúdica" en la Argentina no es novedad. Testigo de ello es Ricardo Fonte, creador del Jobs, en Recoleta, que hace más de 30 años que está en actividad y hace más de 15 se reinventó como un bar lúdico.

La historia del lugar comenzó como un boliche con 14 personas que trabajaban en seguridad, pero, tras la tragedia de Cromañón, Fonte y sus socios decidieron un cambio de rumbo. "Empezamos a mirar lo lúdico con más cariño: incorporamos pool, ping pong, arquería y juegos de mesa, para los que tenemos un laboratorio donde los inventamos", cuenta. Uno de esos "inventos", por ejemplo, es el "touch and go", que mezcla partes del Pictionary y del Sexyonary, entre otros, pero en la carta hay más de 300 variedades para elegir.

Fonte explica que la elección de ser un bar lúdico tiene dos caras. Por un lado, cree que es el factor que logró mantenerlos vigentes por varios años. "A las personas les encanta mostrarles a los demás que tienen habilidades y también hay una fascinación por hacer el ridículo: es un factor de socialización entre amigos y amigas", expresa.

Por otro lado, también quita rentabilidad. La ecuación es evidente: donde hay mesas de pool, no hay mesas de bar para que la gente consuma. "Además, tengo mucha gente que trabaja en mantenimiento, porque todo lo hacemos nosotros", detalla.

La moda de los bares lúdicos no se podría sostener sin una inversión más intensiva. Santiago Idelson, productor audiovisual, se alió a dos cerveceros y dos gestores culturales y de espectáculos para armar El Destello, el más reciente hit de Palermo. Invirtieron alrededor de US$100.000 para comprar y restaurar máquinas vintage tipo Arcade de Pacman y Tetris, entre otras, y acondicionar el local de la calle Gascón con una estética ochentosa. Aprovecharon, claro, el revival por ese período que se vio patente en el cine y las series, con Stranger Things y Ready Player One a la cabeza.

"No somos un local de videojuegos, somos un bar con videojuegos", aclara Idelson, y adelanta que, a pesar de que le tienta la idea de expandirse a otro local -porque el actual tiene mucha concurrencia-, prefiere, por el contexto actual, esperar para poder dar el próximo paso "con total seguridad".

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