Andrés Oppenheimer: "Soy tecnopesimista en el corto plazo y tecnooptimista en el largo"

Después de visitar hoteles con robots recepcionistas y entrevistar a futurólogos en todo el mundo, el premiado periodista publica ¡Sálvese quien pueda!, una investigación sobre el futuro del trabajo
Carlos M. Reymundo Roberts
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1 de agosto de 2018  

Andrés Oppenheimer se asomó al futuro, y un poco se asustó. Lo que vio es un mundo en el que, según la proyección de los expertos, cerca del 50% de los trabajos que hoy conocemos desaparecerán en las próximas décadas por culpa de las nuevas tecnologías.

Entre el miedo y el asombro, durante cinco años investigó la nueva realidad de robots que hacen autos, dan clases, operan como cirujanos y atienden a los huéspedes detrás del mostrador de un hotel. En rigor, no es el futuro: ya hoy la inteligencia artificial está dejando fuera del mercado laboral, u obligando a reconvertirse, a millones de personas en todo el mundo.

Producto de esa inmersión en la llamada "destrucción creativa", que lo llevó por tres continentes, es su último libro: ¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la automatización (Debate), que se lanza esta semana y que presentará el 16 de agosto, en el CCK.

De 66 años, nacido en la Argentina, pero radicado desde los años 80 en Miami, Oppenheimer es un periodista multipremiado (Pulitzer, Rey de España, Ortega y Gasset, Maria Moors Cabot) que publica sus columnas en The Miami Herald y en 60 diarios de América (entre ellos, LA NACION) y Europa, y conduce un programa en CNN. Este es su octavo libro.

La entrevista con LA NACION desde Miami se hizo sin intervención de robots, pero sí contribuyó la tecnología digital: el diálogo fue posible gracias a una combinación de telefonía y chats de WhatsApp, mail y Skype.

-Después de tu investigación, ¿qué sos: tecnooptimista o tecnopesimista?

-Soy tecnopesimista en el corto plazo y tecnooptimista en el largo. Cuando empecé, era bastante más optimista. Pero después de visitar hoteles con robots recepcionistas en Japón, ver fábricas robotizas en Corea del Sur, comer en restaurantes totalmente automatizados de San Francisco y entrevistar a los principales futurólogos del mundo, creo que mucha gente se va a quedar sin trabajo a corto plazo. Y los gobiernos ni siquiera están hablando del tema. El desempleo causado por la tecnología va a ser el principal tema en los próximos años, incluso para países como la Argentina.

-¿No estará a salvo la Argentina, que parece estar a años luz de esa realidad?

-Para nada. Según un estudio del Banco Mundial, el 64% de los empleos en la Argentina van a estar en riesgo por la automatización en los próximos años.

-¡Sálvese quien pueda! ¿Quiénes podrán salvarse?

-Todas las profesiones corren riesgo. Según un chiste que escuché en Silicon Valley, las fábricas del futuro van a tener solo dos empleados: un hombre y un perro. El hombre va a estar allí para darle de comer al perro, y el perro, para cuidar que el hombre no toque las máquinas. En el libro dedico capítulos enteros a las profesiones más amenazadas: periodistas, médicos, abogados, banqueros, contadores, profesores... En los próximos cinco años, la revolución tecnológica va a transformar todos nuestros trabajos.

-Ya se habla incluso de una "clase inútil", conformada por todos los que hoy son manufactureros, cuyos trabajos probablemente desaparecerán.

-No hablaría de una clase inútil, pero creo que va a haber una clase desplazada por la tecnología. Por eso, varios países están analizando la creación de un ingreso básico universal, y Bill Gates ha propuesto un impuesto a los robots para subsidiar a quienes pierdan el empleo. Yo me inclino por una tercera variante: pagarles por ofrecer servicios sociales, como cuidar a ancianos, enseñar a los niños o entretener a enfermos. Esas son tareas tan dignas, o más, que muchos de los trabajos actuales, y deberían ser estimuladas por los gobiernos y recompensadas.

-Así como ha habido en la historia resistencia a la industrialización y a la globalización, ¿podrían surgir movimientos "antirrobotización"?

-Sí. Creo que en la próxima década veremos un movimiento antiautomatización. Ya lo estamos viendo en Estados Unidos. Después de conocerse nuevos estudios sobre las tácticas de algunas empresas para crear adicción a los celulares y a las redes sociales, hay una mirada cada vez más crítica hacia las nuevas tecnologías. Y será peor cuando crezca el desempleo.

-Lo increíble es que algunos sostienen que un mundo sin trabajo no es necesariamente algo malo.

-Precisamente empecé el libro yendo a la Universidad de Oxford, en Gran Bretaña, donde entrevisté al futurólogo Nick Bostrom, que es filósofo y experto en inteligencia artificial. Cuando le pregunté si no lo asusta la ola de desempleo tecnológico que se viene, me dijo: "No, al contrario, un mundo de desempleados sería maravilloso". Y me recordó que en siglos pasados los aristócratas veían el trabajo como una cosa de plebeyos. Los aristócratas se dedicaban a escuchar música y leer poesía. La idea de que el trabajo es lo que da sentido a nuestras vidas, dice Bostrom, cobró impulso después de la Revolución Industrial, pero no siempre fue así.

-¿Estás de acuerdo con eso?

-No, pero creo que debemos ampliar el concepto actual del trabajo.

-Vos vinculás esta amenaza al mundo del empleo con el renacer de partidos nacionalistas, proteccionistas. ¿El triunfo de Trump es un producto de ese miedo?

-Totalmente. Trump es un demagogo populista como muchos de los que conocemos en América Latina, con la única diferencia de que es de ultraderecha. Todos los demagogos populistas necesitan un enemigo para justificar su autoritarismo, y Trump se las agarra con los inmigrantes mexicanos, cosa que le encanta a su base electoral. Pero el hecho real es que la inmigración ilegal a los Estados Unidos ha caído en los últimos diez años. Lo que está amenazando el empleo no son los inmigrantes, sino los robots y la automatización.

-En el libro contás el caso de un venezolano que ha congelado cerebros de personas que murieron con la convicción de que en 30 años se habrá descubierto la forma de revivirlos. Hasta hace poco, eso y muchas otras cosas, como máquinas que piensen por sí solas, nos hubiesen sonado como locuras.

-Cité ese caso con cierto escepticismo de que yo pueda llegar a verlo en vida. Pero en cuanto a las máquinas que piensan por sí solas, ya han cambiado mi trabajo. Por ejemplo, ya no transcribo mis entrevistas: me lo hace un algoritmo en cinco minutos.

-También citás a Peter Diamandis, que dice que, gracias a la tecnología, el costo de vida se va reduciendo a pasos agigantados y pronto llegará casi a cero. ¿Cuánto sustento tienen profecías como esa?

-En los años 70, solo los ricos podían tener una cámara de video, cámara de fotos, teléfono portátil, equipo de música, reloj, enciclopedia. Diamandis calcula que todo eso costaba unos 900.000 dólares de hoy. Y hoy tenemos todo eso gratis en nuestro celular. La tecnología va reduciendo el costo de vida.

-¿Cuáles serán los trabajos del futuro?

-Entre muchos otros, estarán los del área de la salud, desde psicólogos hasta preparadores físicos. Pero también habrá un gran futuro para los técnicos cuidadores de robots y otros del campo de la tecnología, analistas de datos? Y deportistas, artistas, músicos y creadores de todo tipo, aunque estas últimas profesiones van a cambiar radicalmente. Los artistas se convertirán en pequeños empresarios, porque van a desaparecer muchas de las compañías que hoy producen y distribuyen este tipo de trabajos. El desafío que presenta el futuro es prepararnos para el cambio.

¡Sálvese quien pueda! Autor: Andrés Oppenheimer. Editorial: Debate. Precio: $549. Presentación: el autor visitará la Argentina para presentar su nuevo libro en el CCK, el 16 de agosto, a las 19 (Sarmiento 151). Entrada gratuita
¡Sálvese quien pueda! Autor: Andrés Oppenheimer. Editorial: Debate. Precio: $549. Presentación: el autor visitará la Argentina para presentar su nuevo libro en el CCK, el 16 de agosto, a las 19 (Sarmiento 151). Entrada gratuita

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