¿Podemos aguantar este gasto público?

1 de agosto de 2018  • 02:02

Normalmente el gasto público consolidado era del 33% del PIB, si tomamos el período 1970-2001, en tanto, que los recursos totales alcanzaban el 28 % del PIB, por lo que el déficit consolidado del sector público era, en promedio, del 5 % del producto, excepto durante la convertibilidad cuando fue algo más bajo. Con los Kirchner, especialmente con Cristina, dicho gasto consolidado llegó al 47 % del PIB, pero como los ingresos eran en total de 39% del producto, el déficit fiscal total (Nación, Provincias, Municipalidades y BCRA) ascendió al 8 % del PIB.

Ahora con Mauricio Macri el gasto total del Estado bajaría unos 5 puntos. En relación a los recursos, si bien algunos impuestos y tasas han bajado, como las retenciones a los granos y oleaginosos, el problema está en que otros impuestos y tasas han aumentado por lo que el total permanece en el orden de 35% del PIB. Estos impuestos son muy altos como para permitir que las empresas amplíen su inversión y tengan rentabilidad, teniendo en cuenta que sólo se recauda sobre la economía formal, por lo cual el Gobierno no ha podido cumplir con las metas de inversión. Esto significó que la pobreza, si bien bajó al principio del actual mandato, ahora está creciendo y ya estaría en el 30% de la población total, lo que está muy lejos de ser "casi cero" como quería el Presidente al definir las metas de su gestión.

Podemos ver en el siguiente gráfico la evolución del gasto público consolidado a lo largo del tiempo. En el mismo se puede comprobar que dicho gasto, como hemos dicho, era de cerca del 33 % del PIB del país y oscilaba alrededor de este número a lo largo de los años.

Ahora lo que pasó con Cristina Kirchner fue algo distinto. Se fue de ese nivel de alrededor del 33 % del PIB y llegó a ubicarse en el 47 % del PIB, como pasó en 2015. Este número fue desproporcionado. Con Mauricio Macri dicho gasto consolidado bajó pero está muy lejos de llegar a números similares a nuestro promedio histórico.

¿A cuánto debería ir nuestro gasto público consolidado? El nivel, en relación al tamaño de la economía, debería estar en el 30 % del PIB y no más allá de este número. Esto significa que debería bajar aún unos 12 puntos del producto como gasto público consolidado del país.

Lo que razona una empresa, tanto si es argentina como si es del exterior es que, en realidad, ese gasto público se deberá pagar, ahora o después, con nuevos impuestos. Pero estos impuestos nuevos se van a sumar a los ya muy altos que hoy tenemos en el país.

Si se dejara este nivel de gasto concentrado en el Estado, ¿hasta dónde podrían ir en el futuro todos los impuestos? Seguramente serían mucho mayores de los que tenemos hoy. Recordemos que la tasa de impuestos es ya ahora una de las más altas del mundo y aún tendría que ser mayor que la actual.

Este es un problema serio para la inversión, aunque la misma ha mejorado algo más que el PIB desde que está Macri. Es cierto que el producto no ha crecido mucho, por lo cual algunas decisiones de inversión, al ser su período de ejecución más largo de lo que puede ser el ciclo del PIB, pueden representar un aumento de su proporción con la actividad corriente del país de cada momento.

En otras palabras, tenemos un gasto público consolidado muy alto, arriba del 42 % del PIB, y los impuestos son menores que esta proporción de la actividad económica. La solución, hasta ahora, fue financiar la diferencia o déficit con deuda, pero a esta deuda habrá que pagarla con impuestos mayores en el futuro. Por este motivo, unido a un tipo de cambio que fue bajo y con impuestos que ya son altos y aún podrían ser peores, es muy difícil obtener un flujo de inversión bruta interna fija que se establezca en un nivel alto.

Un nivel de inversión fija alto puede significar fuertes empresas, sólidas y pujantes, quizá no tanto como ocurrió en China u otros países asiáticos, pero que podría representar una esperanza para los argentinos. Además de bajar el gasto público consolidado y los impuestos correspondientes, necesitamos un tipo de cambio adecuado, unas tasas de interés similares a las del resto del mundo y una legislación laboral acorde con la que tenemos en la mayoría de los países.

Con una inversión más alta se podría ocupar a mucha gente ya sea que la inversión se encamine a Pymes como a grandes compañías. De esta forma se podría ir borrando la pobreza y se podría ir cumpliendo con el objetivo de que la misma fuera llegando con el tiempo a "casi cero" del total de la población, como quería el Presidente.

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