El varieté de María Elena Walsh

Norberto Frigerio
Norberto Frigerio LA NACION
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2 de agosto de 2018  

En el variado olimpo cultural de nuestro país, entre otros dioses como Borges, Bioy Casares, Alfonsina Storni, Cortázar, Mujica Lainez, Güiraldes o José Hernández, le cabe a la entrañable María Elena Walsh un espacio propio, sólido y de rotundo liderazgo entre niños, jóvenes y adultos.

Poetisa, escritora, periodista agudísima, guionista, difusora del cancionero folclórico, refundadora de la literatura infantil, casi una socióloga, una intérprete de la condición humana, infatigable, en la adversidad, irreverente, y transgresora, María Elena Walsh le puso letra y música a la vida de todos los argentinos por más de 60 años.

Nacida allá por 1930 en Ramos Mejía, publica su primera obra con escasos 17 años, Otoño imperdonable, libro de poemas celebrado entusiastamente por Pablo Neruda y Juan Ramón Jiménez.

A su condición de música le suma la de investigadora, por lo que sus canciones exceden el mero placer de lo musical y se transforman en verdaderos estudios antropológicos, donde nada escapa a su ojo sutil, a su sencillo verso, impregnado de recuerdos.

París la recibe y la marca para siempre; sus techos de pizarra, sus otoños y también la nostalgia de las distancias y lo que se fuga de la vida en el día a día, quedan plasmados en muchos versos que van viendo la luz de su infinita creación.

Supo de la gloria cuando recibió el Gran Premio de Honor de Sadaic, y conoció también los rigores de las dictaduras, a las que enfrentó infatigablemente con su pluma crítica, si de defender libertades se trataba. Ella supo estar en las tradicionales listas negras cuando nuestra Constitución estuvo conculcada.

Con su tortuga Manuelita de Pehuajó, con su imaginación maravillosa -a Juan Sebastián Bach, escribió, Dios le dictaba el argumento-, con su "Balada de la mariposa" o su evocación de Bartolomé de las Casas, se convirtió en un faro universal. Su luz fue única. Los ejecutivos de aquella época fueron radiografiados casi despiadadamente -"del sillón al avión, del avión al salón, del harén al edén..."-, palabras vigentes tantas décadas después.

Supo del dolor físico como pocos y luchó contra la enfermedad, cayendo tantas veces como tantas se volvía a levantar, para seguir el andar de la vida y de su genio.

Esta artista reconocida como ciudadana ilustre por infinidad de países, siempre se sintió hondamente apegada a lo telúrico y a lo más íntimo del acervo nacional.

Rescatar su verbo, el pensamiento, su condición de artista singular, así como ese universo que nos legó, es parte de una exigencia que corresponde llevar adelante.

Los argentinos no tenemos mala memoria, no nos olvidamos de nuestros artistas. No se trata solamente de un acto de justicia hacia esa poetisa singular, sino de una manera de rescatarla del ayer y evocarla en el hoy con su impronta y su genialidad. Distintas generaciones sueñan con recrear sus canciones y su poesía.

La empresa editora de LA NACION, después de muchos meses de laboriosa tarea con Sara Facio, presidenta de la flamante Fundación María Elena Walsh, quiere rendirle homenaje a su trayectoria y honrar en el escenario el legado artístico que nos dejó, una verdadera leyenda con toda su música y talento, que este lunes llegará al Teatro Colón como una manera de decirle ¡muchas gracias, inolvidable María Elena!

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