Para tener éxito hacen falta buenos líderes

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
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2 de agosto de 2018  • 02:37

El líder existe para organizar al grupo ya que todo grupo necesita de la presencia de un líder que brinde organización. El líder "administra al grupo" pero, de ninguna manera, es dueño de éste.

¿Por qué es importante la organización que trae el líder? Para crear consenso y aportar dirección, de modo que el grupo no se destruya a sí mismo sino que alcance su objetivo. La gente, desde afuera, debe observar que el líder provee beneficios al grupo. Si no existieran los líderes, los miembros del grupo no sabrían cómo manejarse.

Ahora bien, una empresa puede nombrar a un jefe pero no puede nombrar a un líder. El liderazgo es un título que tiene que ser ganado y es el mismo grupo el que le otorga la autoridad informal (la verdadera autoridad) al líder. Esa autoridad que el líder obtiene de la gente se construye y lo convierte en un líder de la llamada por los especialistas manada.

Analicemos las actitudes de un líder con estas características:

1. Está feliz de ser líder y lo demuestra. El líder disfruta de su tarea, no la padece. Es una persona con aplomo, solidez interior y autoconfianza. Pero para llegar a ese lugar, primero debe construir "quién es", es decir, su "yo privado". Desempeña su tarea a diario con una sonrisa, con calma, con tranquilidad. Dicha actitud corporal de paz deja en evidencia el hecho de que está parado en su experiencia. En cambio, cuando un líder corre de un lado al otro con cara de preocupación, está transmitiendo su falta de experiencia y de aplomo, lo cual genera inseguridad en sus seguidores.

2. Hace soñar al equipo. El líder es el primer convencido de que se puede llegar a la meta que el equipo se ha propuesto. Construye el equipo, a través de la visión, y lo motiva siempre a ir por más. Reflexiona antes de actuar. Se toma su tiempo para pensar escenarios y ensayar soluciones. Un buen líder debe planificar su conducta, no puede desempeñarse por intuición ni improvisar. Tanto en lo individual como en lo grupal, es fundamental planificar cada acción y no dejar nada librado al azar. La planificación permite anticiparse a las crisis y nos hace vislumbrar el futuro.

3. Cuida al equipo y lo conduce a la meta. Quien no cuida a su tropa no es líder. El líder demuestra su interés por el otro en hechos simples como preguntar: "¿Cómo estás hoy?". Es honesto, íntegro y genera confianza. Sugiere, no ordena. Mantiene decisiones firmes pero no consulta todo. No busca su grandeza sino la grandeza del equipo. Que un líder procure el bien individual es un fin; que un líder procure el bien grupal es un medio.

4. Ubica a cada uno en "su lugar en la cancha". El líder no trabaja por diez personas sino que pone a diez personas a trabajar. Hace que cada uno se sienta bien en su rol. Y, en términos futbolísticos, si alguno está mal ubicado "en la cancha", lo cambia de lugar. Su prioridad es el "nosotros", no el "yo". Jamás corrige en público, lo hace siempre en privado. Tiene el hábito de felicitar a los demás pero va rotando de persona.

5. Motiva a su tropa (a cada uno "a medida"). El lugar correcto para cualquier persona es aquel donde puede hacer aquello que ama. El líder le suele preguntar a su gente qué cosas le interesan. Así puede decidir cómo motivarla (por ejemplo, a través del deporte, de la música, de la cocina, etc.). Un discípulo que hace lo que le gusta no necesitará ser motivado porque siempre tendrá motivación interna. ¡Sin necesidad, no hay motivación! Hasta que no se llega al deseo de una persona, no surge el compromiso constante. Cuanto más específica sea la meta, mayor motivación existirá. Esto incluye tanto las metas propias como las grupales.

6. No pierde su rol jamás. El líder construye un vínculo amigable pero no pierde el objetivo de su rol ni la tarea que debe desarrollar el equipo. Por ejemplo, si organiza una cena cultiva la amistad, pero nunca pierde el foco, es decir, el lugar en el cual fue colocado para poder guiar a la tropa. Aun en charlas informales, les enseña a los demás. No acepta dinero ni regalos ni nada gratis. Es consciente de que es observado todo el tiempo.

7. Sabe manejar la presión y el estrés personal. El líder jamás pierde el control, pues ha aprendido a moverse bajo presión. Por eso, se fija metas cortas y disfruta cada paso hasta alcanzar su cumplimiento. Con respecto a las redes sociales, cuida dicho espacio y nunca escribe nada estando enojado o molesto por algo.

8. Supervisa todo con sus mentores. El líder es un eterno alumno. Está siempre aprendiendo y tiene muchos mentores con quienes supervisar todo lo que hace.

Para concluir, todo líder debería ser un poco admirado o idealizado como alguien capaz de ayudarnos a llegar al objetivo. Todo se levanta o se cae a través del líder. Sos jefe porque te nombran; sos líder porque te ganás la posición de tal. El caudillo no entrena ni capacita a nadie; el líder ama la visión y ama a la gente a quien ayuda a desarrollarse porque el triunfo de la tropa es su triunfo.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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