Lucas Mathysse le puso punto final a una carrera brillante, pese al último acto

Osvaldo Principi
Matthysse, en el último capítulo de su carrera
Matthysse, en el último capítulo de su carrera Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
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2 de agosto de 2018  • 23:59

Lucas Matthysse oficializó ayer una decisión que su cabeza ya había tomado cuando su cuerpo, abatido y cansado por la fajina de este oficio ejercido desde sus 14 años, se rendía con poca oposición ante los puños de un viejo y ganable Manny Pacquiao , en un ring de Malasia, en el mediodía asiático del 15 de julio último.

Aún, con los ecos de un látigo crítico que jamás admitirá su rendición tibia como parte del célebre "Ultimo acto boxístico", Lucas, a los 35 años, escribió varias veces "¡Gracias!", al redactar en Trelew, a su manera, el testimonio del retiro del boxeo.

Con Matthysse se cierra un ciclo brillante del pugilismo nacional y se esfuma la existencia de un trío colosal que atrapó la atención del mundo con carteleras inolvidables. Tal si fuesen tres bandoneones irrepetibles: "Matthysse, Maidana y Maravilla Martinez", constituyeron un conjunto de campeones fantásticos, participes de un período histórico y magistral (2008 - 2015), cercano al de la incomparable terna compuesta por Carlos Monzón , Víctor Galíndez y Nicolino Locche , en la década del 70.

Matthysse, Maidana y Martínez suplieron a un célebre trío que, también, parecía irrepetible en la agonía de los '90: Juan Coggi, Jorge Castro y Julio César Vásquez. Y ello tiene un gran significado.

Este es el valor que alcanza la campaña de Lucas Matthysse, hijo, sobrino, hermano, cuñado y tío de boxeadores. Quien nunca encontró elogios a su guapeza tras haber peleado 7 rounds con el pómulo fracturado ante Danny García, en Las Vegas en 2013, pero sí, en cambio, tuvo una condena de fusilamiento por haber escuchado consciente y con una rodilla en tierra las cuentas del K.O ante el ruso Viktor Postol y Pacquiao.

Fue el hombre que enamoró a la industria yanqui tras su K.O. sobre Lamont Peterson, en 2013. Allí, Mike Tyson y Bernard Hopkins quedaron anonadados por su pegada y lo hicieron saber en sus testimonios de la revista "The Ring", que le ofrendó su tapa; algo que no más de 10 argentinos lograron.

De pocos amigos. Solitario, devoto del amor por su hija Priscila, del recuerdo de su perro Pirata y del desinterés por aparecer en los medios. Hasta el mismísimo Oscar de la Hoya , su manager, debió venir a Buenos Aires para potenciar su figura y adosarle un valor agregado. Nunca le importó saber por qué lo elogiaron en su auge y por qué lo ejecutaron en su caída.

Las estadísticas dirán que nació el 27 de septiembre de 1982 en Trelew. Debutó en 2004 y ganó su primera corona mundial (welter jr CMB interina) ante el africano Ajose Olusegún, en 2012. La retuvo ante Mike Dallas, por K.O .y la perdió con Danny García, en 2013. Ganó su segundo título (welter AMB) ante el tailandés Tewa Kiram, por K.O., el 27 de enero pasado y lo resignó ante Pacquiao.

Sus batallas victoriosas ante el ruso Ruslan Provodnikov y el norteamericano John Molina fueron estoicas, dignas de páginas memorables para archivar en el más alto. Sus derrotas injustas ante los ex campeones Zab Judah y Devon Alexander no lograron quebrarlo, las superó y llegó a la meta. Construyó un récord de 39 victorias (36 KO), 5 reveses y un match sin decisión.

Se retira el último gran noqueador del boxeo argentino. El ocaso, el desgaste y el vacío espiritual que acumula el paso del tiempo en un peleador, lo llevaron a perder sin grandeza su último combate y lo ayudaron a tomar una decisión difícil que implica jubilarse de un oficio que le cambió la vida y lo transformó en un campeón ilustre, valioso y espectacular.

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