El "fulbito" de las chicas, en cuentos feministas

Las autoras de Sucias de caucho (Milena Caserola)
Las autoras de Sucias de caucho (Milena Caserola) Crédito: Gentileza Milena Caserola
Verónica Dema
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4 de agosto de 2018  • 02:33

Es un grupo de nueve chicas que juega al fútbol, la mayoría de las cuales viene de las letras. Sensuales, aguerridas, desgarradas en el esfuerzo de apropiarse de un juego históricamente ajeno, asisten cada lunes al "fulbito" en una cita cruda con eso que les fue negado desde la infancia. Van y juegan, ponen el cuerpo y también escriben sobre lo que son en la cancha. Así surgió Sucias de caucho, el libro de las escritoras Julieta Halac, Flor Canosa, Ingrid Sarchman, Julia Narcy, Jimena Ruth Rodríguez, Leticia Martin, Natalia Gauna, Carolina Carrillo y Mercedes Dellatorre.

Como dice Clara Anich en el prólogo (al que mencionan como "precalentamiento") ellas "escriben sobre algo que disfrutan". Allí hay placer y fraternidad femenina. Eso se lee en los cuentos: donde también aparecen la maternidad, lo lúdico, la mirada de los hombres al otro lado del alambrado, el desamparo, el hijo muerto, la rabia, el feminismo, el encanto de encontrarse.

En este diálogo con LA NACION, algunas de las escritoras de estos relatos repasan detalles de sus "mejores jugadas".

- ¿Cómo se gestó Sucias de caucho?

- Ingrid Sarchman: Antes de que el libro surgiera como proyecto colectivo, fuimos un grupo de chicas jugando al fútbol de manera más o menos sistemática. Pero la posibilidad de armar el libro surgió a partir de una foto que subió a las redes Leticia Martin, una de las autoras, después de un partido. La foto, que estaba acompañada por un posteo sobre la experiencia del juego, fue el puntapié inicial para pensar si eso que pasaba en la cancha podía transformarse en otra cosa. Como la mayoría viene o trabaja con las letras, no fue nada extraño hacer el pasaje.

- Jimena Ruth Rodríguez: Fue así como relató Ingrid. Personalmente, cuando Leti lo planteó en el grupo del "fulbito" me recopé con la idea, pero también me pareció que iba a ser complicado: éramos un montón y la mayoría no nos conocíamos. Por eso cada cosa que se iba moviendo y se iba concretando era una alegría, hasta que en un momento sumamos a alguien de afuera, Clara Anich, para que nos coordinara.

- Julieta Halac: Creo que el libro surgió de la experiencia misma de jugar al fútbol. Para la mayoría era la primera vez que jugábamos, solo algunas ya participaban de otros otros grupos de mujeres. No hubo más consigna que la experiencia misma de jugar. Y eso a cada una nos llevó a lugares diferentes.

El grupo "el fulbito" narra las experiencias en la cancha en cuentos
El grupo "el fulbito" narra las experiencias en la cancha en cuentos Crédito: Gentileza Milena Caserola

-¿Cuándo se dieron cuenta de que había un libro?

- Jimena: Yo vi el libro la primera vez que nos reunimos a "tallerearlo". Cada una llegó con su texto y lo leyó en voz alta. La experiencia estuvo buenísima porque además de descubrir hacia a dónde había disparado cada una con la misma consigna: "fútbol", nos sorprendió encontrarnos con tantos elementos en común. Quiero decir, aunque las historias abordaran temáticas distintas, estaba claro que la mayoría de los cuentos se había escrito desde la experiencia reciente y personal de jugar a la pelota. Eso era lo que unía todos los textos, el "universo grupal" que compartían. Eso armaba el libro.

- Julieta: La primera vez que nos juntamos todas a leer el borrador de lo que cada una había escrito. Ahí sentí que se estaba armando algo interesante. Como muchas de nosotras no nos conocíamos -más que en la cancha- también fue descubrirnos como personas. Trabajar en equipo pero en otro ámbito. Otro gran desafío, desarrollar ese compañerismo y la tan anhelada sororidad [hermandad entre mujeres].

- ¿Qué temas creen que viene a poner sobre el tapete el fútbol femenino respecto de este "juego ajeno"?

- Ingrid: Una de las cosas que más aparece en los cuentos es la naturalidad con la que se acepta el juego. En algunos, la idea de que ahora todos jugamos, sin distinción de género, se dice de manera explícita, y en otros se incorpora a las prácticas cotidianas. Las dos posturas hacen hincapié en la habilitación del cuerpo femenino a patear una pelota, a golpearse, pegarse, o abrazarse después de un gol. Todas acciones que, como dice el cuento de Julieta Halac, estaban vedadas a la mujer. En todos los cuentos, a esta prohibición se la toma como una cuestión anacrónica.

- Jimena: Yo creo que de la misma manera que está ocurriendo en otros ámbitos, el fútbol femenino es otro espacio de lucha por la reconquista de nuestros cuerpos y de nuestro derecho a jugar y al placer. Porque no sólo nos estaba vedado el fútbol como deporte sino también como ritual, como un tiempo sagrado, como el carnaval.

- Julieta: Personalmente fue revelador. Mi cuento habla bastante de eso. Entiendo al fútbol como un espacio de goce y, como muchos otros, se nos fue negado históricamente. Me gusta pensar que cada vez van siendo más las barreras que caen y que nos permiten ver esos espacios vedados, algunos intrínsecamente arraigados al statu quo de nuestra cultura y sociedad.

Sucias de caucho (Milena Caserola)
Sucias de caucho (Milena Caserola) Crédito: Gentileza Milena Caserola

-¿Qué temas se tocan en el libro, para quien no lo leyó?

- Ingrid: Hay muchos, pero la principal y la que probablemente englobe a las demás es la constitución del cuerpo, en especial el femenino, pero no siempre. La mirada propia, la de los otras/os/es. Después, cada uno de ellos va a otra cuestión: competencia, muerte, locura, traiciones.

- Jimena: Coincido con Ingrid. Lo corporal es lo que atraviesa todo el libro. Todos los cuentos hacen a un mismo organismo: que goza, que aborta, que se quiere morir, que va al encuentro de sus propios límites, que descansa en otros cuerpos, que tiene memoria, etcétera.

- ¿Creen que se derriban algunos mitos respecto del tipo de mujeres que juega al fútbol?

- Ingrid: Sí, absolutamente. Porque lo que se derriba es la idea de la mujer heterosexual en posición pasiva frente a la acción constante del cuerpo masculino. En un punto, los cuentos demuestran que la machona no necesariamente es poco atractiva ni la lesbiana es una caricatura de sí misma. La enorme cantidad de personajes que existen en estos nueve cuentos permite salir de todos los estereotipos posibles.

- Jimena: Yo creo que esos mitos están cayendo -en la calle- por su propio peso muerto. Sí, sin duda la ficción es un espacio de reflexión y de debate. Me parece que los cuentos derriban cualquier mito en relación a cómo somos las mujeres -jueguen o no- simplemente por el hecho de plantear que cada una puede ser la mujer que quiera.

- Julieta: Coincido con Jimena que estos mitos se están cayendo por su propio peso. Me parece que los cuentos derriban varios mitos en relación a la mujer y el fútbol pero sobretodo creo que abren una nueva idea de juego. Hasta ahora el fútbol se "juega" como los han jugado históricamente los varones: no me refiero a las reglas sino a lo cultural. Y me parece interesante que se sumen nuevas formas de vivirlo y de disfrutarlo.

Algunas de las chicas del "fulbito" de los lunes
Algunas de las chicas del "fulbito" de los lunes

-¿Son militantes feministas? ¿Cómo viven estas vísperas de la posible sanción de la ley por el aborto legal, seguro y gratuito?

- Ingrid: Personalmente no soy militante y tengo muchas críticas para algunos colectivos. Eso no significa que no me identifique con los principios fundamentales del feminismo histórico ni con sus luchas: la igualdad laboral, la maternidad/paternidad compartida y tantas otras cosas que han posicionado a la mujer en desventaja con respecto al hombre, incluso de manera simbólica. En ese sentido, la posibilidad de que el aborto legal sea ley muestra que es posible cuestionar estos lugares y hasta revisar la idea de maternidad obligada.

- Jimena: Sí, soy feminista y trato de aprender a serlo todos los días. Tengo por supuesto muchas contradicciones y, además, suelo ser muy reservada a la hora de manifestarme pero me conmueve mucho lo que está pasando. Volviendo al cuerpo, es muy física la sensación de unión que me genera, una pertenencia que nunca había experimentado. El feminismo me abre continuamente la posibilidad de repensarme y revisar la imagen que tengo de mí misma, de cuestionar e indagar en mis deseos, en mis ganas. Ya no somos las mismas, hay un velo que se empezó a caer y la legalización del aborto es simbólicamente muy importante y, además, urgente: ya no nos pueden negar el derecho a elegir sobre nuestros cuerpos.

- Julieta: Soy feminista y me gusta mucho estar viviendo este momento de revolución. Escucho a las/los adolescentes y me pone feliz ver cómo piensan y cómo razonan la realidad. Siento que esta marea verde es imparable más allá de lo que suceda con la Ley, que espero que sea aprobada en el Senado.

El libro Sucias de caucho (Milena caserola) se presenta este domingo entre las 19 y las 22 en Morán (Pedro Morán 2147). Ciudad de Buenos Aires

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