Cándido López, el pintor argentino que documentó la Guerra de la Triple Alianza plasmándola en sus lienzos

Daniel Balmaceda
Daniel Balmaceda PARA LA NACION
En 1862, Cándido López posa con una pintura de Bartolomé Mitre, en Mercedes
En 1862, Cándido López posa con una pintura de Bartolomé Mitre, en Mercedes Fuente: Archivo
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3 de agosto de 2018  • 00:00

Los cronistas de guerra del siglo XX contaron con un elemento que fue fundamental para la descripción certera de los acontecimientos: la cámara fotográfica. Pero, en el siglo XIX, la forma de relatar la guerra era con una crónica escrita.

Roger Fenton es considerado el primer fotógrafo de guerra, al haber fotografiado la guerra de Crimea en 1855. Pero no pudo captar la acción ya que el tiempo de exposición para lograr una imagen era muy extenso.

Diez años después de las fotografías de Fenton, en 1865, existió en nuestro país un pintor, devenido en valiente soldado, que tuvo la habilidad de documentar la Guerra de la Triple Alianza plasmándola en sus lienzos. Hablamos de Cándido López.

Nació en Buenos Aires en 1840 y desde muy pequeño demostró su interés por el arte. Su padre, Sebastián López, preocupado le dijo a su esposa: "Josefa, este niño está perdiendo tiempo para aprender a ser útil en su vida". Y su mujer le contestó: "No es bueno oponerse a los designios de Dios". Por suerte, los padres de Cándido no se opusieron a esos designios.

Primero fue autodidacta, recorriendo la ciudad para dibujarla. Después se profesionalizó tomando clases con el maestro Carlos Descalzo, argentino y amigo de sus padres, y luego con un maestro italiano, Baldasarre Verazzi. Con Descalzo, precisamente, conoció los daguerrotipos, que son el antepasado de las cámaras fotográficas.

A los 19 años se fue a vivir a Mercedes, provincia de Buenos Aires, en donde se dedicó a ser retratista. De este período, su obra más famosa es "General Bartolomé Mitre", en la cual retrató al recientemente asumido presidente de la Nación.

Al volver a Buenos Aires, pretendió viajar a Europa para realizar algún curso de perfeccionamiento de su técnica. Pero en aquel momento estalló la Guerra de la Triple Alianza y el artista tomó una decisión que le cambiaría la vida. En abril de 1865 se presentó ante el Teniente Coronel Juan Carlos Boerr y se alistó en la Primera Compañía con el grado de Teniente Segundo. Así se incorporó al ejército para servir a su país.

Durante todo el tiempo que pasó luchando, Cándido López llevó en su mochila sus elementos de dibujo. Su intención era transmitir con exactitud lo que veía. Quería convertirse en un daguerrotipo humano.

Un autorretrato de Cándido López, a los 18 años
Un autorretrato de Cándido López, a los 18 años Fuente: Archivo

Participó de las batallas de Paso de la Patria, Itapirí y Yatay. Y luego de cada contienda, el dibujo. En 1866, durante el Asalto a Curupaytí, un casco de metralla le voló la mano derecha. El dolor físico no podía ser comparado con el dolor del espíritu de Cándido al ver sus sueños de pintor desvanecerse como el humo de la pólvora quemada.

Curupaytí fue un desastre para el ejército de la Triple Alianza, que tuvo que replegarse hacia Curuzú. Hasta allí llegó el teniente López, sin mano, rezando por los caídos, especialmente por su amigo González, quien quiso asistirlo en su infortunio y cayó muerto.

Ya en el hospital del campamento, y con la gangrena avanzando sin pausa, el médico tuvo que amputar hasta mitad del brazo. Las lágrimas del dolor no aplacaban la pena por la frustración de su carrera de pintor.

Pero las circunstancias adversas fortalecen al hombre. Durante la larga convalecencia, Cándido López decidió que no iba a dejar su pasión. Iba a aprender a pintar con la mano izquierda.

Desde 1868, ya en Buenos Aires, Cándido comenzó a educar a su otra mano en el arte de la pintura. Toda su obra sobre la Guerra de la Triple Alianza fue pintada con la mano izquierda. Cándido López realizó la más extensa obra sobre esta cruel guerra.

Sus pinturas fueron producto de la agudeza de sus sentidos. Trataba de memorizar colores, olores y sensaciones. Con ese objetivo, durante su época en el Ejército, juntaba flores y hojas y las guardaba en sus cuadernos, para no olvidar nada.

En una ocasión, el capitán Carmen Boerr, observó, con asombro y curiosidad, esta práctica del teniente López. Se acercó a su subordinado y le preguntó: "¿Es usted un romántico?". El artista le respondió: "No se mi capitán si soy un romántico (.) Guardo flores para que me auxilien en el futuro a reproducir con fidelidad lo que mis ojos han visto".

No sabemos si fueron las flores o la fuerte impresión de las sensaciones en su mente, pero sí sabemos que Cándido López, con admirable fuerza de voluntad, pudo legar a los argentinos las imágenes de la Guerra de la Triple Alianza a través de sus lienzos. Y con la mano izquierda.

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