Gustavo Santos: "Con el nuevo tipo de cambio, la gente no va a dejar de viajar; va a haber un traslado al turismo interno"

Crédito: Diego Spivacow/AFV
El ministro de Turismo dijo que en mayo cayó un 20% la venta de pasajes al exterior frente a igual mes de 2017 y agregó que, si la tendencia se mantiene, en 2019 podría equilibrarse la balanzaentre el turismo emisivo y el interno; sostuvo que las empresas de micros deben reinventarse
María Julieta Rumi
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5 de agosto de 2018  

MINI BIO. Cargo: ministro de Turismo. Edad: 61 años. Trayectoria: es licenciado en Letras por la Universidad Nacional de Córdoba, master en Políticas de Estado por la Universidad de Georgetown y se especializó en turismo en la Agencia Española de Cooperación Internacional en Andalucía. De origen radical, comenzó su carrera en el ámbito público en 1983, donde ocupó cargos en la municipalidad de la ciudad de Córdoba y otros del nivel provincial. Fue legislador provincial por la Unión Cívica Radical entre 2004 y 2007. Luego, se unió al Partido Justicialista provincial (Unión por Córdoba) y fue designado al frente de la Agencia Córdoba de Turismo, encargada de esa actividad en la provincia.

Gustavo Santos colecciona pequeñas réplicas de aviones de distintas compañías. Su mesa de reuniones está rodeada de ellas con las narices mirando hacia el centro. Esto podría explicarse con un leitmotiv de quien ejerce el cargo de ministro de Turismo de la Nación, quien afirma que el turismo es "conectividad o muerte" y, desde esa visión, justifica una política aerocomercial que se abre. Aunque dice que el trabajo que realizan en su cartera es "estructural", la devaluación de los últimos meses podría ser un "anabólico" de cara a la temporada de verano; por ahora, admite, el impacto pudo haber sido mínimo porque los viajes requieren un tiempo de programación.

-¿Qué evaluación hace de la temporada de invierno?

-Fue un muy buen invierno, con 5 millones de argentinos viajando por el país, un impacto económico del orden de los $23.000 millones y niveles de ocupación muy altos en los destinos que son específicos de invierno. El desarrollo del turismo es directamente proporcional al desarrollo de la conectividad. En el caso particular de Bariloche, generamos vuelos internos con una oferta de asientos para todo el invierno del orden de las 350.000 butacas nacionales y unas 150.000 internacionales. Tres firmas brasileras volaron directamente y una nos está pidiendo extender los vuelos hasta mediados de septiembre.

-¿Se notó el impacto de la devaluación en cuanto a argentinos que dejaron de viajar al exterior y optaron por destinos locales?

-Creo que pudo haber algún impacto positivo, pero mínimo por lo menos en este cortísimo plazo. Es muy pronto. Los viajes tienen un nivel alto de programación, sobre todo los viajes al exterior. Yo pienso que si se mantiene un valor competitivo del dólar en términos comparativos con las otras monedas de la región, sí puede impactar fundamentalmente en el verano. En el verano sí podremos ver un anabólico sobre lo que veníamos haciendo. Y hablo de anabólicos porque en 2017, con un dólar que decían que estaba atrasado, batimos récords. Tuvimos 13 millones de pasajeros en vuelos de cabotaje y este año podemos terminar con un número de entre 14 y 15 millones.

-Días atrás se eliminó la banda mínima de los pasajes y se abarataron los tickets, pero muchos turistas se quejan de los precios en destino, ¿están conversando con operadores para que toda la experiencia de vacacionar en el país sea más atractiva?

-Nuestra visión está clara y es que, donde de genera competitividad, donde se eliminan monopolios, oligopolios y concentración económica y hay oferta múltiple y competencia, entonces hay mejores precios y se beneficia la gente. Lo hicimos con el sector aerocomercial, pero la virtud del sector de alojamientos es que está tan atomizado, tan dividido en pymes y micropymes y con tanta oferta diferente, que eso evita cualquier estrategia oligopólica de precios. Esto, más allá de que en el marco de la feria Caminos y Sabores personalmente firmé un acuerdo con las dos entidades rectoras del empresariado de alojamiento, la Fehgra y la Ahtra, para que tengamos precios cuidados, no como una estrategia de control de precios en la que no creo, sino para transmitir un mensaje de mantener tarifas, sobre todo para evitar esa conducta tan argentina de trasladar una devaluación del dólar en forma directa cuando los costos no están impactados por lo menos de esa misma manera por el dólar. En el invierno vimos una buena respuesta en general.

-¿Cuál es la expectativa de cara al verano?

-Cuando hay aviones que bajan los precios y un sistema que por su propia naturaleza, como el del alojamiento, tiene alternativa de precios, creo que debería empezar a impactar un poco más una moneda más competitiva, tanto en lo referido a los mercados externos como a la sustitución del turismo emisivo argentino por el turismo interno. Es decir: hay una porción de argentinos que va a dejar de viajar al exterior y que seguramente elegirá, no sé si en la misma proporción, vacacionar internamente. En mayo vimos que el número de pasajes que se vendieron para distintas fechas hacia el exterior dio una caída del 20% contra mayo de 2017. Es un número, luego hay que ver si se da el traslado, pero uno podría esperar que aumente el turismo interno porque creo que la gente no va a dejar de viajar.

-¿Cabe esperar que el turismo emisivo caiga más?

-Estuvimos evaluando con nuestro equipo que, si la tendencia se mantiene, estaríamos llegando en 2019 a niveles de equilibrio [de la balanza de turismo] bastante razonables. En el último trimestre del año el desequilibrio estaría en el orden del 15%. Estos son pronósticos. Dependemos de que la tendencia se mantenga.

-¿Cómo fue la caída en el mix de destinos?

-Europa, como destino, cayó mucho menos, un 7% u 8%, con lo cual se evidencia que el que viaja a Europa tiene otra espalda y otra expectativa. Por otro lado, Chile cayó 35% y la región del Caribe, un 39%. En el caso de Chile es evidente que se trata de viajes de compras que implican muchos más dólares que el viaje. Por eso la baja de Chile es más importante que la del Caribe, porque allí no se compra. De hecho, el impacto del viaje terrestre a Chile en el déficit de balanza de 2017 fue muy alto, algo así como US$1300 millones que solo se explicaban por el país vecino.

-¿Se invirtió la tendencia? ¿Ahora hay más chilenos que vienen a la Argentina que argentinos que viajan hacia allí?

-Sí. Estamos teniendo un rebote, fundamentalmente de destinos limítrofes. Hay más pasajeros chilenos que viene por aire y el número de los terrestre se ha incrementado. Esto sí es muy importante para el nuestro número final. Y lo notamos en este julio, inclusive en destinos de nieve como Las Leñas. Lo hemos notado en varios lugares.

-¿El flujo de turistas brasileños también aumentó?

-Sí, hay mucho brasileño, incluso en Buenos Aires. Y este año se explica por la devaluación. Brasil fue el segundo país al que más le impactó lo internacional y, si bien no devaluó como nosotros, la devaluación fue alta. Con lo cual, Chile, al estar estable, se puso un 30% más caro y la Argentina, un 15% a 20% más barato. No es 50% más económico, porque ellos devaluaron el 30%, pero sí más barato que Chile.

-¿Qué falta hacer en lo que respecta a infraestructura para atraer más turismo?

-En Iguazú la pista, la parte aérea, ya está hecha, y lo que nos falta es la parte terrestre, lo comercial. Pero sí se mejoraron Chapelco, Mendoza, Tucumán y Jujuy, que está ahora en obras. También entra en obra Córdoba, con una ampliación muy importante, con el hub de Aerolíneas y con la decisión de casi todas las empresas de tener una de sus bases en Córdoba por una cuestión estratégica geográfica. Junto a la infraestructura también estamos trabajando en mejorar aspectos que son subalternos, pero que corrigen cuellos estructurales, como el sector del transporte turístico y los autos de alquiler. Para dar una idea, el registro que permitía operar como transporte turístico estaba cerrado desde hacía años. Y con respecto a los coches de alquiler, la Argentina tiene 8000 vehículos contra los 30.000 de Chile. Es como nos pasaba con los aviones. Estamos viendo cuáles son los cuellos de botella, porque si no va a salir barato viajar a Córdoba, pero más caro alquilar un auto para ir a las sierras... costará más caro el collar que el perro.

-En el área de migraciones, ¿que se está haciendo?

- Estamos trabajando con Migraciones en la Mesa de Fronteras y hemos avanzado en aspectos de facilitación. En particular, sacamos la Autorización de Viaje Electrónica (AVE) para que los chinos que tengan la visa estadounidense o europea puedan venir a la Argentina, y ahora la hemos extendido a 73 países. Esto va a empezar a funcionar en unos 60 días y facilita el trámite a quienes quieran viajar a la Argentina, sobre todo en países donde no hay consulado. Vamos a seguir tomando medidas de facilitación y apertura al mundo. Hemos hecho una propuesta a Chile y Brasil, aunque con Chile está más avanzada la gestión, para que haya una aceptación conjunta de visas. De modo tal que una visa chilena tenga valor en la Argentina y viceversa. Con lo cual, tengo mucha esperanza de que en la reunión bilateral de la segunda quincena de agosto podamos estar cerrando esto.

-¿Puede esperarse algún conflicto con los micros por la eliminación de la banda mínima en la tarifa de pasajes aéreos?

-Los puede impactar, pero creo que esto va a generar reacciones proactivas. Ahora hay nuevas reglas de juego. Hemos firmado con ellos y con el Ministerio de Transporte campañas con descuentos del 30% y finalmente creo que vamos a terminar en una multimodalidad, que debe ser complementaria, porque si no, es imposible. Van a tener libertad para cobrar menos y si tienen asientos vacíos, jugar con la oferta y la demanda. En Chile vuela más gente que en la Argentina, pero también viaja más gente en colectivo, con lo cual no es que un sistema canibalizó al otro. Sin lugar a dudas va a impactar en un nicho de larga distancia, pero si se reinventa y se recicla donde no hay competencia, y si se genera una relación de feeder entre el sistema aerocomercial y los colectivos [que el avión le abra más oportunidades al transporte terrestre], va a andar bien. En mi visión, en un país donde cada vez viaja más gente porque tiene mejores condiciones y han bajado los precios, va a crecer tanto el movimiento aerocomercial como el terrestre, porque va a crecer la base de personas que van a viajar.

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