Movilidad social ascendente, sobre ruedas

Claudio Jacquelin
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4 de agosto de 2018  

Casi desde la institucionalización del país y hasta mediados de los 70, la movilidad social ascendente caracterizó y diferenció a la Argentina de la mayoría de los países latinoamericanos.

Desde entonces, los años de plomo, de mala praxis y de latrocinio de diferentes gobiernos, la sostenida degradación de las clases dirigentes y cierta complicidad social, solo alterada por catástrofes, pusieron, primero, un freno a ese círculo virtuoso. Luego, hicieron girar la rueda en sentido inverso hasta una decadencia estructural solo alterada por paréntesis enceguecedores y amnésicos.

Contra esa regla, aparecen impactantes excepciones en los cuadernos de la corrupción K. Dicen que Dios y el diablo están en los detalles y allí hay una perla muy ilustrativa, el admirable progreso de los miembros del gremio de choferes: Rudy Ulloa, Roberto Baratta y el polígrafo Oscar Centeno. Si a ellos se les suma la familia camionera Moyano y el taxista Omar Viviani habrá que concluir que para algunos la movilidad social ascendente sigue yendo sobre ruedas.

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