Robin Williams, entra en mi mente: un fascinante viaje a las profundidades de un artista inigualable

Fuente: LA NACION
Diego Batlle
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6 de agosto de 2018  

Muy buena / (Robin Williams: come inside my mind) / Documental de: Marina Zenovich / Duración: 116 minutos / Estreno en HBO: hoy, a las 22 (con múltiples repeticiones) / Disponible también en: HBO Go.

El próximo sábado se cumplirán cuatro años de la muerte de Robin Williams, uno de los actores más populares, entrañables, versátiles y multifacéticos del cine, la televisión y los escenarios de los Estados Unidos.

Robin Williams: Entra en mi mente tuvo su première mundial en enero último, en el marco del Festival de Sundance, pero HBO esperó para estrenarlo en sus señales de América Latina justo cuando se celebra un nuevo aniversario de la desaparición (demasiado temprana, a los 63 años) del arrasador cómico que marcó al humor durante casi cuatro décadas.

El morbo de cierto segmento del público lo acercará a las cuestiones más sensacionalistas, como -por ejemplo- los detalles de su muerte ahorcándose con un cinturón cuando ya sufría los efectos crecientes de un síndrome degenerativo del cerebro (demencia con cuerpos de Lewy), o su hiperactividad, desenfreno y adicciones al alcohol y las drogas (fue el último en estar con John Belushi la noche de marzo de 1982 en la que este otro genio cómico apareció muerto por una sobredosis de cocaína y heroína).

Pero, si bien esas facetas están presentes en el documental de Marina Zenovich (directora de otro muy buen documental como Roman Polanski: Wanted and Desired), Robin Williams: Entra en mi mente se concentra en su inagotable caudal artístico, en ese torbellino que tomó por el cuello y dominó a la comedia norteamericana desde fines de los 70.

Más allá de algunos lugares comunes del documental biográfico (como una torpe y subrayada musicalización), Robin Williams: Entra en mi mente resulta un retrato fascinante que, a partir de valiosos testimonios (su gran amigo Billy Crystal, Eric Idle, Whoopi Goldberg, David Letterman, Steve Martin, Pam Dawber, Mark Romanek, una de sus tres exesposas -Valerie Velardi- y su hijo mayor, Zachary Williams) y con el preciso montaje de un extraordinario material de archivo sobre todo de su intimidad familiar (hay muchas imágenes inéditas), de la trastienda de sus trabajos y de sus performances en vivo (fue un insuperable exponente del stand-up), expone las múltiples aristas de un intérprete al que siempre se intentó etiquetar (limitar) como un payaso desbordado cuando en realidad fue uno de los actores más sorprendentes e inclasificables de su época.

La película recorre buena parte de su trayectoria: desde sus inicios escolares en Chicago y su formación en la prestigiosa Juilliard School de Nueva York bajo las órdenes de John Houseman hasta su explosión a partir de 1978, con el papel del marciano Mork en la exitosa sitcom Mork y Mindy, pasando por sus míticos shows en clubes (como The Comedy Store, en Los Ángeles), teatros (como el Metropolitan Opera House de Manhattan), televisión y sus múltiples incursiones en el cine: sus trabajos para Terry Gilliam en Las aventuras del barón Munchausen y Pescador de ilusiones; Buenos días, Vietnam, de Barry Levinson; La sociedad de los poetas muertos, de Peter Weir; Retratos de una obsesión, del apuntado Romanek; En busca del destino (por el que ganó su único premio Oscar), de Gus Van Sant, y éxitos masivos como Papá por siempre, Despertares o Jumanji.

Narrado en off por el propio Williams a partir de entrevistas grabadas, el film -que acertadamente se propone desde su subtítulo como un viaje a las profundidades insondables de la mente del artista- pendula todo el tiempo entre el magnetismo que contagiaba tanto entre sus amigos y familiares como entre el público, su incansable actividad que lo dejaba agotado y agobiado, y sus profundos traumas y miserias personales.

Pocos documentales son tan hilarantes (sobre el escenario siempre era imprevisible y brillante) y al mismo tiempo tan tristes y desoladores como Robin Williams: Entra en mi mente. Parte del mérito hay que buscarlo, por supuesto, en la investigación y el trabajo de edición del film, pero el resto corresponde a las potentes imágenes en las que se observan la audacia y la creatividad de este artista único e incomparable al que se extraña cada vez más.

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