Cuadernos y servilletas

Carlos M. Reymundo Roberts
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6 de agosto de 2018  

¿Qué tienen en común los ya célebres cuadernos del chofer Oscar Centeno, el mensajito que le mandó el ministro Luis Caputo a la diputada Gabriela Cerruti en plena sesión en el Congreso y la también famosa servilleta en la que Carlos Corach, ministro del Interior de Carlos Menem, le escribió a Cavallo los nombres de los jueces federales alineados con aquel gobierno? No, el rasgo común no es que los tres casos provocaron escándalos, obviamente de distinta envergadura. Lo que comparten estas historias es que tienen el mismo soporte: el papel. Centeno tiene un smartphone y podría haber grabado o escrito en él, pero prefirió los viejos -o clásicos- Gloria. Si hubiese optado por dejar su testimonio en el teléfono, no estaría su letra, una prueba fundamental de que es el autor de la bitácora que tiene en vilo al país.

Esto no es, aunque lo parezca, una reivindicación principista del papel hecha por oposición al mundo digital. Cada uno tiene su funcionalidad, su espacio. Más que reivindicación, que por cierto no hace falta (nadie se va a limpiar la boca con un celular), es un tributo. Un tributo a un soporte inigualable y, para muchas cosas, irreemplazable. El papel sigue teniendo un papel en la historia.

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