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Grandes Esperanzas

Perdió a su marido y su hermana con un mes de diferencia; a través del auto-conocimiento logró superar la angustia

Jimena Barrionuevo
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7 de agosto de 2018  • 00:08

Sintió que el mundo se le caía encima. Siempre había estado muy orgullosa de la relación que tenía con sus dos hermanas: eran amigas, confidentes y compañeras. Pero el cáncer afectó a una de ellas y, con 42 años, falleció. Mónica Greco quedó devastada; a duras penas logró rearmarse anímica y emocionalmente y, cuando creyó que por fin lo había logrado, su esposo y su otra hermana también enfermaron. En el término de dos años, fallecieron con un mes de diferencia.

Sintió que una sensación de ahogo constante le oprimía el pecho y no la dejaba respirar. Estaba atravesando el momento más duro de su vida. Tenía dos hijas adolescentes y no podía bajar los brazos. Y estaba sola. "Vivo a 360 km de la ciudad de Buenos Aires, mis hijas en ese momento estaban en la facultad y para mí fue muy difícil poder salir adelante porque no quería que dejaran sus estudios y vinieran a acompañar a su mamá, que había quedado sola. Entonces saqué fuerzas de donde pude. Mi esposo era comerciante de calzado, seguí con el negocio un año mas y después lo vendí", recuerda. Al poco tiempo comenzó a pintar, lo hacía hasta altas horas de la noche, como una forma de meditación, se dejaba llevar por el pincel y en ese momento se transportaba a un estado de absoluta paz que la tranquilizaba.

Mónica en una celebracion en una fuente sagrada realizando una ofrendaen Indonesia
Mónica en una celebracion en una fuente sagrada realizando una ofrendaen Indonesia

Casi sin darse cuenta, por esos misterios del destino que los humanos desconocen, un buen día se anotó en un taller con un chamán en Capilla del Monte, en el Cerro Uritorco en la provincia de Córdoba. Allí aprendió a valorarse y a redescubrirse. "Fue una experiencia inicial muy linda, se trataba de buscar la paz, la felicidad, disfrutar y valorar la naturaleza". Aquel despertar la invitó a seguir camino hacia la Comunidad Ecológica Janajpacha, en Bolivia. Se vinculó con grupos de diferentes nacionalidades y allí, en conexión con la naturaleza, entre los Andes y la selva amazónica, a través de ejercicios de auto-conocimiento y meditación aprendió técnicas para superar los miedos, avanzar y dejar reaparecer su niño interior. Siguió viaje hacia Tulum, en México, y se dejó cautivar por la magia de los Cenotes, junto al mar, para profundizar en su aprendizaje interior.

"Los descubrimientos internos fueron creciendo, mientras los miedos se hacían a un costado. Esto me llevó curiosamente a viajar a la India, descubriendo el camino espiritual. Recorrí infinidad de templos, disfruté de diferentes formas de vida, de las celebraciones típicas en el río Ganges, desde Nueva Delhi hasta Nepal. Sentí una conexión profunda con mi interior a través de aromas, colores y sabores. Luego vino el sur de India, desde Mumbai hasta Indonesia, cuya cultura y paisajes deslumbrantes y sus fuentes de purificación fueron impactantes. Así fui intercalando talleres de espiritualidad y metafísica, soltando en lo cotidiano cada vez más lo material que acumulamos a veces sin uso ni sentido".

Con monjes budistas en el Taj Mahal, ciudad de Agra, India
Con monjes budistas en el Taj Mahal, ciudad de Agra, India

Lo hizo todo con mucho esfuerzo, paciencia y dedicación. Viajaba en medio de licencias y vacaciones laborales de su empleo en el Estado, solventaba los gastos con sus ingresos y con ese esquema lograba organizarse para reencontrarse con sus hijas y visitarlas mientras ellas estudiaban. Llevaba una vida sencilla, sin acumular ni gastar materialmente. Al contrario, Mónica se propuso deshacerse de lo que ya no servía en su casa, de lo que no se usaba y darle espacio a lo espiritual y generar buenas energías.

Junto a un grupo en un taller de metafísica en el Delta del Tigre, Buenos Aires
Junto a un grupo en un taller de metafísica en el Delta del Tigre, Buenos Aires

Conoció gente de muchos países, aprendió de sus costumbres. "Este año inicié cursos de Cabalá en Buenos Aires, me ayuda a crecer y comprender: entendí lo que yo viví es porque tenía fortaleza de superarlo, de no caer. Mis hijas fueron un apoyo enorme, en todo siempre, y yo hacia ellas. Una se recibió de Ingeniera en Alimentos y la otra es Productora de Cine Televisión y Fotografía. También aprendí que se puede vivir sin enfermarse, las enfermedades las genera el ser humano. Lo que debemos procurar es ser felices sin el afuera. Meditar, disfrutar de nuestro destino, alguna actividad física, visualizar nuestros deseos. Eliminar el ego, ser compasivo. Tenemos una fuerza y un conocimiento interior que es infinito, que hay que descubrir. En muchos casos se logra a través de duras experiencias de vida, pero vale la pena trabajarlo, dando amor, y agradeciendo cada nuevo día".

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