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5 capillas del Norte donde vale la pena entrar

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30 de agosto de 2018  • 17:53

Las llaves que abren las pesadas puertas de estas capillas son el gran tesoro a descubrir. Lleva su trabajo, pero siempre hay recompensa.
Las llaves que abren las pesadas puertas de estas capillas son el gran tesoro a descubrir. Lleva su trabajo, pero siempre hay recompensa. Fuente: Lugares - Crédito: Cecilia Lutufyan

No es fácil encontrarlas abiertas. Para proteger sus tesoros de los robos, como ocurrió en varias capillas jujeñas las autoridades suelen mantenerlas cerradas, pero siempre hay un cuidador cercano que tiene la llave, y tomarse el tiempo de buscarlo, suele ser recompensado. Rodeadas de paisajes asombrosos y de serranías inhóspitas, ocultan pinturas y reliquias que merecen ser conocidas.

La Capilla de El Carmen es uno de los máximos exponentes del arte colonial en los Valles Calchaquíes.
La Capilla de El Carmen es uno de los máximos exponentes del arte colonial en los Valles Calchaquíes. Fuente: Lugares - Crédito: Soledad Gil

1) El Carmen

Angastaco, Salta

Apenas pasando Angastaco, y tras cruzar por la soberbia Quebrada de las Flechas, la quinta generación de la familia Miralpeix invita a conocer la Capilla del Carmen y meterse en la curiosa historia que guardan esos gruesos muros. La espléndida iglesia se alza casi como en un pedestal, y es uno de los máximos exponentes del arte colonial en los Valles Calchaquíes. Construida en 1780 junto al río Calchaquí por el presbítero Pedro Pablo del Sueldo, la capilla fue levantada "mirando" a un pueblo que ya no está. Se fue mudando con el tiempo. Es preciso ir hasta la capilla María Auxiliadora en el Pueblo Viejo para entender bien esta historia de la que fue la primera iglesia fundada en la zona.

Detalle del altar de la Capilla de El Carmen.
Detalle del altar de la Capilla de El Carmen. Fuente: Lugares - Crédito: Soledad Gil

Cuenta la leyenda que todas las imágenes traídas desde el Alto Perú para decorar la Capilla de El Carmen fueron trasladadas a la casa de Quintín Rivero y Sara Flores de Rivero en Angastaco por el temblor de 1927. Con el tiempo, comenzó el éxodo del pueblo y para cuando Leopoldo y Gloria Miralpeix (abuelos de los actuales anfitriones de la finca terminaron de reparar la iglesia en 1969, el pueblo de Angastaco hacía años que les rendía culto a esas imágenes en la capilla de María Auxiliadora. Los Miralpeix empezaron a peregrinar para recuperarlas. Fueron a ver a Monseñor Pérez a Salta. Él autorizó la entrega. Ofició entonces misa el padre Luis Ojeda, párroco de Cafayate y bastó que les comunicara a los feligreses que se iban a quedar sin sus santos, para que los gritos se oyeran en el cielo. El pueblo se congregó para revocar la decisión de Monseñor, y fue cuando padre Ojeda encontró un documento en el que decía: "si la iglesia de El Carmen es restaurada, las imágenes deben volver a su lugar de origen". Fue la salvación. El padre Donato Vargas, que oficiaba la misa en El Carmen, congregó a sus fieles y fue responsable de la mudanza que, a pesar del papel firmado, se realizó sin que Angastaco supiera, calladitos y en procesión hasta donde están actualmente. La capilla es preciosa y el tiempo ha aplacado los rencores.

2) Nuestra Señora del Rosario

Hualfín, Catamarca

El precioso retablo del la iglesita de Hualfín, en Catamarca
El precioso retablo del la iglesita de Hualfín, en Catamarca Fuente: Lugares - Crédito: Ivana Salfity

El camino de entrada a Hualfín es un tesoro, arbolado y colmado de viñedos, después de la cuesta árida que serpentea antes de llegar a este pueblito de 700 habitantes. Lo mejor que hay para ver está a la entrada y con la puerta cerrada: es la iglesia de Nuestra Señora del Rosario.

La llave de la iglesia abre una puerta de quebracho -con hermosas tallas y pesados ornamentos- que descubre la inocencia en las pinturas del altar, los colores pasteles, las columnas torneadas y los animales de la zona en lugar de los ortodoxos angelitos. Las paredes de adobe encierran una sola nave. Hualfín confirma la regla de las iglesitas del norte: por chiquita que sea, por insulso que parezca el pueblo, de nada sirve pasar raudo. Las verdaderas atracciones no tienen letreros ni publican folletos. Hay que parar y preguntar. Golpear puertas, que las puertas se abren y siempre deparan sorpresas.

La iglesia Nuestra Señora del Rosario, de Hualfín, tiene paredes de adobe que encierran una sola nave.
La iglesia Nuestra Señora del Rosario, de Hualfín, tiene paredes de adobe que encierran una sola nave. Fuente: Lugares - Crédito: Ivana Salfity

En 1664 la corona le entregó a Asencio Mercado y Reinoso y a su mujer Josefa Sánchez de Loria una Merced Real en mérito al éxito obtenido en la Segunda Guerra Calchaquí, contra el cacique Chelemín, jefe de los indios hualfines. Este nobel título de tierras llegó años después a manos de doña María Medina de Montalvo, distinguida dama de Tucumán que obtuvo la licencia para construir la capilla en 1767. Tantos datos sirven para certificar que es la segunda iglesia más antigua de Catamarca y gloria de la larga serie de las capillitas norteñas. La familia Saravia Leguizamón, con doce generaciones en el lugar son los herederos y actuales dueños de este tesoro y legaron la custodia de sus llaves a la oficina de información turística que funciona en el Museo de Arqueología de Hualfín, pegadito a la iglesia. Los horarios, amplísimos, dicen que se puede visitar entre las 7 y las 22 horas.

3) Nuestra Señora del Rosario de Coyahuayma

Mina Pirquitas, Jujuy

La bella simpleza de la iglesia Nuestra Señora del Rosario de Coyahuayma está acentuada por lo inhóspito de su entorno.
La bella simpleza de la iglesia Nuestra Señora del Rosario de Coyahuayma está acentuada por lo inhóspito de su entorno. Fuente: Lugares - Crédito: Mariana Roveda

Esta pequeña parroquia, que también es conocida como Rosario de Susques, tiene la particularidad de su desolación. Sola, solísima, está en plena Puna a 4750 metros sobre el nivel del mar, con el volcán Granada a sus espaldas. Es prácticamente la única referencia de un pueblo casi fantasma que se conoce como Rosario de Coyahuayma y que está cerca de Mina Pirquitas. En esta zona, durante la época de la colonia, supo haber minas, y fue para sus trabajadores que los jesuitas la construyeron.

Detalle de la iglesia Nuestra Señora del Rosario de Coyahuayma.
Detalle de la iglesia Nuestra Señora del Rosario de Coyahuayma. Fuente: Lugares - Crédito: Mariana Roveda

La bella simpleza de esta iglesia está acentuada, sin duda, por lo inhóspito de su entorno. La capilla tiene un arco de entrada y una torre campanario, con su techo de paja en muy buen estado. El atrio está rodeado por un muro encalado y todo el conjunto se mantiene prolijamente blanqueado.

Hace unos años que esta pequeña parroquia -que es muy difícil de encontrar en los mapas-fue restaurada por un equipo que ganó un premio por su trabajo. La tarea consistió en restaurar los techos y las pinturas murales. Para esto reconstruyeron parcialmente los muros y los revoques de barro, reemplazaron la puerta de la nave y colocaron una instalación eléctrica embutida.

4) San Juan de Oro

Misa Rumi, Jujuy

La pequeña iglesia de San Juan de Oro, ya recuperada.
La pequeña iglesia de San Juan de Oro, ya recuperada. Fuente: Lugares - Crédito: Santiago Porter

En el Km 4980 de la RN 40 -en plena serranía de Paicone- aparece San Juan de Oro, un pueblo fantasma con una hermosa capilla, aunque a veces pueden encontrarse pastores con sus llamas. Sus habitantes emigraron a Misa Rumi, una aldea a 5 km, que se sumó a la movida ecológica de los paneles solares.

El templo, que cuenta con una abadía y un pequeño depósito atrás, es de 1700 y hasta no hace mucho estaba más abandonado que el pueblo que lo rodea. El paso del tiempo, la falta de mantenimiento y los robos habían hecho estragos, pero la gente de los lugares aledaños puso manos a la obra para recuperarlo y hasta armaron un grupo online. No es fácil ponerse de acuerdo y gestionar los recursos, pero entre 2013 y 2016 las obras de reparación del techo y las grietas de la capilla llegaron a buen puerto. Aunque todavía faltan otros trabajos para completar lo que podría ser una recuperación completa, está hermosa y lista para ser visitada. La llave la tiene el comunero de Misa Rumi. Bien vale pasar por ella.

5) Capilla de Tafna

La Quiaca, Jujuy

Capilla de Tafna, en Jujuy.
Capilla de Tafna, en Jujuy. Fuente: Lugares - Crédito: Xavi Martín

Tafna es el último pueblo de la RN 40, antes de llegar a La Quiaca, casi al límite con la frontera boliviana. En medio del altiplano y situado a 3600 metros de altura, tiene poco más de 40 habitantes y su mayor referencia es su capilla del siglo XVIII -refaccionada en el siglo XIX-, con una única nave longitudinal, dos torres campanarios y revoque torteado en barro sin pintar. Simple, bella y en muy buen estado de conservación.

La capilla de Tafna tuvo su triste momento de fama cuando en 2008 robaron varios de sus óleos de la escuela cusqueña de incalculable valor, hasta que los encontraron en una casa en Villazón, Bolivia, a uno 25 km del pueblo.

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