El drama de Jarrod Lyle, el golfista que murió después de luchar contra la leucemia

Jarrod Lyle, el golfista que murió después de luchar contra la leucemia
9 de agosto de 2018  • 10:55
La sonrisa de Lyle, que padece leucemia desde los 17 años

El golfista Jarrod Lyle murió a los 36 años por un cáncer, anunció hoy su mujer en un comunicado divulgado por la federación australiana de golf. El australiano falleció en la noche del miércoles en Torquay, una localidad cercana a Melbourne.

"Me rompe el corazón tener que decirles que Jarrod ya no está con nosotros", indicó Briony Lyle, que añadió que su marido "murió en paz" y rodeado de sus familiares y amigos. "Me pidió que les mandara un mensaje simple: 'Gracias por su apoyo a todo el mundo. Mi tiempo fue breve, pero no lo he desperdiciado si he podido ayudar a la gente a pensar y actuar en nombre de las personas que sufren cáncer'".

// // //

El Bridgestone Invitational que concluyó el domingo en Akron, Ohio, y que exhibió como campeón al norteamericano Justin Thomas, dejó una particularidad extra-golfística y un halo de tristeza: los jugadores utilizaron un crespón amarillo en sus gorras. La iniciativa se dio a raíz de la dramática situación de salud que atravesaba Lyle, que decidió abandonar su tratamiento contra la leucemia luego de sucesivas recaídas.

El profesional de golf logró dos victorias en el Web.com en 2008 y jugó 121 torneos del PGA Tour, circuito en el que participó hasta 2016. Fue diagnosticado con leucemia antes de cumplir la mayoría de edad y su organismo tuvo su primera zozobra en 2012. Tras una segunda recaída, el mes pasado, tuvo que ser ingresado de nuevo en el hospital para un tercer trasplante de células madre.

El drama de Jarrod Lyle, junto con su pequeña hija

Pese a los esfuerzos, el panorama se oscureció. Y ante la falta de resultados médicos, su mujer, Briony, subió un primer mensaje en Facebook para dar cuenta de que el estado de salud de Lyle había entrado en un callejón sin salida. La publicación vino acompañada de una desgarradora imagen de su marido en la cama del hospital abrazando a sus dos hijas.

"Mi corazón se rompe mientras escribo. Durante el día de hoy, Jarrod ha tomado la decisión de dejar de recibir tratamiento activo con la enfermedad que padece y empezar con los cuidados paliativos. Ya ha dado todo lo que podía dar y su pobre cuerpo ya no puede más. Le vamos a llevar cerca de casa para poder abandonar el hospital en unos días"

Cuando tenía 17 años, a Lyle se le diagnosticó LMA, leucemia mieloide aguda. Permaneció en cama durante los nueve meses que duró la quimioterapia y necesitó un año más de recuperación para volver a pisar un campo de golf, su pasión y deporte que terminó transformándose en su medio de vida. Un idilio que arrancó desde que hacía de caddie de su padre con seis años en Shepparton, Victoria.

El australiano consiguió su primera victoria contra la enfermedad al consagrarse en el Abierto de México (2008) y ese mismo año sumó otra en el Abierto de Knoxville. Continuó desarrollando una vida absolutamente normal, sólo alterada por los controles analíticos de protocolo para comprobar que su médula había quedado limpia.

Lyle tuvo su mejor año con dos triunfos en 2008

Había saltado al profesionalismo a los 23 años y, en ese recorrido por los tours de Oceanía y Asia, obtuvo la tarjeta del PGA Tour en 2007. Más allá de su más de centenar de certámenes disputados en la máxima gira, sus ganancias por temporada nunca le alcanzaron para consolidarse en la elite. Sin embargo, dejó en el recuerdo su hoyo en uno en el famoso par 3 del hoyo 16 del Phoenix Open, allí donde las tribunas colmadas por casi 20.000 espectadores gritan, celebran y abuchean como en una cancha de fútbol, muy lejos de las formas del golf.

Jarrod me tenía como ídolo; ahora, él es mío
Robert Allenby, golfista

Pero tarde o temprano, Lyle volvió a padecer fuertes descompensaciones en su organismo. En 2012 había jugado el torneo de Mayakoba (México) y durante el torneo lo picó un insecto que le provocó una reacción alérgica, que lo obligó a descartarse del Honda Classic. La visita al médico y los exámenes posteriores revelaron que la leucemia había reaparecido, aunque sin síntomas. La peor noticia no lo amilanó y se mantuvo en actividad, siempre con su ídolo y compatriota Robert Allenby.

Esa fervorosa lucha en los fairways menguó definitivamente en julio del año pasado, cuando la LMA volvió a atacar su cuerpo. Se sometió a un trasplante de médula, pero se quedó sin fuerza para continuar. El 21 de este mes hubiese cumplido 37 años; en sus últimos días, quiso aprovechar para compartir momentos con sus hijas Lusi Joy (6 años) y Jemma (2).

TEMAS EN ESTA NOTA