Su gato tenía un tumor y mejoró sus defensas con una alimentación diferente

Crédito: Eduardo Morcillo
8 de agosto de 2018  • 00:31

Decaimiento y fiebre fueron los síntomas que le dieron el alerta a Susana Salguero sobre la salud de su gato Amtommio de dos años, que había mostrado algunos signos de estrés a causa de la llegada de un nuevo integrante felino a la casa y le bajaron las defensas. Para buscar la causa del problema visitaron a varios veterinarios pero ninguno pudo encontrar algo específico. Pero Susana insistió y ordenaron análisis de laboratorio que resultaron dentro de los parámetros normales.

Pasaron tres años y Amtommio volvió a descompensarse. Esta vez le detectaron un fibrosarcoma (es decir, una masa firme subcutánea que tiene la forma de un nódulo duro, que poco a poco va aumentando de tamaño y que está muy adherido a la zona) y la indicación inmediata fue realizar una cirugía para extraer el tumor.

"Lo llevé a varios veterinarios, incluidos los del Hospital Escuela. Ahí me sugirieron que consultara con un especialista porque al gato le pasaba algo más allá del cáncer. Por eso, cuando en el 2017 le volvió a aparecer el tumor y viendo que estaba muy bajo de defensas, me negué a operarlo y busqué otra alternativa. Entonces di con la Dra. Teresa Hein, una veterinaria holística que inmediatamente supo decirme qué le pasaba a mi gato. Lo primero que advirtió fue que estaba deshidratado y que tenía mycoplasma. El mycoplasma felino (Haemofelis Mycoplasma) es una bacteria que produce anemia. Si el gato está mal nutrido, puede provocarle la muerte. La enfermedad puede estar presente en el gato desde su nacimiento o el animal puede haberla contraído de más grande. En el caso de Amtommio, claramente despertaba durante los episodios de mayor estrés. Se diagnostica con un examen de sangre y se debe administrar un remedio puntual". Ese mismo día, la doctora le revisó el tumor, lo midió, le puso suero para hidratarlo y armó un plan a seguir que incluía el cambio de alimentación. La única forma de salvar al gato era poniéndolo fuerte y rehidratándolo. Y eso fue lo que hizo Susana junto a la especialista.

Hein le recordó a Susana algo que ella ya sabía por su primer veterinario, el Dr. Baltazar Nuozzi: si la naturaleza de un gato es comer carne porque es carnívoro obligado (es decir que necesita de la carne para poder vivir y desarrollarse), con el alimento industrial no se logra cubrir ese requerimiento vital para ellos. "Ahora vemos muchas notas en las que se habla del boom de la comida saludable para gatos o de la moda de cocinar para nuestras mascotas cuando lo cierto es que no es ninguna moda. Mi abuela le daba de comer carne y arroz a sus perros. Y a los gatos les daba carne y verduras. Y los gatos vivieron sin problemas durante muchísimos años. La moda, en todo caso, es el alimento de paquete, que llegó para acompañar el ritmo loco de la vida moderna", asegura Susana.

La transición hacia una alimentación natural fue para Susana ciertamente intensa y, en cierto punto, desbordada. "Yo sabía, tenía clarísimo, que si no cambiaba la alimentación de ellos, iban a morir y en forma muy dolorosa y al mismo tiempo, ellos se negaban a cambiar sus hábitos alimenticios. ¿Por qué? La respuesta es simple: la comida de paquete tiene componentes que la vuelven adictiva. Es como si uno viviera a gaseosas, papas fritas, caramelos y galletas y de pronto te dicen: mañana vas a tomar solo agua mineral baja en sodio y a comer verduras al vapor. Hay una resistencia. Y acá la hubo y multiplicada por tres (porque yo tengo tres gatos). El primer día fue un horror. No quisieron comer. Un gato no puede estar sin comer o tomar agua durante mucho tiempo entonces, hay que tener cuidado con eso". Entonces Susana armó una estrategia: ir muy lento para asegurarse de que comieran. Abrió una lata de atún, preparó un puré de calabaza, los mezcló y fue poniendo en sus platos una cucharadita de esa preparación. Si la comían, ponía otra. Y así fue haciendo la transición. El día que comieron un plato completo de alimento, Susana lloró de felicidad.

Los cambios se notaron rápidamente. En primer lugar, los tres gatos, con Amtommio a la cabeza dejaron de tomar agua de modo descontrolado. "Es que el alimento industrial tiene entre un 5 y un 10% de agua mientras que el alimento fresco, de origen animal, contiene entre el 70% y 80% de agua. Eso implica un estrés significativo en los riñones de las mascotas, lo que los obliga a tomar muchísima agua por día. Mis gatos hoy por hoy, toman poca cantidad de agua porque todo lo que les doy como alimento, está muy bien hidratado y además, agrego los jugos de cocción".

Otro de los signos que le indicaron a Susana que estaba transitando el camino correcto fue el estado del pelo de los animales. Cuando el gato está deshidratado y mal nutrido, tiene el pelo hirsuto. A los gatos de Susana les cambió el pelaje en cuestión de días. Pero eso no fue todo. En el caso puntual de Amtommio, la nueva dieta natural ayudó a que cuestión de meses el tumor se reabsorbiera y desapareciera. "Mi gato tiene un gen cancerígeno pero con este cambio en la comida, sus defensas están altas. Lo veo hoy y no lo puedo ni explicar. Pesa 4 kilos, pero si lo levantás en brazos, parece que pesara más. Es puro músculo y volvió a ser gato. ¿Qué quiero decir con esto? Le cambió la mirada, el pelo... está más activo y el cuerpo no tiene colgajos".

Crédito: Eduardo Morcillo

Fue tan movilizante el cambio que significó la dieta casera en los gatos de Susana que ella decidió contar su experiencia en Mi gato Dinamita , un podcast sobre gatos, música, psicología y cine. Cuando se produjo el cambio de rutina en casa y por lo tanto, el cambio de alimentación, no solo fui contando esto en el podcast, sino que decidí empezar a subir información a través de nuestras redes sociales (twitter, instagram, facebook) y armar un blog con recetas, datos y porcentajes y variantes de menú. ¡Allí explico hasta cómo lavar las frutas y verduras! Yo sabía que algo andaba mal con mi gato. Era claro. Lo que no sabía es qué hacer porque ningún veterinario me explicaba todo esto y en algún momento prioricé la comodidad del balanceado. Un gato bien nutrido es igual que un humano bien nutrido: ¿se va a enfermar? Probablemente, pero lo va a poder soportar. Tener mascotas es un aprendizaje. Ellos son nuestros maestros. Y como todo en la vida, a veces no estamos preparados para recibir lo que ellos nos enseñan".

TEMAS EN ESTA NOTA