Que sea lo que deba ser

8 de agosto de 2018  

Si hoy sale la ley que habilita la interrupción de los embarazos, ojalá que nadie tenga necesidad de usarla nunca. Ni para verdes ni para cualquier otro color, el aborto es la mejor salida. A lo sumo, un recurso triste de última instancia. Sería raro ver festejar como un gol de mundial ese resultado.

Pero si hoy triunfa la posición contraria, ojalá que no mueran más mujeres por abortos clandestinos, aunque es difícil que eso no siga sucediendo porque la educación sexual continúa siendo una promesa, escasean los métodos anticonceptivos en los niveles más necesitados y hay nula docencia para que la mujer sea verdaderamente responsable y dueña de su cuerpo cerrando al máximo el paso a "accidentes" involuntarios.

Fueron meses de debates intensos e interesantes, pero también de opiniones prepotentes, intransigentes y hasta ridículas que les negaban entidad a los de la vereda de enfrente. Mucho grito, mucha movilización, mucho fanatismo de un lado y del otro. Oídos sordos a las consideraciones y al sentir del que piensa distinto.

Una sola consigna para quienes no se sientan favorecidos por el resultado y hoy se movilicen: a comportarse como ciudadanos de una democracia en la que se pierde y se gana.

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