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LeBron James: cuando un deportista se compromete

Ezequiel Fernández Moores
Donald Trump
Donald Trump Fuente: LA NACION
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7 de agosto de 2018  • 23:59

LeBron James explicaba en la CNN a Don Lemon, ambos afroamericanos, por qué decidió incluir bicicletas en la millonaria donación que hizo a la escuela especial de Akron, su barrio natal en Ohio. Porque la bicicleta, le dijo LeBron a Lemon, fue de niño su gran símbolo de libertad. Le permitía cruzar las vías. Conocer el mundo de los blancos. Tras la muerte de la abuela Freda en 1987, Gloria, madre soltera a los 16 años, no pudo pagar más la vivienda de cuatro generaciones de Hickory Street. Entre los cinco y ocho años, LeBron cambió doce veces de techo. En cuarto grado faltó casi cien días a la escuela. No tenía cómo ir. Pero su madre lo cuidó siempre. "No tienes idea la seguridad que te da eso -dijo una vez LeBron- cuando te faltan tantas cosas básicas". A los 9 años, ya un talento deportivo en ciernes, LeBron comenzó a vivir en la casa de sus entrenadores. Dos de ellos, Dru Joyce y Keith Dambrot, fueron claves. "Usa el basquetbol -le dijeron- como vehículo para llegar dónde tú quieras llegar".

LeBron usa el básquetbol para ayudar a los niños desprotegidos de su comunidad y también para ser el ídolo deportivo más politizado después de Muhammad Alí. Aún con toda su complejidad, LeBron vive tiempos menos hostiles que los de Alí, que fue despojado de su título y condenado a prisión porque se negó a combatir en Vietnam. Y LeBron sabe también que la NBA jamás podría permitirse expulsarlo, como sí lo hizo con Colin Kaepernick la corporación del fútbol americano (NFL). Trump está feliz porque la NFL reglamentó esta temporada que nadie más podrá arrodillarse ante el himno nacional, como lo hizo Kaepernick. El presidente demandó en 2017 que la NFL echara a "esos hijos de puta". Porque son millonarios, dijo Trump, y deben dedicarse a jugar. Muchos observan que Trump siempre replica a los deportistas afroamericanos y no cuando Greg Popovich y Steve Kerr, los dos técnicos más influyentes de la NBA, lo tratan de "cobarde" y "narcisista". Ellos son blancos.

Trump jamás había replicado antes a LeBron llamándolo por su nombre, ni siquiera cuando el ídolo lo trató de "estúpido". Ahora lo hizo porque, según cuentan analistas políticos, LeBron ya dejó Cleveland (donde el presidente quiere recuperar electorado) y partió a Los Angeles (inevitable bastión demócrata). Así, a las 23.37 del viernes, apenas después de escuchar que LeBron lo acusaba en la CNN de usar al deporte para dividir en momentos de tensión racial, Trump tuiteó: "LeBron James acaba de ser entrevistado por el hombre más tonto de la televisión. Hizo que LeBron se viera inteligente, lo cual no es fácil". Negro igual a tonto. "Racista", le dijo Dan Rather, veterano del periodismo de Estados Unidos. Lemon se preguntó "quién es el verdadero imbécil. "¿Un hombre que pone a los niños en las aulas o uno que los pone en las jaulas?". Otros compararon las Fundaciones de Trump y LeBron. La primera, obligada a pagar 25 millones de dólares por un fraude universitario. La segunda, elogiada por su proyecto de Akron, que contempla educación formal, coberturas sociales, trabajo y universidad, sin olvidar las bicicletas que ayudaron de niño a LeBron. James es hoy un mecenas, según Forbes, de 500 millones de dólares, que, entre otros proyectos, funda SpringHill para producir series de TV y cine que van desde la vida de un basquetbolista a Muhammad Alí. LeBron es además uno de los productores ejecutivos de un documental de Showtime sobre el compromiso social y político de los deportistas en Estados Unidos. Llevará el nombre de una frase ya célebre que la periodista conservadora de Fox, Laura Ingraham, lanzó contra LeBron: "Shut up and dribble" ("Cállese y juegue").

A sus 33 años, LeBron, que puede terminar su carrera como máximo anotador histórico de la NBA, tiene tres anillos y perdió otras cuatro finales, contra las seis que ganó Michael Jordan. Pero, a diferencia del astro de los Bulls, LeBron, como dijo ESPN, "representa la voz más poderosa en su profesión" y, por su compromiso social, ganó fuera de las canchas "una popularidad sin precedente". En 2012, con sus compañeros de Miami Heat, usó capuchas para protestar el asesinato de Trayvon Martin. En 2014 vistió remeras con la leyenda "No puedo respirar", el último grito de Eric Garner antes de morir asfixiado por la policía. Y lideró también el reclamo contra Donald Sterling, ex dueño racista de Los Angeles Clippers. LeBron afirma que Trump, con sus ataques a las minorías, habilita discursos sociales de puro odio y desigualdad, marchas como las del Ku Klux Klan. "Aprovechemos este momento -dijo LeBron invocando a Alí en una premiación de 2016- como un llamado a la acción a todos los atletas para que nos eduquemos, exploremos estos asuntos, expresemos nuestra opinión, usemos nuestra influencia y renunciemos a toda violencia y, lo más importante, volvamos a nuestras comunidades, invirtamos nuestro tiempo y nuestros recursos para ayudar a reconstruirlos, a fortalecerlos, a cambiarlos. Tenemos que hacerlo mejor".

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