Los ocho escalones de Boca hacia su gran obsesión: por qué nada será igual a fin de año

Ábila define en el partido ante Alianza Lima
Ábila define en el partido ante Alianza Lima Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
Pablo Lisotto
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7 de agosto de 2018  • 23:59

La reanudación de la actividad de Boca en la Copa Libertadores viene con una única certeza: su devenir en el torneo continental que tanto desea tendrá consecuencias.

Si la gana, Carlos Tevez podría anunciar su retiro y la dirigencia no sólo coronaría de la mejor manera la era Daniel Angelici , sino que lo consideraría como una llave directa a la continuidad del oficialismo en las elecciones del año próximo. Si no la logra, muy probablemente Guillermo Barros Schelotto decida no continuar como entrenador.

El partido de esta noche a las 19.30 en la Bombonera, frente a Libertad , de Paraguay, por la ida de los octavos de final, es el primero de los ocho escalones que separan al club xeneize de la cima de América.

Este sistema escalonado de disputa les permite a los clubes renovarse. Mover sus piezas e intervenir donde haya que mejorar. Eso Boca lo aprovechó de manera muy evidente, con el foco puesto en esta competencia. Sin embargo, no podrá contar con dos de las cinco incorporaciones: Carlos Izquierdoz debe cumplir dos fechas de una antigua expulsión que recibió cuando jugaba para Lanús, y Lucas Olaza no pudo ser incluido, por falta de cupo. En cambio, Esteban Andrada fue exigido como si fuera titular en las prácticas de ayer y del lunes y hará su estreno en la valla xeneize. Mauro Zárate es una fija en la poderosa línea ofensiva del equipo y el colombiano Sebastián Villa, que se ganó en pocos días la consideración del cuerpo técnico, estará en el banco de suplentes.

La presencia del exVélez entre los titulares expone una situación que se hizo previsible en el primer semestre y ahora es tangible: Tevez es suplente. El hecho está asimilado por el ídolo, quien al menos desde las palabras demuestra estar adaptado a la realidad. "El técnico dejó en claro que no soy la primera opción. Yo lo tengo bien claro y lo acepto", declaró hace una semana, luego del 6 a 0 sobre Alvarado por la Copa Argentina. Y fue más allá: "Si me toca ir al banco, lo hago contento. Me pone feliz tener los compañeros que tengo".

No hay favoritos. En la Copa te equivocás y te quedás afuera. No te podés descuidar ni subestimar a nadie. Los partidos se ganan dentro de la cancha
Carlos Tevez

El hecho de no jugar con frecuencia, sumado al detalle no menor de sus 34 años, hacen que Tevez evalúe seriamente colgar los botines a fin de año, en el caso de que vuelva a levantar la Copa que ganó en 2003. "Creo que no me quedaría nada por ganar. Es lo que deseo y me quita el sueño", confesó en febrero, y lo repite con frecuencia entre sus íntimos. Más crudo: en el caso de que Boca sea campeón de América, Tevez estará transitando sus últimos cuatro meses como futbolista profesional.

Desde el plano dirigencial existe una enorme presión dirigencial de coronar la gestión Angelici, que concluirá inevitablemente en diciembre de 2019, con la -esperada- séptima Libertadores en las vitrinas de Brandsen 805. Es cierto que estuvo muy cerca en 2012, cuando cayó en la final con Corinthians, la noche en la que Juan Román Riquelme anunció en San Pablo que se sentía vacío y se iba del club. Y tropezó en las semifinales de una edición 2016 que en los papeles parecía accesible. En ambos casos, la frustración fue grande.

Si Boca gana la Copa Libertadores, la actual dirigencia descuenta la continuidad del oficialismo al mando del club. Cree que con las finanzas en orden (en los próximos días se aprobará un balance que arroja un superávit de casi 400.000.000 de pesos) y con ese escenario de efervescencia luego de una década de sequía continental, las elecciones del año próximo serán apenas un trámite. Por eso es que las máximas autoridades, como el propio Angelici o Christian Gribaudo, su secretario general, y uno de los máximos candidatos a encabezar la próxima lista, coinciden cuando se les pregunta qué desean para este semestre: "Ganar todo".

Ojalá podamos estar al nivel de un campeón y llegar a la final
Guillermo Barros Schelotto

Como se sabe, en el fútbol nada está escrito. Eso, sumado a que la edición actual es muy difícil (la protagonizan 17 campeones), establecen un desafío grande para los que siguen en carrera. Sin embargo, fue el propio Guillermo el que elevó la vara a comienzos de año, cuando afirmó que "hacer una buena Copa Libertadores es jugar la final". No es una frase que sólo le meta presión a un plantel que -con la excepción de Tevez-, no conoce lo que es ganarla. También es un objetivo personal. En busca de superar sus propios límites, el Mellizo está convencido de que es el momento para ratificar las condiciones del equipo, y sus propias cualidades como entrenador, a nivel internacional.

En la intimidad, el DT cree que si no logra ganar la Libertadores, su ciclo estará cumplido. En ese escenario, será responsabilidad de la dirigencia evaluar su trabajo como un todo y no por un torneo puntual, y convencerlo de que la meta de intentar lograr el primer tricampeonato de la historia del club también es un buen incentivo.

Pasaron 84 días desde la dramática noche del 16 de mayo, en la que el 5 a 0 frente a Alianza Lima solo fue útil gracias al 3 a 1 de Palmeiras sobre Junior. La agónica clasificación a los octavos de final es historia. Boca ya dio vuelta la página y pone primera con el rumbo del GPS claro, consciente de que nada será igual a fin de año, pase lo que pase.

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