Carlos Thays, el francés que le dio color a los parques y estancias argentinas

Carlos Thays en las Cataratas del Iguazú, a las que visitó por primera vez en 1902. Fuente: Lugares
30 de agosto de 2018  • 08:30

Paisajista francés que llegó a la Argentina a finales del siglo XIX. Fue Director General de Paseos Públicos y diseñó varios de los parques y estancias más importantes del país.

Hijo único del matrimonio de Simon Thays -tipógrafo de origen belga- y Ernestina Paris -proveniente de una familia comerciante de Versailles-, nació en París el 20 de agosto de 1849. Quedó huérfano a los siete años y fue bautizado como Jules Charles en la parroquia de Saint Germain des Près a los diez. Sin embargo, al radicarse en la Argentina consideró necesario cambiar su nombre de pila por Cárlos (con acento), porque pensaba que así debía escribirse para su correcta pronunciación en español.

Daguerrotipo con estuche: retrata a Carlos Thays. Fuente: Lugares

En Buenos Aires conoció a la muy joven Cora Venturino, con quien se casó en la Iglesia de Nuestra Señora de la Piedad en 1892. Él tenía 43 años y ella 18. A pesar de la diferencia de edad, siempre fue un gran amor. Cora usualmente acompañaba a su marido en sus trabajos, ya fueran cabalgatas de exploración por la selva misionera, o la construcción de parques en la ciudad de Buenos Aires. Era su costumbre llevar a sus dos hijos -Carlos León y Ernestina- y una canasta de pic-nic para pasar el día juntos. Quizás a esos orígenes obedezca el hecho de que la familia Thays lleva ya cuatro generaciones de paisajistas. Carlos León (1894-1962) fue, al igual que su padre, Director General de Paseos. Su nieto, Carlos Julio Thays (1926-2017) se desempeñó en el ámbito privado y fue Presidente de Parques Nacionales. Su bisnieto, Carlos Thays (1959) es ingeniero agrónomo y trabaja como paisajista desde 1978.

Primera segunda y tercera generación de Thays. Fuente: Lugares

El pionero Thays no tuvo una formación académica sino una instrucción práctica al lado del gran paisajista francés Edouard André, con quien trabajó por más de una década, secundándolo en la construcción de sus famosos jardines europeos. Fue por su recomendación que viajó a la Argentina.

Llegó a Córdoba a los 40 años de edad -ya experimentado y en plena producción- para proyectar y construir un parque para una nueva urbanización. Terminado su trabajo, debía volver a Francia vía Buenos Aires cuando el intendente Francisco Bollini le solicitó hacerse cargo de los paseos porteños, pedido que Thays condicionó a que se llamara a concurso público de antecedentes y propuesta. Salió airoso de esa prueba, y se desempeñó en el cargo desde 1891 hasta 1913.

Carlos Thays en 1929. Crédito: Gentileza AGN

En esos años concretó y remodeló la mayoría de los espacios verdes que hoy tenemos: parques 3 de Febrero, Los Andes, Ameghino, Colón (hoy desaparecido), Patricios, Chacabuco, Pereyra, Centenario, Lezama, Avellaneda, Alvear; plazas del Congreso, de Mayo, Rodríguez Peña, Solís, Castelli, Brown, Balcarce, del Teatro Colón (hoy perdida) y jardines en hospitales, regimientos, edificios públicos, arbolado de calles, a las que dotó de 150.000 ejemplares. Al mismo tiempo, proyectó y construyó los paseos del Parque Sarmiento de Córdoba, el Paseo General Urquiza de Paraná, el Parque San Martín de Mendoza, el Parque 20 de Febrero de Salta, el paseo General Paz, el Boulevard Marítimo y la Plaza Colón de Mar del Plata, y el Parque 9 de Julio de Tucumán. Esta vastedad geográfica se amplió con sus intervenciones en Uruguay, Chile y Brasil.

Tarjeta postal del camino con estatuas diseñado por Carlos Thays en el porteño parque Lezama. Fuente: Lugares

También descolló como paisajista de alrededor de 50 parques de estancias y 40 jardines de residencias. Al repasar los apellidos de sus dueños es fácil obtener una cabal pintura de la alta sociedad de su tiempo.

Los Thays ya llevan cuatro generaciones de paisajistas: a Carlos se sumó su hijo, Carlos León, su nieto Carlos Julio y su bisniesto, Carlos.

La acción de Thays excedió la arquitectura paisajista para adentrarse en el urbanismo (Palermo Chico), en la producción (descubrió el proceso de germinación de la yerba mate, lo que permitió la extensión de los cultivos económicamente rentables), en la ciencia (intervino en la formación del Jardín Botánico de Buenos Aires como un verdadero centro científico de primer nivel; estudió nuestra flora por medio de varias excursiones que lo llevaron por casi todo el país); fue escritor (El Jardín Botánico de Buenos Aires, 1910) y periodista (redactor de la Revue Horticole, París, durante diez años). Pero además, fue gracias a sus informes que en 1909 se procedió por Ley Nacional a reservar las tierras que circundan las cataratas del Iguazú con miras a la creación de un Parque Nacional. Había sido invitado por el entonces Gobernador del Territorio de Misiones, Juan José Lanusse y por Ezequiel Ramos Mexia, Ministro de Agricultura de la Nación. Llegó el 6 de abril de 1902 y permaneció dos meses. Presentó un proyecto en el que introdujo de manera decisiva el tema del turismo a zonas naturales, combinando la protección de la zona y la intención del goce paisajístico.

Carlos Thays y su mujer, Cora Venturino en el Hipódromo de Buenos Aires, en ocasión del Gran Premio Pellegrini, noviembre de 1911. Fuente: Lugares Crédito: Gentileza Archivo General de la Nación

No olvidó sus lazos con Francia, efectuando varios viajes para comprar obras de arte para el espacio público de Buenos Aires, o para dar conferencias. Una de las más interesantes fue la que pronunció en 1913 en París explicando la importancia de los parques nacionales, donde declaró que el incipiente Parque Nacional Nahuel Huapi "no va a la saga de los más lindos paisajes de Suiza, por ejemplo, sino todo lo contrario: por su diversidad de aspecto, por la variedad y la abundancia de sus bosques naturales y de tantos elementos que le son propios, los supera por su incomparable belleza."

Plasmó sus obras buscando la estética, la higiene y la recreación, entendida esta como igual para todos los ciudadanos.

Cultivador del estilo mixto, era el gran maestro de las curvas, aunque siempre incorporó rectas para balancearlas. Cada una de sus obras tiene un sello: lagos, fuentes, estanques, piletas, kioscos, pabellones, jarrones, bancos, estatuas, escalinatas, farolas, canchas para diversos deportes, invernaderos.

Los hijos de Thays en los jardines del Botánico, donde vivían. Fuente: Lugares

De gran humildad y buen humor, fue querido y admirado por todos, incluidos los obreros con los que trabajaba. Cuando murió el 31 de enero de 1934, una multitud acompañó sus restos hasta el Cementerio de la Chacarita.

Hoy, Buenos Aires lo honra al haber dado su nombre al Jardín Botánico que él creó -y donde vivió con su familia- y al Parque Thays. Pero su mejor recuerdo y regalo son sus obras y los distintos colores y perfumes que disfrutamos a lo largo del año brotando de árboles autóctonos y de otras especies aclimatadas por él a esta ciudad: el lapacho en septiembre, el ceibo en octubre, el jacarandá en noviembre, la tipa en diciembre, y luego el palo borracho por varios meses.

También podés leer la entrevista con Carlos Thays, bisnieto del célebre paisajista.

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