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Mamá científica: por amor a su vocación, pasa 3 meses al año en la Antártida alejada de sus hijos

Ana Paula Queija
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9 de agosto de 2018  • 14:50

Ni escritorio en edificio de microcentro, ni home office. Visualizá un archipiélago llamado Shetland del Sur, ubicado en el continente que casi no se ve en los mapas de tan abajo que lo dibujan, y hacé zoom con tu mente en una islita llamada 25 de mayo. Tiene un montón de entradas, una de ellas, la Caleta Potter que hospeda a la estación científica Carlini, la base de operaciones de Liliana Quartino. Es bióloga y científica investigadora de la vida y el desarrollo de las macro algas marinas en la Antártida.

En una especie de experiencia "Gran Hermano", deja su vida por tres meses para viajar a explorar esa porción helada del planeta. Ya van diez "campañas" y transcurren entre octubre y marzo, porque el clima es más benévolo "con máximas de dos grados". Junto a otros veinticinco científicos y unas sesenta personas de "dotación", como buzos, los que manejan los botes, un cocinero, un electricista y un médico, se suben a esta aventura que comienza por la descarga de todas las provisiones en el único continente donde no existen kioscos, farmacias, supermercados ni hospitales. Solo hay unas casas, donde comparten ambientes los científicos como si fueran una familia, incluso las habitaciones.

Su primera vez en la Antártida fue en 1989, eran solo dos mujeres y todo el resto hombres: "éramos pocas las que nos animábamos a alejarnos temporalmente de la familia en pos de la investigación antártica, en aquella época en que la comunicación era por radio llamado". Para hablar con los suyos, tenía que pedir un turno, decir cambio después de cada frase, y ser escuchada por otros. Todavía no era mamá y las consecuencias de alejarse eran más suaves, en cambio durante su segunda campaña, le tocó escuchar las primeras palabras de su hijo mayor -hoy de 27- a la distancia: "No me lo olvido más. Mi marido me dijo Ahora Ignacio te va a decir algunas palabras: perro, gato, mamá. Me provocó profunda emoción", cuenta con los ojos húmedos.

Cada viaje tuvo un hito emotivo para esta mujer valiente: "Con mi segundo hijo, me tocó acelerar el destete para irme, y con la tercera, me perdí el egreso del jardín de infantes", comparte. Suena difícil, pero supo asesorarse con una psicóloga que le explicó que los chicos debían comprender que mamá no los abandonaba, sino que estaba presente, en otro lugar: "Les dejaba una foto mía en la Antártida, una cartita o un regalo, y me hacía presente a través del discurso de mi marido y de mis padres".

El llamado de la naturaleza

Liliana siempre sintió que la investigación era lo suyo: "De chica, la veía a mi mamá feliz, pero sabía que quería una vida un poco más peculiar. Me gustaba la naturaleza, los animales, irme de campamento y fantasear aventuras en mi jardín", entonces cuando terminó el colegio, no dudó en estudiar Biología y muy rápido consiguió trabajo en el Instituto Antártico, donde la apoyaron en que abriera una línea de investigación en macro algas marinas, ya que nadie lo estaba haciendo en aquel entonces.

Crédito: Estrella Herrera

A pesar del esfuerzo, trabajar en la Antártida tiene algo fascinante, es el único continente donde nunca habrá una guerra porque en el año 1961 entró en vigor un tratado en el que todos los países acordaron que fuera un lugar de paz y ciencia: "No pueden haber bases militares ni armas, y todos los países están en pos de un objetivo común que es saber lo que está pasando en Antártida". Quizás sea eso lo que lo hace un lugar tan especial: "La energía es hermosa. Somos todos investigadores locos haciendo lo que nos apasiona, en un lugar con un escenario maravilloso donde todo el día hay luz, desayunás mirando el glaciar y tenés los mejores atardeceres", aunque su tema de estudio actual, la preocupe: "Estamos estudiando los efectos del cambio climático en las algas de la Antártida, y venimos observando cómo los glaciares se derriten, aparecen rocas que antes no se veían, y crecen nuevas algas, todo el ecosistema se está adaptando. Somos testigos presenciales del calentamiento global, escuchamos caer hielos, y vemos lluvias donde -antes- solo nevaba".

Hoy, quien de chica soñaba una vida "diferente", siente que lo logró y que repetiría su experiencia una y otra vez: "La Antártida tiene como un imán, todos los que fueron, han querido volver".

Mucha mujer

  • Qué está haciendo: es la Jefa del Departamento de Biología Costera del Instituto Antártico Argentino. Está estudiando el impacto del cambio climático en las algas marinas de la Antártida.
  • Qué nos inspira de ella: Logró desarrollar su pasión y a la vez ser mamá, conciliando ambas vidas con mucho esfuerzo y convicción.
  • ¿Cómo contactarla? Para ponerte en contacto con Liliana, podés escribirle a lquartino@dna.gov.ar

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