Cambio climático: es ahora o nunca

Javier Navia
Javier Navia LA NACION
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12 de agosto de 2018  

Cuando Al Gore presentó su famoso documental sobre el calentamiento global, en el Festival de Cine de Sundance, en 2006, algunas personas alrededor del mundo todavía pensaban que el cambio climático era una teoría controversial, que en el peor de los casos sus efectos reales solo serían palpables para las próximas generaciones y que los científicos que insistían en comparar imágenes satelitales que evidenciaban la reducción de los glaciares o los casquetes polares solo contribuían a alimentar paranoias apocalípticas, como las de aquellos que aseguraban que el mundo acabaría en pocos años porque así lo señalaba el calendario maya. La reacción no sería una sorpresa para Gore, que apropiadamente había titulado su documental Una verdad incomoda. Cuando hace un año estrenó su secuela, Ahora o nunca, muchas menos personas se atrevieron a cuestionar sus evidencias: ya casi nadie duda de que los efectos del cambio climático están aquí, son parte del presente y son dramáticos.

Pocos países en todo el mundo han tenido más posibilidades de comprobar sus efectos concretos que la Argentina. Como nunca antes en la historia, este año el clima le ha costado al país cerca de 6000 millones de dólares producto de una sequía que malogró cosechas en gran parte del territorio. Las consecuencias para la economía fueron contundentes. En mayo último, coincidiendo con la crisis cambiaria, la actividad económica se contrajo, según el Indec, el 5,8 por ciento respecto del mismo mes del año pasado, afectada principalmente por una importante caída -del 35,2 por ciento- del sector agrícola golpeado por la sequía. El impacto del nuevo clima, con fenómenos cada vez más extremos -un año atrás, muchos de los campos afectados por la sequía habían sufrido inundaciones-, esta vez tiene consecuencias sociales y políticas palpables: la teoría se convirtió en una dura realidad.

Mientras estás líneas se escribían, en otros puntos del planeta se experimentaban otros efectos no menos dramáticos: incendios pavorosos provocados por olas de calor devastaban el norte de California, causando muertes y decenas de miles de evacuados. Una tragedia similar a la sufrida por Grecia, donde los muertos por incendios descontrolados se acercaban al centenar. En Japón, al menos 80 personas habían muerto durante días en que la temperatura ascendía hasta los 42 grados. Solo durante julio 118 récords de temperatura fueron superados o igualados en el mundo .

En esta edición de LA NACION revista Victoria Pérez Zabala indaga en las consecuencias del nuevo clima para nuestro país y en las medidas que comienzan a adoptarse para paliar sus efectos. Pero la toma de conciencia debe ser universal. Como indicaba el documental de Gore, es ahora o nunca.

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