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Frente a frente con el asesino: "Robledo Puch no tenía cara de angelito, sus ojos eran penetrantes y causaban temor"

Sol Amaya
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8 de agosto de 2018  • 19:17

En 1972 Lisardo Moure tenía 27 años. Hacía apenas cinco meses que había comenzado a trabajar como secretario del Juzgado en lo Penal N° 3 de San Isidro cuando recibió un llamado de la policía: le avisaban que habían detenido al autor de un homicidio. Horas después, el joven abogado estaría cara a cara con Carlos Eduardo Robledo Puch, el mayor asesino múltiple de la historia criminal argentina.

"Yo tenía casi la misma edad que Robledo, estaba naciendo mi primer hijo", cuenta a LA NACION Moure, que hoy sigue ejerciendo como abogado. Como secretario del juzgado, le tocó presenciar todas las declaraciones del tristemente célebre asesino y también recorrió con él todas las escenas de sus crímenes.

"Fueron once reconstrucciones en una semana. Fue un desafío enorme. Yo subía con él al patrullero e íbamos a cada lugar que él había señalado como escenario de sus delitos", recuerda Moure. "Lo que sorprendía mucho desde el primer momento era el nivel de detalles que describía Puch. Recuerdo cómo me enojé cuando, tiempo después, él dio una entrevista a la televisión y habló de apremios ilegales. Hubo un periodista que pareció creerle", dice el abogado, y agrega: "Yo puedo asegurar que tuvo todas las garantías constitucionales. Sin ninguna presión, Robledo contó con lujo de detalle todo lo que hizo".

Como ejemplo, Moure recuerda la reconstrucción del doble homicidio en la boite Enamour, situada junto al río, en Olivos."Él me fue indicando por dónde ingresaron, cómo se movieron, que vieron a los dos tipos durmiendo [Pedro Mastronardi y Manuel Godoy, gerente y encargado del local] en una habitación con una cama cucheta. Después me dijo que cuando bajaban la escalera, recordó que le había dicho a Ibáñez [su socio] que en el próximo robo iban a matar", relata Moure. "Entonces abren la puerta de la habitación y, con dos armas cada uno, disparan a matar. Ahí me contó que colocaron una percha trabando la puerta. Esa información no había salido en los diarios, solo lo sabíamos los que investigamos el hecho", dice el letrado.

Fuente: Archivo - Crédito: NA

La precisión que brindó Robledo Puch en cada una de las reconstrucciones no dejó lugar a dudas: era el asesino. Asombrados por los detalles, Moure recuerda que le preguntaron cómo se acordaba de todo. La respuesta los dejó estupefactos: "Matar es algo que no se olvida fácilmente", dijo, sin manifestar ningún tipo de remordimiento.

"Él no se mostraba arrepentido para nada. Por fuera del expediente, en uno de los tantos viajes en los móviles policiales en que lo acompañé, le pregunté si se arrepentía de lo que hizo. El me dijo que tenía miedo del castigo que le podía tocar. No sentía culpa, no tenía empatía", dice Moure.

El abogado lo recuerda como un "tipo serio, re concentrado, encorvado, con unos ojos penetrantes, de mirada de lince". Moure pudo ver un adelanto de la película sobre el asesino que se lanza hoy. Sobre si el actor se parece a Robledo, dice: "El de la película [Lorenzo Ferro] tiene cara de angelito. Robledo Puch no tenía cara de angelito. Tenía cara de jodido. Sus ojos causaban temor. En todo caso era un Lucifer".

Trailer de la película El ángel, de Luis Ortega - Fuente: YouTube

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Moure recuerda que no era posible sentirse tranquilo ante la presencia de Robledo Puch. Tampoco era cómodo estar sentado frente a sus padres. "Le tomé la declaración a la madre. Tenía pinta de ida, lo que podía ser lógico considerando que su único hijo estaba detenido por múltiples crímenes. Pero estaba más pensando en ella, en un malestar de no sé qué enfermedad que tenía. Era como si el drama le pasara a ella. Esa actitud me daba bronca", relata.

El padre apareció unos 15 días después de iniciada la causa. "Pidió hablar con el juez. Le dijo que venía a pedir perdón en nombre de su hijo, que él era un hombre de trabajo y ese hijo no le había dado más que dramas". Fue el único atisbo de remordimiento que hubo de parte de los Puch.

Fuente: Archivo

El "Ángel de la muerte" lleva ya 46 años detenido y sus perspectivas de acceder a la libertad son mínimas. "Nunca puedo dejar de pensar que teníamos casi la misma edad cuando yo escuchaba su declaración sobre los homicidios. Yo arrancaba mi vida, la suya daba un vuelco. Hoy tengo seis nietos, soy abogado, me dedico al canto lírico. Tengo una vida", dice Moure, y concluye: "Él no solo mató a toda esa gente, se mató a sí mismo".

Por: Sol Amaya

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