Suruga Bank, una copa menor que fortalece el alma y despeja el horizonte de Independiente

Independiente campeón en Japón
Independiente campeón en Japón Fuente: AFP
Rodolfo Chisleanchi
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8 de agosto de 2018  • 23:59

"Dimos 30 años de ventaja y estamos 18 a 18". Ariel Holan soltó la frase apenas unos minutos después de que Independiente concretara el 1 a 0 ante Cerezo Osaka y cuando todavía Martín Campaña no había recibido en sus manos la Suruga Bank , esa copa que su equipo convirtió en el decimoctavo título internacional "oficial" de la historia del club. Y ya nada fue igual en el resto del día futbolero, porque puso el dedo en la llaga de una conquista que enciende más pasiones por la polémica que despierta que por el prestigio que se le reconoce.

El extraño trofeo que hace once años sacaron de la galera un banco japonés y la Conmebol reaparece cada tanto para levantar ampollas en nuestros pagos. Ya ocurrió en 2015 cuando el ganador fue River , y volverá a serlo cada vez que se asome por el horizonte de algún club argentino. "Si otros cuentan copas discutibles, ¿cómo no vamos a contar esta nosotros?", redobló la apuesta el técnico que torció la actualidad del Rey de Copas en los últimos dos años, siempre a medio camino entre el entrenador reflexivo y el hincha que lleva adentro.

El mensaje, desde ya, iba dirigido a Boca, que era dueño exclusivo de la punta en ese discutido rubro de copas levantadas y desde ayer debe compartirla. El debate, bastante absurdo, puede encontrar argumentos de todos los colores, pero los hinchas del Rojo festejaron como si se tratara de un título mucho más trascendente de lo que realmente es.

Independiente acababa de cerrar una tarea de esas que se celebran si culminan con éxito y se maldicen en caso contrario, porque está llena de dificultades -un viaje extenuante, doce horas de diferencia, calor, humedad, un partido a contramano del calendario.- y porque llevan implícita una cierta obligación moral de ganar, como si eso fuese garantía de algo. Lo dice la estadística: de 11 ediciones, los equipos japoneses vencieron en seis.

Cancha grande y mucho calor

¿Jugó bien el Rojo para empardar a 18 la línea copera de Boca? Definitivamente no. "La cancha era muy grande y hacía demasiado calor. Ariel [Holan] se enojaba con nosotros, pero en el entretiempo le dijimos que no se podía hacer lo que él quería. A veces desde afuera se ven las cosas diferentes", explicaría más tarde Maximiliano Meza , uno de los tantos que padeció los obstáculos de un partido tramposo, porque la impericia del rival con la pelota lo hacía ver como sencillo pero la suma de factores en contra fueron complicándolo a medida que pasaban los minutos.

"Hicimos un muy buen primer tiempo pero corrimos demasiado y nos quedamos un poco en el segundo. Por suerte supimos aguantarlo", resumió con acierto Alan Franco para explicar un encuentro deslucido, de tono menor, sin grandes actuaciones individuales ni colectivas para destacar y definido con un gol en el que se mezclaron la mejor secuencia de pases de Independiente en los 90 minutos, y una doble carambola en las piernas de los defensores rivales que derivó en asistencia perfecta a Silvio Romero.

Nada de esto importó demasiado, ni a los hinchas ni a la mayoría de los protagonistas. La trascendencia del 1-0 pasa por otras veredas.

El Rojo había disputado esta misma Copa en 2011 y la había perdido por penales ante el Jubilo Iwata. Fue el principio del período más negro de la entidad, el que acabó con el descenso a la B Nacional dos años más tarde. A media voz, el recuerdo rebotaba en las paredes durante los días previos. El triunfo deshace las telarañas del pasado y despeja el horizonte.

Un empuje mirando a futuro

"Es un envión anímico clave para todo lo que nos espera en el semestre. Estuvimos muy cerca de ganar la Recopa Sudamericana frente a Gremio a principios de año y se nos escapó. Esta vez arrancamos distinto", analizó con criterio Nicolás Domingo para centrar el significado de la Suruga Bank de puertas hacia adentro.

"Estamos más de pie que nunca", afirmó por su parte Pablo Moyano, vicepresidente primero: "De nosotros solamente se hablaba por los problemas con la barra brava, las deudas y los embargos. Hoy, después de un trabajo durísimo, ya tenemos 18 Copas", sostuvo el hijo del líder camionero.

El propio Holan abundó en ese aspecto. "Afianzar la solidez institucional es tanto o más importante que una final. Esto es fútbol. Pudimos haber ganado por más goles o pudieron empatarnos, pero los éxitos deportivos llegan tarde o temprano si la gestión es buena, e Independiente está en ese camino. Lo demuestran la renovación de los contratos de Meza y Benítez, lo que se está haciendo en el predio de Domínico, el trabajo en este mercado de pases. Quiero ganar la octava Copa Libertadores igual que todos, pero si no se da este año y continuamos por esta vía, será en el siguiente o en el otro".

Son esas las teclas que hizo sonar en Independiente la victoria ante el débil Cerezo Osaka. Más allá del funcionamiento con pinta de pretemporada, los altibajos en los rendimientos individuales o los debates sobre si Silvio Romero rinde mejor por adentro o afuera, la Suruga Bank le deja a Independiente tranquilidad de espíritu y un futuro prometedor.

Además, por supuesto, de ese título número 18 que desde ayer por la mañana endulza el alma de media Avellaneda. ß

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