Chiachio y Giannone: crónica de un amor

Celina Chatruc
Celina Chatruc LA NACION
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12 de agosto de 2018  

El bordado es la técnica principal a la que recurren para retratarse con identidades mutantes y Piolín, su perro salchicha
El bordado es la técnica principal a la que recurren para retratarse con identidades mutantes y Piolín, su perro salchicha Crédito: Gentileza Chiachio y Giannone

Los hombres duermen desnudos sobre un colchón de hotel alojamiento. Están rodeados de sapos. Hechizo se titula la primera obra realizada a cuatro manos por Leo Chiachio (Banfield, 1969) y Daniel Giannone (Córdoba, 1964) poco después de haberse conocido en la casa de un amigo en común, donde Leo sorprendió a Dani con un beso.

Era el año 2003 y la Argentina intentaba recuperarse de una de las peores crisis de su historia. "Desde ese momento decidimos ser una pareja en la vida, en el arte y trabajar en colaboración", recuerdan hoy en la página web de la galería Ruth Benzacar, donde ya realizaron varias muestras. "Con él transformamos el mundo", asegura Chiachio en un informe que Canal Encuentro dedicó al inseparable dúo, reconocido en 2012 con el Premio Konex de Platino a las Artes Visuales.

Chiachio y Giannone en Canal Encuentro - Fuente: Canal Encuentro

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¿Cómo lo lograron? Con hilo, aguja y una paciencia infinita. Cada pieza les puede demandar hasta tres años de trabajo. El bordado es la técnica principal a la que recurren para retratarse con identidades mutantes y Piolín, su perro, a quien consideran parte de la familia.

Familia a seis colores se titula, justamente, su participación actual en la muestra Democracia en obra, en el Centro Cultural Kirchner. Durante dos meses instalaron allí su taller, que el público pudo visitar para ver cómo avanzaba su work in progress. Los visitantes participaron incluso de la confección de banderas multicolores, ahora expuestas en sala, que colgarán de las ventanas durante la semana del orgullo gay. La muestra, concebida como un homenaje a los artistas argentinos que pertenecen al colectivo LGTIB, podría desembarcar luego en uno de los principales museos de Los Ángeles.

En estos días se encuentran en Shanghái, donde participan durante varios meses de una residencia organizada por Swatch con otros 16 artistas de distintos países. "Estamos realizando recorridos por los mercados de telas, de hilos de bordar, de papeles, pinceles y tintas orientales, con la finalidad de enriquecer nuestro trabajo tanto en la incorporación de nuevos materiales y el mundo simbólico chino", escribieron a LA NACION desde su cuenta de Facebook, donde comparten a diario fotos de esta nueva aventura internacional.

En los últimos años tuvieron una experiencia similar tras ganar en 2013 un premio en Aubusson con el proyecto La familia en el alegre verdor. La antigua casa de la "ciudad internacional de la tapicería", que desde el siglo XVII se dedica a confeccionar tapices con una técnica propia, realizó uno de 15m2 inspirado en la pintura enviada por la pareja de artistas. Mientras tanto, en Buenos Aires, Chiachio & Giannone bordaron otro igual, del mismo tamaño, con más de cuatrocientos colores.

Ambas piezas los representaban con animales de la selva y Piolín, sentado en primer plano con orgullosa actitud leonina. El perro salchicha llegó a tener su propio museo, integrado por más de un centenar de obras inspiradas en él, realizadas por artistas amigos. El Museo de Piolín (MUPI) se fundó en Rosario en 2006, en una muestra curada por Fernanda Laguna, y al año siguiente se exhibió en el Centro Cultural Recoleta.

Una década más tarde, tras un viaje a Pompeya, inauguraron en Ruth Benzacar una muestra que sorprendió con sus trabajos textiles inspirados en los mosaicos de la ciudad italiana. Con actitud lúdica y sin miedo a equivocarse, se arriesgaron una vez más a explorar otra faceta de su infinito proceso creativo.

Cuando decidieron trabajar juntos, dicen, hicieron un pacto: se propusieron vivir en un estado de creación permanente. En una era donde todo parece urgente, buscaron recuperar el tiempo que hasta entonces no habían compartido. Y aunque los dos eran pintores encontraron en el bordado un lenguaje común para contar esa historia que apenas comenzaba. La historia de un amor sin hilachas, fuerte como un nudo.

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