El rol activo de la Iglesia y un sector verde menos dinámico, las diferencias con Diputados

Fuente: LA NACION
El debate en el Senado tuvo un tratamiento menos efervescente y con menos vaivenes en las posturas
Gustavo Ybarra
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9 de agosto de 2018  

La decisión de la Iglesia de hacer valer su peso en las provincias del norte y de jugar a fondo luego de haberse confiado de que la iniciativa fracasaría en la Cámara de Diputados es uno de los factores que explican el rechazo en el Senado al proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo .

Una simple mirada a un mapa del país muestra que la mitad superior del territorio nacional quedó pintada de celeste, el color que el sector antiabortista adoptó para contraponerlo al verde con el que se identificó el colectivo que impulsa la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito.

El dato no es menor si se toma en cuenta que, a diferencia de la Cámara baja, en el Senado las provincias están representadas en un pie de igualdad. Cada una tiene tres votos.

Así, es más fácil salir a la caza de voluntades. Mucho más en un contexto en el que varios senadores ya tienen la mirada puesta en la campaña electoral del año próximo. Y el impacto de la feligresía a la hora de ir a las urnas no es una arista a desestimar.

Tan insoslayable fue la injerencia de la Iglesia que se convirtió en la causa de uno de los cortocircuitos registrados ayer durante una de las reuniones más ásperas que tuvo el bloque de senadores de Cambiemos desde su fundación, en diciembre de 2016.

"Van a decir que el Papa tiene más votos que el Presidente", se quejó el cordobés Ernesto Martínez, molesto porque los "celestes" de su bancada se negaban a aceptar cualquier propuesta que no fuera el rechazo liso y llano del proyecto. "¿Ernesto, a vos te llamó el Papa? A mí no", le salió al cruce el jefe del bloque radical, Ángel Rozas.

Misas, procesiones, multitudinarias marchas y hasta la intervención pública de Francisco desde el Vaticano fueron solo algunas de las herramientas a la que apeló la Iglesia Católica en su prédica por evitar que la Argentina se sumara al concierto de países que han legalizado el aborto.

Nada de esto ocurrió cuando el proyecto se discutió en la Cámara de Diputados.

El camino de la legalización del aborto fue cuesta arriba desde el mismo momento que el proyecto ingresó al Senado. En marzo, cuando el texto todavía se discutía en Diputados, la nacion dio cuenta de que 28 senadores ya estaban en contra de la iniciativa.

Por eso una porción del fracaso del proyecto también se le debe adjudicar al tibio cabildeo del colectivo de mujeres de la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito en el Senado, responsabilidad que también recae en el grupo de legisladoras que emergieron como las forjadoras de la histórica aprobación del proyecto en la Cámara baja el pasado 14 de junio.

En el Senado, las "sororas" brillaron por su ausencia, al extremo que fue el jefe del Bloque Justicialista, Miguel Pichetto, quien terminó cargándose al hombro la lucha por la legalización del aborto, llegando al extremo de pelearse en público con José Mayans, uno de los vicepresidentes de su bancada y férreo opositor del proyecto aprobado en Diputados.

Tal vez una explicación a esa falta de empuje se pueda encontrar en una mala lectura de la mañana del 14 de junio.

El haber perdido de vista que aquella histórica votación no se logró por la movilización que abarrotó con un millón de personas las inmediaciones del Congreso, sino que ocurrió gracias a que el diablo de la política metió su cola.

En medio de la algarabía de las horas posteriores al triunfo en la Cámara baja, pocos se acordaron de que fue la intervención del gobernador peronista de La Pampa, Carlos Verna, la que terminó por volcar, de manera dramática y decisiva, aquella votación.

Tal vez el pecado más imperdonable del colectivo a favor de la legalización haya sido su negativa a leer las claras señales que desde hace varias semanas mostraban que el proyecto se encaminaba al rechazo. Esa fue otra característica en el Senado: no hubo las fuertes oscilaciones que se vieron en Diputados.

Adjudicar esas advertencias a operaciones mediáticas de los "celestes" y confiar en el poder de las manifestaciones en la calle el día de la sesión en el Senado fueron las vendas con las que muchas de las militantes "verdes" prefirieron taparse los ojos para no ver una realidad que les disgustaba.

Por último, aquella intervención in extremis del mandatario pampeano sirvió también para disimular los severos cuestionamientos que el proyecto generó en la Cámara baja y que no hicieron más que potenciarse cuando se debatió en el Senado.

Cuando hace diez días Pichetto intentó salvar la legalización del aborto aceptando muchos de los cambios que en Diputados no se quisieron incluir, ya era tarde. La suerte estaba echada.

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