Padres que no ven a sus hijos

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
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9 de agosto de 2018  • 02:39

Una de las consultas más frecuentes que recibo es la de personas que se separan, especialmente de padres que no ven más a sus hijos. ¿Por qué? Entre los muchos factores existentes, podemos pensar que a ese papá ver a su hijo le recuerda el vínculo original con la madre. Entonces cree que, desplazando al hijo, se olvida del pasado y de todo lo vivido. Se trata de una manera casi mágica de intentar negar lo sucedido.

Con esta actitud, no se da cuenta de que se está privando de una de las bendiciones más lindas que los padres tenemos: acompañar y ver crecer a nuestros hijos.

Distintas situaciones que suceden en el divorcio:

1. Mi ex no me permite ver a mis hijos

Muchas veces esta es una especie de venganza que es similar al caso anterior pero a la inversa. La persona tiene miedo de perder a su hijo, si ve al padre otra vez y, en realidad, lo utiliza como una forma de agredir a su expareja, sin darse cuenta de que está triangulando al niño que quedó en el medio de una batalla entre los adultos.

Puede ocurrir, en algunos casos, que el hijo no quiera ver al padre, justamente porque siente bronca. Ha asumido la batalla de los padres como propia y está influenciado por el otro progenitor que le habla mal del papá o de la mamá. Tiene una única versión, "una sola voz" en su cabeza y, como resultado, interpreta que hay una víctima y un victimario.

Por otro lado, también es frecuente ver a hijos que no quieren ver a sus padres porque se criaron en un ambiente de violencia y fueron testigos de cómo el padre golpeaba a su madre.

2. Después de la separación

El heredero del amor es el respeto, que es lo contrario del resentimiento, la venganza y la ira. Cuando uno se separa, debe construir un "nuevo vínculo". Ya no somos marido y mujer pero sentimos respeto mutuo y no hablamos mal del otro. El término respeto viene del latín respectus y quiere decir "consideración o atención". Es un sentimiento positivo que implica la acción de considerar o apreciar a una persona o a una cosa. En el original latino se puede traducir como "mirar de nuevo".

Respeto es lo opuesto a enfrentamiento y consiste en considerar al otro como un ser humano valioso. Nunca deberíamos divinizar a nuestro ex, pero tampoco satanizarlo. Lo ideal es humanizarlo. El nuevo vínculo que surge tras la separación debe estar basado en el respeto porque, si bien se deshace un vínculo anterior y se construye uno nuevo dejando algo muy querido y apreciado, hay que rendirles homenaje a los buenos momentos vividos (y decidir olvidar lo malo).

La meta en esta etapa es lograr un empate donde nadie ganó y nadie perdió. Como dice el tango: "Mano a mano hemos quedado". Se han vivido experiencias lindas y otras tristes. Lo bueno tiene que quedar en uno; lo feo hay que tomar la decisión de olvidarlo.

3. Nos separamos como pareja pero nunca como padres

Nuestra tarea como padres abarca las 24 horas del día, los 365 días del año. Y ahora viene la segunda gran etapa de educación que tendrán los hijos. La primera fue con mamá y papá juntos; la segunda será con mamá y papá separados.

Los hijos son para toda la vida. Un día ellos formarán su pareja y no hay nada mejor que sembrarles la semilla de que, aun cuando el vínculo no funcione, puede primar el respeto y la consideración por el otro en medio de la separación.

4. Uno se casa con un conocido y se separa de un desconocido

En general es la mujer la que toma la iniciativa de separarse. El varón es al que más le cuesta tolerar la soledad, por eso, suele armar una nueva pareja mucho más rápido que ella y con alguien cinco o diez años menor que él.

Jamás los hijos deben ser un motivo de venganza entre los padres, aunque sientan que están frente a un desconocido. Se puede discutir por el auto, por la casa, por el dinero; pero nunca por "la cabeza de un hijo".

5. "Un clavo no saca otro clavo"

Cuando uno se separa, es bueno tomarse un tiempo (varios meses) para poder elaborar la pérdida y todo lo que sucedió. De ese modo, es posible transformar los recuerdos dolorosos en experiencia y crecimiento. "Cuando se quema la casa, cualquier choza parece linda". Este eufemismo enfatiza la importancia de darse tiempo y de no armar pareja con otra persona enseguida. Muchos, en medio de la separación, inmediatamente conocen a alguien y actúan por impulso, no por reflexión. Descubren que la segunda pareja tampoco funciona dado que le pasan facturas al otro porque conservan las mismas broncas de la primera relación que no se resolvieron adecuadamente. No se puede construir sobre ruinas.

Las personas separadas, al igual que las solteras, deben evitar quemar etapas. Hay que animarse a estar solo y, de a poco, remar la vida afectiva. Mucha gente que pasa por la experiencia de la separación siente miedo. Lo aconsejable en estos casos es ir de menos a más y darse tiempo para construir nuevos vínculos. La vida siempre nos da una nueva oportunidad.

Y a aquel padre (papá o mamá) que no ve a sus hijos, siempre le compartimos un ejercicio de reflexión. Le pedimos que se imagine a su hijo (que tiene 8 años) sentado delante de nosotros con 40 años. ¿Qué le diría este sobre cómo fue su infancia y la relación con su padre? ¿Qué cosas compartieron?

La mayoría de las personas que llevan a cabo este ejercicio de imaginación y visualización hacia el futuro comienzan a llorar. Ningún padre debe perderse la posibilidad de criar a sus hijos con besos y abrazos, con tiempo de calidad, con respeto. Y, sobre todo, de acompañar su crecimiento con un amor profundo y permanente.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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