srcset

Cor@zones

La luna sobre el Nilo a la distancia: un amor prohibido por las creencias

Señorita Heart
(0)
10 de agosto de 2018  • 00:21

Agustina no sabe cómo terminará su historia de amor. Pero quién lo sabe, ¿no?

Pasaron once años ya desde el nacimiento de su adorado hijo con Síndrome de Down, una experiencia que la llevaría por caminos antes impensados. "Mi hijo es un niño que me sumergió en un mundo maravilloso y absolutamente desconocido y que, luego de unos años de sufrir algunas discriminaciones e injusticias, me impulsó a formar una Fundación y con ello a entrar en las redes sociales", explica.

Y fue allí, entre redes y nuevas amistades virtuales, que Agustina encontró una bellísima publicación de una joven con Síndrome de Down, que salió campeona de natación en Italia. "Impresionada por semejante logro, decidí compartirla", cuenta, "Esa publicación la hacía su coach, un capitán del seleccionado Egipcio de Natación".

Una relación inimaginable

Lo que ella jamás imaginó fue que aquel hombre le escribiría un agradecimiento por compartir la noticia, y que lo haría por privado ¡y en árabe! De inmediato, Agustina recurrió al traductor de Google para tratar de comprender qué es lo que le decía. La traducción, por supuesto, era muy mala, y entonces optó por responder lo que pudo en su inglés básico. "Y aunque parezca extraño, a partir de ahí no dejamos de escribirnos", cuenta con una sonrisa.

A los pocos días llegaron algunas llamadas, hasta que finalmente experimentaron con la primera videollamada. Los separaban 12.000 kilómetros y se comunicaban en un inglés que sólo ellos dos entendían.

Una relación a través del celular
Una relación a través del celular

"Comenzamos una relación que a mis años nunca pensé vivir", afirma Agustina, "Increíble la conexión, porque la comunicación trascendía la distancia, el idioma, los preconceptos, la edad -él es joven y yo tengo 49-, la religión, la cultura... Todo. Éramos felices con tan sólo encontrarnos unos minutos a través de las pantallas".

Mostafa se llamaba el profesor de educación física que enamoró a Agustina. Un hombre que había dedicado su vida a entrenar jóvenes con Síndrome de Down, un excelente profesional, ganador de varios premios y de numerosas medallas de oro. "A sus alumnos los llama hijos", cuenta Agustina con orgullo, "Dedica más de 16 horas por día a lo que realmente ama, a ellos".

Acerca de la entrega

Los días pasaron y su relación se intensificó de formas mágicas. Mostafa la llevó a conocer El Cairo por webcam. Una noche de luna llena, por ejemplo, en una madrugada camino a su trabajo, él paró su auto sobre un puente para que ella pudiera ver la luna reflejada en el Nilo; en otra ocasión llegó hasta las pirámides para que ella conociera ese lugar tan maravilloso al que tal vez nunca pudiera viajar. Siempre a través del celular, Agustina recorrió todas las avenidas y autopistas de aquella magnética ciudad.

Pero por sobre todo, Mostafa le enseñó sobre la entrega absoluta y la dedicación "Me explicó lo que significa que tu misión en la vida sea lo más importante, me enseñó que podemos vivir en soledad, pero amar incondicionalmente; me devolvió la fe en las personas, porque su palabra vale. Un hombre íntegro con valores profundos, impecable, de carácter decidido pero dulce", afirma Agustina conmovida.

Un amor que no será, pero nunca acabará
Un amor que no será, pero nunca acabará

Mostafa y Agustina querían verse cara a cara. Anhelaban con todo su corazón conocerse y adentrarse más en sus respectivos trabajos. Por ello, en octubre de 2017, y luego de un sinfín de trámites, él logró conseguir los permisos para viajar por dos meses a Argentina.

Ambos estaban ansiosos y Agustina, feliz por los días que vendrían, estaba radiante de alegría y amor. Pero el destino, que no parecía signado para ellos, les jugó cartas inesperadas.

"Una vez más su integridad lo llevó sacrificarse por los demás", revela Agustina, "Él, como único hijo varón con padres mayores, tenía deberes impostergables. De por sí, tenía que atender a su mamá enferma de diabetes y a sus dos hermanas mujeres, pero el viaje se complicó cuando su padre se cayó y sufrió una fractura de cadera. Él, como hijo varón, debía hacerse responsable de la situación y no pudo viajar... Y luego vinieron los campeonatos y más obligaciones", continúa con tristeza.

La llevó a conocer las pirámides.
La llevó a conocer las pirámides.

Incondicionales

Pasaron dos años y medio. Mostafa y Agustina se siguen escribiendo todos los días; se envían fotos, comparten sus pequeños y grandes logros y se acompañan, leales. A pesar de que él la ama como jamás amó, finalmente comprendió que este amor le está prohibido en esta vida. "Lo sabemos aun entendiendo que somos el reflejo brillante el uno del otro; que sin dudas somos almas gemelas. Comprendemos que nuestro amor no es uno tradicional, común y corriente", reflexiona.

Ahora en los ojos de Agustina hay lágrimas y en su corazón aparece esa opresión intermitente que no la deja respirar. "Sabemos que nunca se acabará, pero que nunca será", continúa ella, "Vivimos en dos realidades diferentes. A él, por su religión, se le prohíbe relacionarse con una mujer mayor que no le pueda dar hijos y que no tenga sus mismas creencias. Pero igual, a nuestra manera, vivimos nuestro amor".

Un amor que Agustina y Mostafa sienten puro y en donde cada noche se despiden sonrientes hasta que la camarita se apaga. Saben que un nuevo día los reencontrará, incondicionales.

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar

temas en esta nota

0 Comentarios Ver

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.