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Un buque blindado de canciones y poesía urbana

Juan Pablo Fernández, Luciano Esaín y Federico Ghazarossian
Juan Pablo Fernández, Luciano Esaín y Federico Ghazarossian Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
El trío Acorazado Potemkin se presenta hoy en Niceto Club y confirma que un estilo simple puede volar bien alto
Sebastián Ramos
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10 de agosto de 2018  

La noche fría y húmeda cae sobre este callejón oscuro que termina ahí nomás de las vías del tren, en el barrio de Flores. Resulta inevitable pensar que bien podría ser la noche y el lugar ideal para escuchar a Acorazado Potemkin, el trío que tiene a metros del ferrocarril Sarmiento su centro de operaciones rockero, en una vieja casona de dos plantas. A punto de cumplir diez años arriba de los escenarios del under local, con tres discos editados, la banda atraviesa una madurez acorde con el pasado pesado de sus integrantes, sin por ello perder la frescura, los sueños y la rebelión necesarias para formar parte vital de la escena porteña por estos días. Juan Pablo Fernández (Pequeña Orquesta Reincidentes), Federico Ghazarossian (Don Cornelio y La Zona, Los Visitantes) y Luciano Esaín (Motorama, Valle de Muñecas) conforman una de las propuestas más vigorosas del rock argentino de la última década y hoy volverán a subirse al escenario de Niceto Club para reafirmarlo, luego de una gira que los llevó por el interior a presentar su último álbum, Labios del río.

"Hay ciertos lugares a los que siempre nos gusta volver", dispara Fernández con ritmo uruguayo y espíritu tanguero. "Tratamos de no renunciar a esos lugares de rock para estar cerca de la gente. Por ahí podríamos hacer un teatro o un lugar con mesas, pero hay algo que nos convoca y nos gusta más del club de rock, más allá de que no siempre tiene la calidad o las condiciones o las comodidades que uno va adquiriendo con la edad. Creo que hay algo de obligarnos a tocar en determinados espacios que nos mantiene vivos. Como si hubiera algo de lo espontáneo, de la inmediatez, de lo urgente de lo que hacemos, que necesitara de este tipo de clubes". El rock sigue siendo su forma de ser y más allá de los años transcurridos y de la muerte anunciada una y mil veces del género, para Ghazarossian no existe otro camino: "Para mí el rock continúa teniendo esas libertades que son propias del género en sí, ya sea desde la parte musical o estética. Ahí encuentra el rock su renovación constante".

Fernández: -Esa es la gran coartada del rock, porque vos podés apropiarte de un montón de géneros y de situaciones y de mezclas que no están catalogadas como géneros, ni siquiera como fusión y forman parte de un valor que sigue teniendo el rock. Es una cosa de identidad, de actitud si querés.

Ghazarossian: -Y más allá de todo, lo que uno mantiene capaz es la actitud de rock. Ir a tocar en las condiciones que sean. Eso es actitud de rock. Después el rock es un gran campo al que le podés poner un montón de cosas. Yo reconozco que mi origen musical es el rock. No lo es ni el tango ni la música clásica ni el conservatorio. Yo me crié tocando rock y me formé como músico con todo lo que escuché en mi vida y estudié dos escalas y listo. Yo quería tocar con gente, quería compartir con guitarristas y bateristas y hacer lo que saliera y así uno también tiene un gran aprendizaje. Cuando tenía 16 años tuve a rockeros más grandes que me dijeron cómo se marcaba. Después me puse a estudiar, pero el rock es una escuela muy grande en sí misma, el prueba y error constante te enseña. Recién en los últimos tres discos con Potemkin yo sentí que llegué a hacer todo lo que quería. Ahora estamos en un punto en el que cuando grabamos, de alguna manera, tocamos en vivo y es un calco a como la banda suena en el ensayo y en el escenario.

Así, prácticamente en vivo, fue la grabación de Labios del río, su última producción editada el año pasado, la de la tapa del perro que bebe agua del charco, como seguramente lo hacen los dos perros que van y vienen, de la cocina al comedor, inquietos, alegres, dueños reales al fin de la casa de Fernández.

Fernández: -Tratamos de que cada canción contara algo. Eso se logró y casi que no descartamos ningún tema, porque no trabajamos sobre 30 canciones. Por ahí descartamos mucho antes, porque si sonaba muy parecido a algo ya hecho, lo dejábamos de lado. Desde la composición tratamos de no ser repetitivos.

Sentados en torno a la mesa de la cocina, los tres coinciden en que "el error abre puertas hacia lugares distintos" y que "el ruido es una sumatoria de otro ruido que llega a ese sonido de mugre que buscamos". Ruido, mugre, rock, error. Acorazado Potemkin.

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