Volvió Martha Argerich y cortó el aliento

Pablo Gianera
(0)
10 de agosto de 2018  

Martha Argerich (piano). Programa: Piezas de Johann Sebastian Bach. Intérpretes: Martha Argerich, Graciela Reca, Mauricio Vallina y Alan Kwiek (piano); Rafael Gintoli y Cecilia Isas (violín). En la sala sinfónica del CCK. Nuestra opinión: excelente

La música para teclado de Bach, su disponibilidad para tocarla o no en piano, tiene por efecto que haya tantos Bach -siempre el mismo, siempre distinto- como pianistas. Algunos conquistan esa voz propia en los grandes viajes bachianos, como El clave bien temperado o El arte de la fuga. A Martha Argerich le bastó la Partita N° 2 en do menor BWV 826, que conocemos ya desde su grabación en el Concertgebouw de 1978/1979, para demostrar una sabiduría completamente inusitada. Fue con la Segunda Partita que Argerich inició su actuación en la Sala Sinfónica del CCK. Sería injusto decir que ese inicio, esos poco menos de 20 minutos, podría haber sido también el final, pero en cierto modo ya estaba todo dicho, y de la mejor manera que podía decirse.

Suele pensarse, no sin cierta razón, que la ejecución de Bach consiste en la solución de los problemas vinculados con la fluidez de la línea melódica, el movimiento contrapuntístico de las voces o el tempo. Pero en realidad, como hizo notar Glenn Gould, no hay aspecto de la música de Bach que no esté atravesado por consideraciones armónicas. Nada se le escapa a Argerich. No hay ningún amaneramiento, y en ciertos pasajes cruciales (los vuelcos de la Sinfonía) logra la expresividad más extrema en el Andante y, sin hiatos, una claridad de acero en el Allegro. Lo mismo podría decirse del Capriccio. No es una cuestión técnica (detenerse en ese aspecto sería una banalidad); se trata, más bien, de una comprensión a fondo del discurso bachiano.

Era nada más que el principio del programa dedicado enteramente a Bach que Argerich preparó con sus amigos. Con el violinista Rafael Gintoli, de una nobleza musical incorruptible, Argerich entregó una lectura tremendamente sensible de la Sonata BWV 1017, también en do menor, lo que en cierto modo prolongó la atmósfera de la Partita. La introducción del piano en el segundo movimiento cortó el aliento, mientras que en el final, Gintoli pareció tocar en puntas de pie. El propio Gintoli, ahora con el ensamble Estación Buenos Aires y la solista Cecilia Isas hicieron una versión brillante, aunque no por eso ajena a la meditación, del Concierto para dos violines. Pero antes de eso, el cubano Mauricio Vallina hizo el Concierto N° 4 BWV 1055. Era el mismo piano en el que había tocado Argerich, pero parecía otro, y esto no implica ningún menoscabo: sencillamente, Vallina es un pianista muy diferente, y distinta es también su manera de entender a Bach, y acaso al barroco en general: más recatada, posiblemente más íntima.

Tras el intervalo, hubo una breve incertidumbre. El ensamble ya estaba en el escenario para el Concierto para 4 pianos la menor BWV 1065 (versión del concierto de Vivaldi para 4 violines), pero los pianistas no aparecían. Con Argerich, todo puede pasar. Por suerte, lo que pasó volvió a ser maravilloso. Graciela Reca, Vallina y Alan Kwiek (viejo amigo de Argerich y cómplice musical de Isas) no se guardaron nada en 10 minutos de electricidad y precisión implacables. Claro que hubo recompensas, decididas sobre el pucho, casi como repentización: la "Chacarera del 55", flanqueada por dos Allegros, el del final y el principio del BWV 1065. Como siempre, Daniel Barenboim tiene razón: nadie toca mejor el piano que Argerich, y nunca lo toca mejor que entre amigos.

temas en esta nota

0 Comentarios Ver

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.