Un Marx argentino, entre la ironía y el pensamiento político

Gabriel Isod
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10 de agosto de 2018  

Eléctrico Carlos Marx (teatro, ensayo y aproximación). Dramaturgia e interpretación: Manuel Santos Iñurrieta. Actuación en video: Atilio Borón, Claudio Gallardou, Raúl Serrano. Vestuario: Marina García, Alejandra Alonso, María Alonso. Escenografía: Diego Maroevic. Iluminación: Horacio Novelle. Música: Pablo de Caro. Dirección: Los Internacionales Teatro Ensamble, Manuel Santos Iñurrieta. Sala: Centro Cultural de la Cooperación. Corrientes 1543. Funciones: Sábados,a las 22.30. Duración: 60 minutos. Nuestra opinión: buena

Es claro que Marx goza de buena salud. Sea por los estudios económicos (como el monumental trabajo de Thomas Picketty), filosóficos, sociológicos o simplemente por la evidente persistencia de la desigualdad entre los hombres, lo cierto es que su figura sigue vigente como faro ideológico en estos tiempos en los que parece cada vez más difícil creer en algo. Eléctrico Carlos Marx presenta un Marx actual, argentinizado, divertidísimo, que suma a su extraordinario materialismo dialéctico su capacidad para lidiar con rolingas, taxistas, selfies, el Mercado y hasta con Dios mismo.

Manuel Santos Iñurrieta toma la escena con peluca y barba postizas. No se busca interpelar desde el realismo. Pronto, el público acata esta convención de estar ante Marx y, casi sin darse cuenta, se está riendo por un texto desfachatado con métrica y rima precisa. Entre el actor y el público media una cortina transparente sobre la que se proyectan frases y pequeños videos. Este giro brechtiano y de raigambre popular de mostrar a público los recursos marca bien el proyecto poético y político que la compañía Los Internacionales desarrolla. Una andanada de situaciones y conceptos mezclan la risa con la profundidad de pensamiento. Con recursos artesanales y sorprendentes, Marx nos presenta un mundo injusto ante el que la lucha es algo indispensable.

El trabajo de actuación es superlativo. Hay algo de un cuerpo y un tono de voz que se transforman en ideología viva a partir de un pormenorizado estudio de sus referentes. El último tercio es más desconcertante, los videos toman el primer plano y el actor se vuelve más un acompañante. La propia obra advierte sobre el riesgo de convertirse en un biodrama pero no encuentra soluciones para esto, lo que solemniza una propuesta que venía perfecta por el lado de la incorrección. La pieza se transforma allí en un homenaje a los maestros, aparecen Claudio Gallardou y Raúl Serrano, pero algo de la fuerza que había se diluye, pierde frescura al tiempo que parece olvidarse de su planteo inicial. Hay un argumento alrededor de si Marx será parte o no de una marcha y de si Dios perecerá por los ataques del Mercado, pero eso parece dejar de importar, lo que rompe el fuerte pacto ficcional que tan bien funcionaba. Nada de esto quita que la obra tenga muchos momentos geniales y un ritmo que no da respiro.

Permitirse pensar que este mundo y sus inequidades son algo a superarse, y que es tarea humana lograr esto es algo que Marx sigue señalando. Su mensaje, lejos de envejecer, se vuelve más y más actual. Esta obra es una excelente forma de empezar a conocer o de ahondar en uno de los pensadores fundamentales de la humanidad.

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