Un teatro tan comercial como independiente

Solá y Cancio, en el segundo año de Doble o nada
Solá y Cancio, en el segundo año de Doble o nada Crédito: Matías Astorga
El espacio con tres salas, de la calle Rodríguez Peña, cumple quince años con una programación siempre exquisita
Carlos Pacheco
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10 de agosto de 2018  

No forma parte del circuito de salas teatrales de la calle Corrientes y por su capacidad (450 localidades) tampoco ocupa la franja de los espacios independientes de la ciudad. El Teatro La Comedia, en Rodríguez Peña 1062, casi Santa Fe, está conmemorando 15 años de actividad y, al cabo de ese tiempo, ha logrado dar forma a un ámbito de cualidades muy singulares. En él confluyen propuestas tanto comerciales como alternativas, algo que lo convierte en un pequeño centro de producción teatral en el que, además, se programan espectáculos para niños y adultos.

La Comedia cuenta con la Sala 1 que cobija producciones comerciales y dos espacios con menor capacidad. La Sala 2 puede albergar a 100 espectadores y la Sala 3, solo es apta para proyectos de pequeño formato, posee cincuenta butacas.

Durante estos 15 años pasaron por La Comedia producciones y artistas muy relevantes del medio local. Entre algunas de las expresiones más destacadas pueden citarse Directivas para tiempos de paz, con Arturo Bonín y Norberto Díaz, con dirección de Víctor García Peralta; Eva y Victoria, protagonizada por Leonor Benedetto y Julieta Cardinali, dirigida por China Zorrilla; El último encuentro, con Duilio Marzio, Fernando Heredia e Hilda Bernard, con dirección de Gabriela Izcovich; Manzi, la vida en orsai, interpretada por Jorge Suárez, Julia Calvo y Néstor Caniglia, dirigida por Betty Gambartes, por solo mencionar algunas. Actualmente en cartel tiene a tres piezas muy elogiadas por esta sección: Doble o nada, con Miguel Ángel Solá y Paula Cancio, con dirección de Quique Quintanilla; Ver o no ver, con Graciela Dufau, Arturo Bonín y Nelson Rueda, dirigida por Hugo Urquijo, y los lunes, un clásico de ese espacio: el grupo Carne de Crítica, con Labios negros.

"Esta sala posee una problemática que puede estar emparentada con el Regina, el Xirgu, el Ludé y el Teatro del Globo. Tenemos una capacidad similar y estamos en determinado lugar de la ciudad que no es la calle Corrientes, aunque sostenemos los mismos costos y nuestra nómina de empleados no varía", explica Roberto Bisogno, actual director de La Comedia. Esta situación hace que la gestión de estos lugares requiera de un esfuerzo adicional a la hora de programar espectáculos de buen nivel y como él afirma que "en muchos casos hasta produzcan la envidia de la calle Corrientes".

Ver y no ver, con Bonín, Dufau y Rueda
Ver y no ver, con Bonín, Dufau y Rueda Crédito: Fabián Pol

Lograr eso impone al equipo que conforma La Comedia (que se completa con Ariela Manke y Marcela La Salvia) poner una energía extra. Les interesan los buenos textos, actores destacados por su trayectoria y que sean convocantes, y que el espectáculo cuente con una producción que pueda ayudar a su sostenimiento en cartel. La Sala 2 ha logrado mantener un perfil muy marcado por dos trabajos que, dadas sus características, han convocado a públicos muy diferentes. Primero fue el ámbito de trabajo por excelencia de Carne de Crítica (Carlo Argento, Claudio Pazos y Francisco Pesqueira) con distintas propuestas y, desde hace ocho años, allí tiene un lugar también ganado El Dr. Lacan, de Pablo Zunino. Se suma otro grupo ya instalado: Zapping, con una nueva propuesta: Zapping Chow Fan, y Henri, el barbazul de Gambais.

Respecto de la Sala 3, empezó a tomar forma en 2010 cuando Rafael Spregelburd montó Buenos Aires. Desde entonces ha cobijado proyectos pequeños (pocos actores, mínimas necesidades técnicas). Hoy diariamente se presentan experiencias como Enrique, de Luis Longhi; Berlín en Buenos Aires, de Jessica Schultz; Yo Alfonsina, una mujer libre, dramaturgia y dirección de María Esther Fernández, o De eso no se canta, con Déborah Turza, Julián Rubino, Laura González y Nicolás Cúcaro; Coronado de gloria, de Mariano Cossa, dirigida por Daniel Marcove, y Oliverio, de Darío Cortés, con Ulises Puiggrós y dirección de Débora Longobardi.

"Si bien los primeros doce años al frente de La Comedia resultaron complicados, difíciles, sacrificados -destaca Bisogno-, los últimos tres, tarifazos mediante y una política oficial cultural en retracción, han sido más complicados. En la última semana, distintos representantes de la comunidad teatral tuvimos una reunión con el ministro de Cultura, Enrique Avogadro, y le manifestamos nuestra preocupación por la realidad del teatro independiente. ¿Por qué preocuparme si tengo un teatro comercial? Estoy viendo cómo la escena off se debilita día a día. Se reduce el presupuesto de Proteatro y se toman medidas que conducen cada vez más al achicamiento de ese sector. Para esta época del año, yo tenía diez o veinte carpetas con proyectos de grupos que querían estrenar en enero en la Sala 2 y hoy no tengo ninguna. Marquemos la diferencia. No tengo un teatro independiente, las mías no son salas concertadas. No recibo subsidios. Creo en la venta de entradas, en el negocio teatral, todavía. Pero doy cabida a propuestas alternativas. La coyuntura es esta".

Cuando el equipo tomó La Comedia en 2003, solo disponía de la sala grande. El espacio estaba casi despojado, no poseía butacas, telones ni siquiera puertas en los camarines. Se había vaciado en 2000. Poner el lugar en condiciones significó una ardua labor. La actual situación económica hace que la tarea cotidiana se torne más compleja. A la falta de propuestas escénicas se suman las dificultades a la hora de solventar una producción y una taquilla en baja por la merma de espectadores. Aun así el productor (también a cargo del Teatro Apolo) no baja los brazos, por ahora. Sabe que ha construido un espacio que se sostiene por el rigor de una programación compuesta, "por un abanico de propuestas diferentes y siempre comprometidas".

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