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Con el Saocom 1A, la familia satelital made in Argentina suma su quinto integrante

Los trabajos en el panel solar y la antena en Invap
Los trabajos en el panel solar y la antena en Invap Crédito: Gentileza Conae
Nora Bär
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10 de agosto de 2018  • 09:54

En la Base Vandenberg de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, sobre la costa Oeste, un enorme cilindro de tres toneladas, casi 4,7 metros de alto y 1,2 metros de diámetro está siendo auscultado cuidadosamente.

Se inició la "campaña de lanzamiento" y el primero de los dos satélites gemelos de la misión Saocom está casi listo para ser enviado al espacio. Si todo sale como está planeado en la fecha prevista, el 29 de septiembre, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) ya tendrá una "familia numerosa" en materia satelital: después de once años de diseño y desarrollo, el quinto integrante está a semanas de ser puesto en órbita por un cohete Falcon 9 de la compañía SpaceX.

"Los objetivos de la Conae son ir al espacio y promover el desarrollo tecnológico nacional -se enorgulleció el ingeniero Raúl Kulichevsky, que hace poco sucedió al doctor Conrado Varotto al frente de la institución, durante la presentación en sociedad-. Este nuevo satélite es un desarrollo tecnológico de primera línea en el que participaron más de 900 ingenieros y técnicos".

El Satélite Argentino de Observación con Microondas, tal su nombre, fue desarrollado por la Conae y fabricado principalmente en las instalaciones de Invap, en Bariloche, con la participación de empresas como Veng y otras compañías de tecnología e instituciones del sistema científico del país.

Cuando esté en órbita, obtendrá energía mediante sus paneles solares de 13 m2 y desplegará una antena radar de 35 m2 compuesta por siete paneles, formados cada uno por un conjunto de 20 miniantenas.

Más de una década

Su construcción llevó once años, desde 2007 hasta 2018. Tanto el Saocom 1A como el 1B (que se lanzará el año próximo) fueron especialmente diseñados para detectar la humedad del suelo y proveer información en cualquier condición meteorológica u hora del día, porque su frecuencia de microondas atraviesa las nubes: es decir, que pueden "ver" aunque esté nublado, y obtener información tanto de día como de noche. Estas características los hacen especialmente útiles para prevenir, monitorear, mitigar y evaluar catástrofes naturales o provocadas por el ser humano.

Se trata de un desafío tecnológico de primer orden. "Hasta ahora habíamos hecho misiones ópticas; esta tiene requerimientos muy exigentes -cuenta Josefina Peres, de Conae-. La antena es enorme. Integrada y ensayada en Córdoba, tiene 140 computadoras y kilómetros de cables. Quince ingenieros de Invap tuvieron que trabajar doce horas diarias durante meses para ponerla a punto. También participaron investigadores de la Universidad de La Plata. Fue una odisea".

A diferencia de los otros satélites desarrollados por la Conae, que tenían varios instrumentos, en este caso su principal equipo activo es el radar de apertura sintética (SAR, por sus siglas en inglés), que trabaja en la porción de las microondas del espectro electromagnético, particularmente la banda L. "Es un radar con un satélite", bromean quienes lo conocen como la palma de su mano.

La gestación del nuevo satélite argentino SAOCOM

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Este dispositivo permitirá obtener mapas de humedad del suelo, cartografiar la topografía de zonas elegidas y detectar, por ejemplo, desplazamientos del terreno. "En nuestro país es muy importante tener un radar en el espacio, porque más del 60% del año está nublado -subrayó Laura Frulla, gerente de aplicaciones de Conae-. Con esta información se pueden elaborar índices de sequía, hacer monitoreo de bosques, mapas de pendientes, identificar puntos de acumulación de agua, de humedad en superficie y hasta a dos metros de profundidad, lo que permitirá estimar con mayor precisión cuándo utilizar fertilizantes y agroquímicos. También podrá detectar cambios en las estructuras urbanas, riesgo de inundación, de incendio, de invasión de insectos, plagas, alertas de enfermedades endémicas, de erupciones volcánicas, cuantificación de daños por desplazamientos de terreno, problemas en la infraestructura, hundimientos".

Constelación

Ambos Saocom están destinados a integrar una constelación única en el mundo (dos grupos de seis satélites cada uno), que se desarrolló en conjunto con la Agencia Espacial Italiana. El Sistema Ítalo-Argentino de Satélites para la Gestión de Emergencias (Siasge), incluye ocho aparatos italianos Cosmo-SkyMed que complementan a los argentinos a la perfección y permitirán observar la Tierra prácticamente en tiempo real. "Podremos obtener información continua, ya que pasará un satélite a 10 minutos del otro", explicó Frulla.

El Centro de Control de Misión de la Conae
El Centro de Control de Misión de la Conae Crédito: Gentileza Conae

La CNEA tuvo a su cargo el desarrollo de los paneles fotovoltaicos que alimentan el satélite y la antena. "Es una tecnología que ya conocíamos, pero estos eran más grandes y altamente complejos -contó Alberto Lamagna-. No pueden fallar; una vez que el satélite se lanzó tiene que funcionar, porque si no se transforma en una piedra que gira alrededor de la Tierra. En total trabajaron más de 100 personas en los paneles y otro tanto en el radar, entre matemáticos, físicos e ingenieros. La antena tenía que ser liviana, pero que al mismo tiempo capaz de sostener 1600 kg sin deformarse".

Por su parte Invap diseñó y construyó la llamada "plataforma de servicios". Nicolás Renolfi, de la compañía rionegrina, contó que hubo que diseñar las distintas partes del cilindro y probar por separado más de 400 placas electrónicas que componen el radar. "Llevó dos años integrarlo [armarlo] -destacó-. Una vez que funcionalmente cumple con lo que se espera, tenemos que verificar que va a soportar la vida estimada. Tiene que soportar el vacío y los ciclados [cambios de temperatura] extremos. Eso nos llevó nueve meses".

El Centro Espacial Teófilo Tabanera, en la provincia de Córdoba, tendrá a su cargo el control del "estado de salud" del satélite, la comunicación y el envío de instrucciones. "A diferencia de lo que ocurre con los geoestacionarios, tendremos que hacer todo eso en un período de 12 minutos", precisó Leonardo Comes, gerente de servicios terrenos de la Conae. Lo mismo se hará de manera remota desde estaciones adicionales en Tierra del Fuego y desde otras ubicadas en Noruega y Kenia. Desde allí, los datos se distribuirán a los usuarios en la Argentina y el mundo transformados en imágenes para un uso lo más amigable posible.

Los trabajos en el Laboratorio de Integración y Ensayo de la Conae
Los trabajos en el Laboratorio de Integración y Ensayo de la Conae Crédito: Gentileza Conae

Como legado de este desarrollo, quedan nuevos laboratorios y equipamiento, y un enorme capital de know how tecnológico que permite a los científicos y técnicos argentinos sentarse a la mesa de países avanzados.

"El satélite observa y envía información muy importante -dijo el ministro de Ciencia, Lino Barañao-. Pero también muestra de qué es capaz la Argentina. Plantea un objetivo de país en el que el conocimiento es el que genera riqueza y ofrece oportunidades de empleo. Tiene un valor emblemático que nos ayuda a pensar un país futuro".

Merecido reconocimiento

Al finalizar la presentación del nuevo satélite, se rindió honores al doctor Conrado Varotto, director ejecutivo de la Conae durante más de 20 años y que el 1° de junio decidió dejar su puesto.

Varotto es una figura legendaria del sistema científico-tecnológico nacional: Nacido en Italia, pero argentino por opción, fue el creador e impulsor tanto de Invap como de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales.

Bajo su influjo se diseñó y se construyó el reactor RA-6, que hasta hoy permite formar a físicos, ingenieros, radioquímicos y expertos en materiales, y que más tarde permitió venderle otro similar a Argelia. Se completó el ciclo de enriquecimiento de uranio para usos científicos, que hoy domina solo una decena de países, y se desarrolló la tecnología de esponjas de circonio de calidad nuclear, metal que se utiliza en los tubos de elementos combustibles de los reactores.

Fue el director ejecutivo y técnico de la Conae desde 1994.

Por: Nora Bär

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