Gobernar escuchando

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10 de agosto de 2018  

Desde que asumió el actual gobierno, la figura de la audiencia pública como mecanismo para debatir abiertamente temas claves de la gestión estatal ha sido aplicada con cierta frecuencia. Primero fue la maratónica audiencia pública sobre el nuevo esquema tarifario del gas, luego las de tarifas eléctricas, las de agua y saneamiento, las audiencias sobre nuevas rutas aéreas de los servicios aerocomerciales, la que trató en el Congreso de la Nación los impactos de las represas proyectadas sobre el río Santa Cruz, la que debatió un tope a los costos de servicios de practicaje en los puertos argentinos y varias más. Incluso tomaron estado público reclamos de carácter vecinal, pero con impacto sobre políticas nacionales, como la audiencia pública en la que se debatieron los conflictos en torno de la reactivación del aeropuerto El Palomar y los vuelos low cost.

Tales debates no siempre surgieron de la voluntad gubernamental: en ocasiones, fueron producto de mandas judiciales. Aun así, es pertinente recordar que en la por algunos llamada "década ganada", el gobierno anterior, fiel a su estilo autoritario, fue reacio a abrir estos debates, pese a haberlos instituido en 2003. Tanto es así que las audiencias citadas por el actual gobierno fueron en casi todos los casos las primeras convocadas en más de una década.

Estas audiencias ofrecieron debates participativos que han permitido revelar interesantes discusiones sobre los detalles técnicos de los problemas tratados, pese a la frecuente intromisión de discursos de tinte ideológico o partidario.

Pese al carácter no vinculante de esos debates con las decisiones de gobierno, en más de un caso han desencadenado en las autoridades algunas modificaciones en sus decisiones sobre los temas debatidos. Se han convertido así en un interesante mecanismo de escucha y modificación de acciones gubernamentales. Algunos aspectos sobre el gradualismo de las tarifas, las decisiones recientemente dadas a conocer para mitigar los reclamos sobre la reactivación en El Palomar o la integración de la tarifa social, que estaba siendo evaluada por medio de indicadores distintos según los ministerios, son señales de una capacidad de escucha mucho más activa.

Cabe esperar, sin embargo, que las próximas instancias profundicen ese sendero y aborden, por qué no, algunos grandes temas claves asociados a nuestro futuro, usualmente dejados de lado por una insistente mirada enfocada en la coyuntura. Entre ellos, la necesidad de un debate sobre la matriz energética en nuestro pais, de modo de evitar soluciones de compromiso como la instalación de nuevas plantas nucleares sin un proceso participativo que valide las ventajas y desventajas de esa fuente de energía en la Argentina; la integración de políticas para un desarrollo más potente de las pymes o la elaboración de un plan nacional de población que revierta la emigración hacia los conurbanos de nuestras mayores ciudades. Tales debates deberían ser insumos importantes para mejorar la gestión de muchos legisladores, a veces dedicada a debatir temas que siguen atándonos a diferencias del pasado.

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