Una oportunidad postergada para el aborto legal

Andrés Malamud
Andrés Malamud PARA LA NACION
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10 de agosto de 2018  

"Senador, ¿usted cree en Dios?". Así interrogó un periodista de televisión a Fernando Henrique Cardoso en 1985, cuando el sociólogo encabezaba las encuestas para intendente de San Pablo. El interpelado olió la emboscada y la denunció: "Mi convicción personal no está en juego; nuestro pueblo es religioso y yo respeto sus creencias". Las evasivas fueron insuficientes. El candidato opositor, el expresidente Jânio Quadros, cerró su intervención con un pedido al electorado: "No voten a un ateo". Quadros ganó el debate y la elección. Desde entonces, anticiparon los analistas, ningún candidato podría ser ateo en Brasil.

La sociedad argentina es más secularizada que la brasileña, pero la influencia de la religión fue sobresaliente en el debate sobre el aborto. Por la legalización militaron organizaciones variopintas de la sociedad civil; por el statu quo, las iglesias.

Grandes cruces desfilaron junto a enormes fetos en las manifestaciones del grupo celeste. Los verdes combatieron idolatría con iconoclasia, pero la creencia pudo más que evidencia. La decisión legislativa se fundamentó en convicciones privadas, que valen para uno mismo, antes que en razones públicas, que deben ser válidas para los demás.

Este texto no es sobre la decisión de abortar, porque ella no le compete a un varón. Es sobre el derecho legal a abortar, que se decide en la arena política. Porque el Senado no decidió impedir los abortos: no hay poder humano que lo logre. Decidió, más modestamente, mantenerlos en la clandestinidad.

Gabriela Michetti condujo la sesión con una empatía y un profesionalismo dignos de un establo. Las intervenciones, salvo casos como el de Adolfo Rodríguez Saá, tuvieron algo en común: se excedieron en el tiempo. Algunos senadores se esforzaron para ser intrascendentes. Otros, como el cordobés Martínez Carignano y el chubutense Alfredo Luenzo, brillaron por forma y por sustancia. Los tres bonaerenses descollaron por distintas razones. Cristina Kirchner justificó su cambio de actitud después de haber planchado el debate durante su presidencia. Gladys González conmovió con un apoyo al proyecto tan inesperado como vibrante. Bullrich alimentó los corrillos con sus referencias simiescas. "No hay nada más denigrante que votar a Esteban Bullrich", se lamentaba un radical bonaerense que, al notar la sorna de un kirchnerista cercano, agregó: "Salvo perder contra Esteban Bullrich".

Los discursos más sólidos resaltaron la laicidad del Estado. El estadista reivindicado fue Julio Argentino Roca, el presidente que expulsó al nuncio papal, separó la Iglesia del Estado y consolidó la unidad nacional. Superando la etapa revisionista del peronismo, Miguel Pichetto retornó a las fuentes: después de todo, Perón denominó Roca y no Rosas al ferrocarril que atraviesa la región pampeana y llega a la Patagonia.

Para anticipar el futuro de la legalización conviene observar casos similares. En Uruguay hubo tres tentativas. En 2004, el proyecto naufragó en el Senado; en 2008, lo aprobó el Senado pero lo vetó el presidente; finalmente, en 2012 fue ley.

En Portugal, otro caso ejemplar, un primer referéndum para legalizar el aborto fue rechazado en 1998, pero el segundo fue aprobado en 2007. En ambos países, la mortalidad materna por esta causal se redujo a cero.

Si la legalización es inevitable, las consecuencias políticas son menos previsibles. Los grandes bloques se dividieron, y algunas heridas cerrarán con dificultad. Los traumas suelen ser suaves en el peronismo, un partido más amplio y más pragmático que los demás.

En el radicalismo, en cambio, resultaba difícil digerir que tres cuartos del bloque hubieran integrado "la multipartidaria de la percha", como la definió un maleducado. La fe y el carrerismo pudieron más que la presión de la Franja Morada y la Juventud Radical, pero el futuro prefiere a los jóvenes.

Pro, por ser nuevo, es de difícil pronóstico. Aunque Mauricio Macri prescindió y María Eugenia Vidal se alivió, la tensión entre liberales y conservadores se dibuja más nítida que en ningún otro partido.

"Nada está perdido", cerró el debate el radical Luis Naidenoff con una de las piezas más informadas y conmovedoras de la noche. Ya otros senadores, con Pino Solanas a la cabeza, habían destacado el resultado como un descanso previo al triunfo final.

En Brasil, Quadros terminó su mandato como intendente en 1989 y falleció tres años más tarde. En 1994, Fernando Henrique Cardoso fue elegido presidente del país vecino.

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