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La Iglesia Católica y los cultos evangélicos coinciden en que "no hay nada que celebrar"

Llamaron a afrontar los nuevos desafíos que surgen tras el debate legislativo
Llamaron a afrontar los nuevos desafíos que surgen tras el debate legislativo Fuente: OHLALÁ! - Crédito: Florencia Daniel
Mariano De Vedia
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10 de agosto de 2018  

"No hay nada que celebrar". La frase resonó ayer con insistencia en la Iglesia Católica y en otras expresiones religiosas, como los cultos evangélicos, que coincidían en la necesidad de emprender tareas inmediatas frente a la realidad incontrastable del aborto .

"Todavía no se ha discutido cómo haremos para acompañar los embarazos no deseados, ayudar a las mujeres con problemas a no tener que llegar al extremo del aborto, facilitar la adopción, prevenir el embarazo adolescente, fomentar una paternidad responsable y mejorar el acceso a la salud de las mujeres pobres", dijo a LA NACION una fuente eclesiástica que siguió el proceso legislativo.

En una declaración, la comisión ejecutiva del Episcopado, que conduce el obispo Oscar Ojea, llamó a asumir "un compromiso social necesario para estar cercanos a toda vida vulnerable". Los obispos pidieron promover "la educación sexual responsable, el acompañamiento a los hogares maternales surgidos en barrios humildes para acompañar a mujeres embarazadas en situaciones de vulnerabilidad y la atención a personas que han pasado por el drama del aborto".

"Como sociedad argentina nos toca ahora asumir y trabajar las nuevas divisiones surgidas entre nosotros a partir de este proyecto, a través de un renovado ejercicio del diálogo", dijeron los obispos.

Similares criterios sostuvo en un comunicado la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas (Aciera), que lanzó una opción novedosa: agilizar los procesos legales para permitir la adopción del niño por nacer desde el momento de la concepción.

"Llamamos a redoblar los esfuerzos para encontrar caminos de vida para enfrentar tanto dolor", expresó a LA NACION el pastor Jorge Gómez, director general de Aciera.

En la Iglesia Católica, que redobló su ofensiva durante la discusión que tuvo lugar en el Senado, varios obispos transmitieron su beneplácito porque "los senadores han recordado que representan al pueblo de sus provincias".

"Los senadores del norte no votan a favor de los niños por nacer porque los hayan presionado los curas, sino por la presión del pueblo que ellos deben representar", estimó una fuente eclesiástica.

En ese sentido, consideró valioso que "no se haya caído en el falso argumento que sostiene que los más desarrollados (los ya nacidos) tienen más derechos, hasta el punto de quitar la vida impunemente a los menos desarrollados (los que todavía no nacieron)".

"Si sacamos todas las consecuencias de esa lógica del desarrollo, los discapacitados o los menos inteligentes tendrían menos dignidad humana que los demás, y el interés de los más fuertes justificaría el avasallamiento de sus derechos", advirtió.

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