Consumismo continuación y final

12 de agosto de 2018  

La moda es el emblema más vistoso y más logrado del sistema consumista, razón más que suficiente, si no hubiera otras, para insistir con el tema. La moda ha sido precursora y modelo de la société de consommation. El impulso que la mueve, la adquisición de novedades, tuvo un ápice histórico en tiempos de los últimos tres Luises de Francia, cuando apareció como el signo exterior más odioso de las desigualdades. George Carlin, cómico y agudo crítico de las fallas de la sociedad de los Estados Unidos, sintetizó en una frase al público consumista de su país: gente que gasta el dinero que no tiene en cosas que no necesita, y que ni siquiera le gustan cuando llega a su casa. Grandes dosis de humor se imponen para encarar el tema del derroche en mercadería efímera, adicción inducida y transformada en modelo de comportamiento social y político. No nos alarmaría si se restringiera a ciertas personas o grupos. El dispendio descomunal a nivel individual puede dar lugar al relato, irónico o maravillado, o a la fábula con moraleja: dime cuánto desembolsas, y en cuáles productos y ocasiones, y te diré a cuál escalón has llegado en la pirámide de las vanidades, cuán adentro has penetrado en el laberinto de espejos trucados de las apariencias.

Pero está en juego el sentido mismo de nuestra vida en su expresión más básica. El proyecto consumista nos propone vivir para consumir y para ser consumidxs, con exclusión de cualquier otra acción o de otro estado. Todo pasa por el acto de la compra, y accesoriamente el uso de lo comprado, ya que la adquisición basta por sí sola, a condición de que se repita con regularidad e, idealmente, a una cadencia cada vez más acelerada. No se trata de leer sino de consumir publicaciones, no se trata de escribir sino de vender libros o revistas.

El provecho del sistema consumista domina todos los aspectos de nuestras vidas. Aun cuando no contemos como ciudadanos -condición contraria a los intereses del consumismo- sí valemos como clientes, al menos mientras dispongamos del capital adecuado, o que aceptemos mansamente la sujeción al crédito tirano. Así el régimen consumista desnaturaliza nuestra subjetividad, afecta la trama entera de nuestras relaciones personales y modifica el equilibrio de las fuerzas sociales. A nivel individual nos lleva a pensarnos como productos y a presentarnos y ofrecernos como tales. ¿Qué otra cosa son los CV que presentamos y actualizamos sino exhaustivas enumeraciones de argumentos de venta? Y son vidriera nuestra página en Wikipedia, el muro de Facebook, los posteos de Instagram. Con Linkedin, agencia de empleo autogestionada, el truco se hace obvio. Son los modos nuevos de estar en el mundo, procesados, empaquetadxs, etiquetadxs cada cual con su código de barras

Pero hay vías sanas. Existen muchas, incluso aún en moda, ése buque insignia del consumismo. El punto de partida del consumo responsable es el reconocimiento de nuestras necesidades genuinas, a diferenciar de las inyectadas por vía publicitaria. Hay que viajar al fondo de cajones, armarios y botiquines para seleccionar entre guardar y dar a reciclaje. Con lo conservado, se compone un repertorio de prendas, accesorios y cosméticos sensato, lo más escueto que se pueda, durable. Los elementos faltantes que se revelen imprescindibles se buscarán entre los que ofrecen lxs productorxs y creadorxs locales de moda sustentable: la relación de proximidad favorece la implantación y el crecimiento de los circuitos de sitios alternativos. Que aquí en casa andan diseminados y si bien tienden a aparecer en ferias y centros culturales de barrio también pueden sorprendernos en una galería de una avenida céntrica. La información permanente es esencial. Hay que encontrarla. Un boletín en línea no sería una mala idea.

Crédito: Ethical Superstore.com

Producción responsable

El camino de la humanidad hacia el consumismo, en una camiseta inspirada por el artista del grafiti Banksy

El autor ha colaborado en Vogue Paris, Vogue Italia, L'Uomo Vogue, Vanity Fair y Andy Warhol's Interview Magazine, entre otras revistas

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