Fin de semana de feria para lectores intensos en el Abasto

Una guía por los stands de la Feria de Editores que hasta mañana funciona en el Konex, con libros recomendados y consejos para los visitantes Crédito: Feria de Editores
11 de agosto de 2018  • 00:50

La señal de largada de la séptima edición de la Feria de Editores (FED) en el Centro Cultural Konex (Sarmiento 3131) se dio en forma puntual. Si bien no se esperaba una afluencia masiva en un día laborable, los lectores fieles se hicieron presentes ayer en el otro mercado del Abasto: el de las ficciones, los ensayos, la poesía y la filosofía antigua y contemporánea. Entre otros, César Aira, Federico Falco, Ariana Harwicz, Gonzalo Heredia y Leonora Djament recorrieron los pasillos de las instalaciones. El ministro de Cultura de la ciudad de Buenos Aires, Enrique Avogadro , no faltó a la cita para apoyar el trabajo de las editoriales independientes e incluso mostró la mochila vacía que pensaba llenar con libros.

En la FED aparecen varios atractivos en medio de un panorama editorial crítico, de ventas escasas y un retroceso en la producción de ejemplares. Los precios de los libros de esta feria de editoriales independientes tienen un promedio accesible (poco más de $ 300) que los de los grandes grupos, la amplitud de los catálogos es enorme y la agenda de actividades que acompañan la propuesta, plural e interesante. Un criterio de curaduría cultural, tan necesario como infrecuente en la actualidad, es una de las razones que explica el éxito de la convocatoria, que crece año a año. El promedio de ventas en la edición de 2017 fue de 75 ejemplares y el año pasado cada expositor debió vender seis ejemplares para pagar los costos del alquiler del stand. Este año deberá vender diez. Cerca de 40 bibliotecas populares se inscribieron para participar de la feria y adquirir libros con un 50% de descuento. Los libreros, principales aliados de los editores, también obtendrán promociones especiales en sus compras.

Feria de Editores

A diferencia de la Feria del Libro , la entrada es libre y gratuita y los descuentos en los stands están asegurados. Desde la organización, se recomendó a los expositores ofrecer promociones a los lectores. "Si bien se respeta la ley del libro, habrá descuentos", dice Víctor Malumián, de Godot, que este año presenta dos novedades de autores extranjeros: Angustia, de la filósofa eslovena Renata Salecl, y una nueva novela de Eduardo Rabasa, Cinta negra. La mayoría de las editoriales participantes son de la Argentina y un quinto del total corresponde a sellos de países de América Latina, como La Perra Gráfica, de Bolivia, Sexto Piso, de México, y Hueders, de Chile.

Este año, los expositores corrieron contra el precio del papel, que durante junio aumentaba de forma diaria, para llegar con novedades al barrio del Abasto. Fue el caso de Bajo la Luna, que presenta un nuevo título de Anne Carson, futura visitante del Filba, y una antología de poetas actuales de Estados Unidos a cargo de Ezequiel Zaidenwerg. Y de Tren en Movimiento, que de la mano (es decir, con la firma) de Ariel Magnus, publicó una novela titulada, más oportunamente que nunca El aborto, y el descomunal Diario de un loco, ideal para coleccionistas de ediciones extravagantes. Las editoras de Rosa Iceberg, sello dedicado a la escritura de mujeres, ofrecen dos novedades: Entre dos ríos, novela de Romina Zanellato, y Las rusas, relatos de Flor Monfort. La literatura, el ensayo, la historieta y la teoría que producen las mujeres está bien representada en la FED. Pocas mesas no exponen libros de autoras argentinas y extranjeras.

Aunque la oferta de libros sobre feminismo (o feminismos) no decae, sino que más bien ha aumentado, otras temáticas se perciben en las publicaciones de este año en la FED. Una de ellas refleja el creciente interés por libros vinculados con la cultura oriental, Japón en particular. Evaristo Cultural prosigue con la serie de novelas de Martín Sancia Kawamichi, que con Shunga y Hotaru ganó lectores de distintas generaciones. En la mesa de Conejos se puede encontrar Hojas que caen sobre otras hojas, diez cuentos de Miguel Sardegna de semblante kawabatesco. La editorial Kintsugi, creada en 2018, se aboca a temas de la cultura japonesa. Una autora de ascendencia japonesa por parte de padre, Virginia Higa, escribió una novela sobre una familia que prepara las mejores pastas de la costa atlántica: Los sorrentinos fue publicada por Sigilo.

Afirmar que la Argentina es un país de cuentistas es un cliché, pero esa sentencia se confirma de paseo por la feria. Dos de los tres libros de autores locales nominados al Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez se encuentran en la FED. Uno es el de Santiago Craig, Las tormentas, publicado por Entropía, y el otro, del rosarino Santiago Colacrai, Nadie es tan fuerte, de Modesto Rimba. En su catálogo, este sello cuenta con libros de cuentos de Flavia Pantanelli y de Ana Ojeda. La Parte Maldita tiene a dos cuentistas premiados por el Fondo Nacional de las Artes: Martín Cascante, autor de La noche en otra parte, y Jorge A. Muñoz, de Nada contra qué chocar. Y una novedad firmada por la editora Silvia Itkin: Nunca terminamos de conocernos es su primer libro de cuentos. En la mesa de la editorial Mulita, se hallan los libros de jóvenes promesas de escritores de provincias: Matías Aldaz, Diego Puig y María Lobo. El sello de Bahía Blanca con filial en Buenos Aires, 17Grises, publicó el primer libro de cuentos del incisivo cronista cordobés Flavio Lo Presti: Los veranos.

Crédito: Feria de Editores

La filosofía y el pensamiento contemporáneo están bien representados por Caja Negra, Caterva, Cactus, Biblos, Ampersand y Adriana Hidalgo, que acerca a los lectores uno de los textos más personales de Giorgio Agamben, Autorretrato en el estudio. Con Verdad y tiempo. Potencias de lo falso, Cactus cierra la trilogía del curso sobre cine del filósofo Gilles Deleuze (los tres voluminosos tomos se venden a $1400). En la mesa de Caja Negra se exponen los dos libros de Mark Fisher publicados en español, mientras la editorial trabaja en la traducción de los escritos completos del teórico inglés fallecido el año pasado. Eterna Cadencia trae una novedad notable: La seducción de los relatos. Crítica literaria y política en la Argentina, con escritos de Jorge Panesi sobre Silvina Ocampo, Néstor Perlongher y Josefina Ludmer; es su nuevo libro luego de dieciocho años. Un sello recién llegado a las librerías, Final Abierto, presenta una novedad sobre homosexualidad en la Unión Soviética y el marplatense Letra Sudaca (que publica las ficciones del recordado Carlos Gardini) llega con una novedad de Nicolás Mavrakis: La inquietud del odio. Una pregunta sobre Internet. De la mesa doble de Siglo XXI se destacan dos novedades: Delincuentes viajeros, una investigación de los archivos policiales de Sudamérica hecha por Diego Galeano, y La Argentina como problema, compilación de ensayos con diversas visiones sobre el país reunidos por Carlos Altamirano y Adrián Gorelik . En la profusa mesa de El Cuenco de Plata, además de los libros de Pascal Quignard, se puede encontrar el ensayo sobre el film noir de Jean-Pierre Esquenazi publicado este mes. En un solo volumen, China Editora reúne los ensayos sobre literatura del narrador Luciano Lamberti: Plan para una invasión zombie. Todos los ensayos de filósofos, antropólogos y sociólogos argentinos publicados por la editorial Aurelia Rivera se venden a cien pesos cada uno.

Amantes de la poesía no saldrán defraudados de la FED. Casi la mitad de las editoriales que participan de esta edición publican libros de poesía. La platense Club Hem ofrece dos libros de dos autores distintos en un solo volumen (entre ellos, Alejandro Rubio, Mario Nosotti y Liliana Ponce); Caleta Olivia, con nuevos poemarios de Fernanda Nicolini, Nurit Kasztelan y Celeste Diéguez, y los litoraleños Neutrinos e Iván Rosado acercan novedades de Sofía de la Vega, un heterónimo japonés de Cuqui y Fernanda Laguna. Y Jorge Consiglio presenta en Conejos los poemas de Plaza Sinclair. La joven editorial Socios Fundadores tiene el nuevo libro de Iosi Havilio, Jacki, y un poemario de Martina Juncadella. Y en la hermosa editorial de San Luis, Deacá, se encuentran los inspirados libros del poeta Franco Rivero, entre ellos el ganador del concurso del Fondo Nacional de las Artes en 2017, Disminuya velocidad. Amauta&Yaguar da a conocer poemas de afrodescendientes de América Latina en ediciones artesanales.

La literatura experimental, escrita en tiempo real, encuentra albergue en sellos dirigidos por jóvenes editores, como en el caso de Marciana, con títulos firmados por Esteban Castromán, Francisco Cascallares y Lucila Grossman. Esta autora fue publicada por el sello chileno Los Libros de la Mujer Rota, que arribó al Abasto con sus títulos, entre ellos uno de Kathy Acker, Grandes esperanzas. Mansalva publicó César Aira. Un catálogo, de Ricardo Strafacce y un libro de poemas del artista Fabio Kacero: A Carlos Pertius. El espacio. Blatt & Ríos ofrece un amplio panorama de la literatura argentina actual, con libros de Eduardo Muslip, Pablo Pérez, Alejandro López y Cecilia Ferreiroa. De Marcelo Carnero, se encuentra su potente segunda novela, La edad del agua, y para los amantes de la obra de Hebe Uhart, Adriana Hidalgo editó en un solo volumen sus seis novelas. Los catálogos de Milena Caserola, La Bestia Equilátera, Paisanita y Hormigas Negras, entre otras editoriales, forman parte de esta edición de la FED. En la mesa de la Editorial Municipal de Rosario están las dos nouvelles ganadoras del concurso regional de novela corta: Vacas, de la entrerriana Belén Sigot, y La Ripley, de Analía Giordanino, autora de Santa Fe. Y en la del sello Nudista, hay novelas y relatos de Diego Vigna, Pablo Natale, Bob Chow, Natalia Ferreyra y Francisco Bitar, entre muchos otros.

Otro proyecto editorial para seguir con atención es Dobra Robota, que apuesta por la traducción de literatura polaca y de ensayos sobre música. Los libros que abordan la música popular de manera exhaustiva y original se pueden hojear y luego comprar en la mesa de Gourmet Musical, con novedades sobre Andrés Calamaro (firmada por Walter Lezcano), Aníbal Troilo (a cargo de Eduardo Berti) y la innovación musical en América y Europa, según la mirada de Norberto Cambiasso.

Aunque el público de la FED es variado, predominan jóvenes y adultos calificados como "lectores intensos" por el investigador del Conicet Alejandro Dujovne, que realizará mientras dure la feria una encuesta a los asistentes junto con su equipo de colaboradores. Se les preguntará cuántos libros compraron este año, cuáles fueron las lecturas recientes y si concurren a otras ferias. Hay hipótesis: los que visitan la FED escuchan las recomendaciones de los editores, conversan con otros lectores, siguen los consejos de algunos críticos en medios gráficos, radiales y digitales y, como cualquier persona que habite aquí y ahora en suelo argentino, hacen cálculos para comprar uno, dos o tres libros durante el fin de semana de feria en el Abasto. Después de siete años de trabajo consecuente, la FED se transformó en uno de los acontecimientos culturales más importantes de la ciudad.

Cinco consejos para visitar la Feria de Editores

  • En la mayoría de las mesas se pueden hacer compras con tarjeta, así que no es necesario llegar con tanto efectivo al barrio de Carlos Gardel.
  • Conviene asegurarse el catálogo gratuito que se distribuye en la entrada de la FED, con información sobre los 250 sellos participantes y las 230 librerías de todo el país para visitar una vez que la FED haya concluido.
  • Se puede concurrir a la feria con niños, porque hay libros para ellos, como los que exponen Iamiqué, Periplo, Planta Editora y Calibroscopio. Además, en la planta baja, hay un sector para que los chicos descansen, jueguen o dibujen.
  • No dejar de pasar por las mesas de las editoriales chilenas, peruanas, colombianas, uruguayas, mexicanas y ecuatorianas invitadas, para sorprenderse con sus catálogos y el cuidado de las publicaciones.
  • El horario de menor "tránsito de lectores" es el de la primera tarde, de 14 a 17. Luego de las cinco, el consejo es ir armado de paciencia para recorrer la feria. En la plaza seca del Konex y en el bar, se colocaron cerca de cien sillas para hacer un alto en la huella.