El aborto y un debate a todo o nada

Jorge Ossona
Jorge Ossona MEDIO:
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10 de agosto de 2018  • 16:06

El Gobierno lanzó un debate pendiente y postergado en torno de un tema crucial. Fue una experiencia útil, que sirvió para sacar a luz toda una serie de problemas eclipsados por el prejuicio y el tabú. Muchos ciudadanos rescataron información, la procesaron y modificaron sus posiciones en un sentido o en otro; aunque el mayor trasvasamiento favoreció a la despenalización.

Diferente fue el caso de los legisladores. Los cambios de posición fueron allí especulativos evocando, en el fondo, el desinterés manifiesto por un drama de la salud pública reducido a insumo de la pugna electoral venidera. No fue el único aspecto desdichado de la saga. Ésta visibilizó el enorme retroceso durante los últimos años de las convicciones laicas y republicanas de vastos sectores de la sociedad argentina y su opción por otras integrales, como lo expresaron las falanges extremas de cada una de las facciones.

Del lado verde, la inscripción del aborto en una concepción ideológica contestaría respecto del "sistema", del "neoliberalismo" y las recetas del ajuste promovidas por el FMI. Las luchas del colectivo feminista se plantearon según una concepción militante e integral. Las mujeres constituyen, según esa visión, un todo homogéneo y antagónico respecto de un machismo en el que involucra indistintamente a todos los hombres. Algunas expresiones cobraron, incluso, una tonalidad beligerante de gestos y posturas marciales propias de las ideologías totalitarias. No faltaron los escraches de rigor en contra de agentes del orden público por el mero hecho de llevar un uniforme. Se los acusó de "arrojar balas que les habrían de volver" colocados en contra de un "paredón".

Del lado celeste, pudo visibilizarse la sombra de un clericalismo renacido y virulento. La corporación eclesiástica organizó también sus huestes identificando su causa con los colores de la patria católica y, por lo tanto, antiabortista. La ocasión sirvió para la exteriorización de un reaccionarismo asombroso abarcativo no solo del aborto sino de la sexualidad en su conjunto. Se impugnó hasta el uso del preservativo bajo el argumento falaz de no servir como prevención ni del embarazo ni de la trasmisión de enfermedades venéreas. Y una curiosa torsión: el descubrimiento por parte de la opinión eclesiástica de la necesidad de impartir una educación sexual que viene impugnando y obstaculizando desde hace décadas, en nombre de una moral restrictiva de la libertad individual.

Al viejo moralismo católico se sumó el de algunas confesiones evangélicas que demostraron la importancia de su prédica en los sectores populares de varias provincias y distritos del conurbano bonaerense. Libran allí una lucha sorda -y significativamente ventajosa- en contra de sus aliados circunstanciales. Porque en nombre de la "teología del Pueblo" la Iglesia de Francisco intenta volver a conjugar catolicismo con militancia política en torno de un peronismo pobrista. Punteros devenidos en profetas y curas en villeros predican los discursos virulentos de rigor en contra del "gobierno de los ricos". Algunos obispos fueron aún más lejos: de aprobarse la ley, todos los legisladores que la hubieran votado serian excomulgados, incluyendo al Presidente que habría de gobernar desde entonces una dictadura asesina indiscernible del mismísimo nazismo.

El resultado se venía preanunciando desde hace semanas. La presión lobbista clerical torció voluntades senatoriales en la undécima hora; un expediente al que también había recurrido el oficialismo en Diputados. Sin duda, una derrota del pluralismo laicista, como lo prueba el juego de "suma cero" que cerró el paso a cualquier modificación del proyecto para devolverlo a la Cámara baja. Un síntoma alarmante de la mezquindad desaprensiva respecto de demandas sociales genuinas conjugada con los repertorios de las épicas "totales". Y, por sobre todas las cosas, una renuncia a la vocación negociadora para lograr caminos comunes apartados de los dogmatismos; por siempre prepotentes e intolerantes.

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