De mundos oníricos tan opuestos como complementarios

Una escena de SapiensRabia con fuerte impronta pop
Una escena de SapiensRabia con fuerte impronta pop Crédito: Carlos Furman/CTBA
Alejandro Cruz
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11 de agosto de 2018  

Ensueño/Sapiensrabia. Ballet contemporáneo del Teatro San Martín. Ensueño. Dramaturgia, coreografía y dirección: Marcelo Savignone. Música original: Diego Frenkel. Iluminación: Ignacio Riveros. Vestuario: Mercedes Colombo. Escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez. Movimiento en escena y colaboración artística: Belén Santos. sapiensrabia. Coreografía y dirección: Lisi Estaras. Música original: Gabriel Chwojnik. Iluminación: Ignacio Riveros. Vestuario: Analía Morales. Escenografía: Kirka Marull. Dramaturgista: Sara Vanderieck. Duración: 90 minutos. Teatro San Martín: Corrientes 1530. Funciones: Martes, 20:30; jueves, 14; y sábados y domingos, 16. Nuestra opinión: buena

Para el segundo programa anual del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín se convocó a dos creadores que están por fuera del registro de la danza neoclásica que caracteriza a la compañía que dirigen los coreógrafos Andrea Chinetti y Miguel Ángel Elías. Lo cual, se podrá entender como una saludable apuesta al riesgo artístico. El programa que se estrenó esta semana abre con Ensueño, de Marcelo Savignone; y culmina con SapiensRabia, de Lisi Estaras.

En la primera, el uso del espacio escénico diseñado por Gonzalo Córdova Estévez es verdaderamente impactante. Se trata de una inmensa oficina despojada con su hilera de escritorios de otros tiempos (o "un museo de mitos latinoamericanos", según expresa su creador en el programa de mano) que deviene en un territorio onírico con mundos reconocibles y que, durante 40 minutos y a lo largo de 8 escenas, van habitando el espacio. La propuesta en sí misma, con música original de Diego Frenkel, en la que llegan a bailar todos los integrantes de la compañía, tiene varias escenas sumamente sugestivas, de lucimiento tanto individual como grupal, intercaladas con situaciones de cierta comicidad.

Pero esa sucesión de movimientos en un espacio también en constante mutación -que, por momentos, remiten a distintas tradiciones regionales- no llega a generar un cuerpo dramatúrgico de peso propio, aunque no necesariamente debe estar vinculado con aspectos narrativos lineales. El hecho es un tanto llamativo si se tiene en cuenta que Ensueño se trata de una creación de un persona como Savignone, de amplio conocimiento y trayectoria como actor, director teatral y dramaturgo.

En ese aspecto, el segundo montaje, SapiensRabia, de Lisi Estaras, es un trabajo más compacto, más radical en su búsqueda y más potente en su resultado. De menor impacto escenográfico que el anterior y de mayor lucimiento en lo que hace al vestuario de Analía Morales y la música original de Gabriel Chwojnik (talentoso compositor de las películas La flor y Las Vegas como de tantos trabajos de la escena alternativa), la obra indaga en un cuerpo colectivo y heterogéneo dispuesto a transitar un goce liberador. Explora la sensualidad en medio de un paisaje deliberadamente indefinido y cierto tono pop regido por la lógica de un caos que la creadora cordobesa radicada en Bélgica maneja con sumo conocimiento.

Tan caótico como expansivo es el mundo onírico de SapiensRabia que construye su propia poética sobre la base de supuestos opuestos. En términos musicales, por ejemplo, si bien se inicia y culmina con un pasaje de Dido y Eneas, la ópera de Henry Purcell, a pocos minutos de comenzar su tránsito la obra incluye una furiosa versión coreográfica de Wachas, tema de Miss Bolivia, que tiene algo de arenga política. Entonces, los veinte bailarines se convierten en polos enérgicos de una situación contagiosa y potente. Parecen "fieras tirando facha", como dice la misma cumbia de la cantante.

La coreógrafa maneja acertadamente los tiempos, ordena su propia maraña y logra que los talentosos bailarines de la compañía (aspecto también presente en la obra de Savignone) se entreguen con una capacidad lúdica y una calidad de sus movimientos que cualquier espectador seguramente agradece. Ellos son, más allá de opiniones diversas sobre una obra o la otra, un aspecto inobjetable del segundo programa anual del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín.

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